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Las ciudades buscan nuevos modelos

Un premio en Barcelona y una exposición en Santander abordan diversos tipos de renovación urbana

Las ciudades viven un momento de transformación radical en el que deben afrontar la expansión a gran escala y, al mismo tiempo, la renovación de los espacios degradados que se han quedado enquistados en su interior. "Por ahora no estamos generando respuestas a los nuevos problemas y se echa mano a los proyectos de los años setenta que no pudieron desarrollarse", explica Joan Busquets, comisario de la exposición Ciudades: 10 formas de proyectar la ciudad, que hasta el 3 de julio puede verse en Santander. "El espacio público es central en el concepto de ciudad europea y queremos potenciarlo", señala Josep Ramoneda, director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que acoge hasta el 24 de septiembre la exhibición A favor del espacio público.

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En cierta manera, las exposiciones de Barcelona y Santander se complementan, aunque su objetivo es muy diferente ya que una se centra en las intervenciones a pequeña escala y la otra, sin renunciar a este modelo, aborda las múltiples formas de planeamiento global de la ciudad en un mundo que, como señaló recientemente el informe de la agencia UN-Habitat de la ONU, la población urbana ya supera a la rural y se prevé que en 2020 existan hasta nueve metaciudades con más de 20 millones de habitantes, la mayoría alojados en ínfimas condiciones. "Todo el mundo es consciente de que las ciudades se transforman, pero hay que dar respuestas a ello cada día y me parece que las que ahora se dan son muy tradicionales", explica Joan Busquets. "La exposición parte de una investigación de tres años que hemos realizado desde la cátedra de Planificación Urbana y Diseño de la Universidad de Harvard que dirijo con el objeto de analizar los distintos modelos actuales".

Ciudades: 10 formas de proyectar la ciudad, que ahora se exhibe en el Palacio de Exposiciones de Santander y estará de itinerancia por varios países, se centra en 10 grandes líneas que se acompañan de ejemplos que, según Busquets, podrían ser intercambiables. La primera línea es una de las más imitadas últimamente y consiste en la utilización de un edificio icono -el mejor ejemplo es Bilbao con el Guggenheim- para impulsar la renovación de la ciudad. La última, en cambio, es la más rara y se basa en procesos experimentales, incluso efímeros, como el proyecto de Yverdon-les-Bains en Suiza del equipo Diller y Scofidio que consistió en diseñar un espacio junto a un lago sobre el que se pulverizó agua creando un suave paisaje en un entorno semiindustrial. "Hay que forzar la investigación y los proyectos pilotos arriesgados, incluso sabiendo que pueden ser efímeros y que al igual que se hacen puede deshacerse", insiste Busquets. "Tenemos que experimentar más en el espacio porque no se puede reproducir el pasado, y ahora mismo estas megaciudades se inspiran en proyectos antiguos que respondían a otras situaciones. Con la exposición, y el libro que saldrá en diciembre, ofrecemos ejemplos que funcionan para mostrar a los que toman decisiones que las cosas pueden hacerse mejor".

La de Barcelona es una exposición -cuyo material puede consultarse en Internet (http://urban.cccb.org)- que por primera vez muestra al público las obras ganadoras del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, una convocatoria bienal en la que están implicadas seis instituciones europeas dedicadas a la arquitectura que este año ha cumplido su cuarta edición. La exposición incluye en un archivo la información de los 207 proyectos recibidos procedentes de 152 ciudades de 31 estados europeos.

Las dos obras que han ganado el premio ex aequo, que se entregaron ayer en el CCCB, representan esta voluntad de regenerar para el uso público espacios degradados. El Órgano marino es un poético proyecto situado en la ciudad croata de Zadar que recupera para la ciudad una parte de su frente marítimo con una escalinata que incorpora un órgano natural. Éste está realizado mediante un sistema hidráulico que permite que el agua empuje el aire a través de unos tubos de diferentes medidas situados bajo la escalinata que producen sonidos. "Quería darle una personalidad especial a esta zona tan degradada a través del sonido que marca el contacto de la tierra con el mar", indicó Nikola Basic, autor del proyecto que ha costado 240.000 euros y ocupa 1.700 metros cuadrados.

El otro proyecto ganador es una intervención en Zaanstad, una pequeña ciudad holandesa atravesada por una autopista elevada que en los años setenta rompió de manera brutal el tejido urbano. El proyecto de NL Architects, con un costo de 2,7 millones de euros, actúa sobre 24.000 metros cuadrados por debajo de la autopista reconvirtiendo esta zona en la que sólo había un desolado aparcamiento en un espacio para el ocio a través de la instalación de varias tiendas y, sobretodo, de una zona de juegos cerrada con pistas para skaters, baloncesto y otros deportes. Entre las obras finalistas destaca la mención especial que ha recibido un proyecto atípico. Consiste en la utilización para usos culturales de caracter temporal que realizó entre 2004 y 2006 un colectivo de artistas y arquitectos en el antiguo Palacio de la República de Berlín Oriental. Este edificio de la época comunista ha empezado ya a ser demolido en lo que es una costosísima operación cuyo objetivo final, cuando se consiga financiación, es reconstruir el viejo castillo que a su vez habían derruido los comunistas. "Es como una tragedia griega de destrucciones", indicó ayer un miembro del colectivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de julio de 2006