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Crítica:

En defensa de la verdad

Tres ensayos recientes critican a aquellos que desconfían de la idea de verdad y desdeñan incluso su valor. Harry G. Frankfurt aborda con agilidad las crecientes tendencias de manipulación mientras que Bernard Williams intenta reconciliar las nociones de verdad y de veracidad. Por su parte, Simon Blackburn recorre problemas y personajes históricos en torno al controvertido concepto.

Dos libros deslumbrantes, el de Frankfurt en su sabia y chispeante concisión, el de Williams en su sabia y majestuosa prolijidad. Ambos inciden en una cuestión grave hoy en el campo de la cultura en general: sobre todo en el de las humanidades (filosofía, historia, sociología), pero también en el de la interpretación de los hallazgos de la ciencia natural. Se trata de la moda o tentación -no del todo infundada después de tantos abusos y desengaños- de desconfiar de la verdad y desdeñarla: ¿existe tal cosa, es algo más que relativa y subjetiva en caso de existir, merece la pena ya, en cualquier caso, preocuparse de ella? Ambos van contra los representantes de este desencanto escéptico, a quienes Williams llama los "negadores", suponiendo que hay ciertas verdades irrenunciables, al menos las que él denomina "cotidianas", cuyo descuido amenaza con destruir las humanidades, convirtiéndolas -por falta de sentido común- en algo kitsch o en un mero patrimonio cultural ya histórico.

VERDAD Y VERACIDAD

Bernard Williams

Traducción de A. E. Álvarez Tusquets. Barcelona, 2006

312 páginas. 18 euros

ON BULLSHIT. Sobre la manipulación de la verdad

Harry G. Frankfurt

Traducción de Miguel Candel

Paidós. Barcelona, 2006

80 páginas. 8 euros

El desdén por la verdad está en el trasfondo tanto de la charlatanería (bullshit) como del anhelo de veracidad (truthfulness). Se trata, en el caso de Frankfurt, de desenmascarar como charlatanería la sinceridad (fidelidad a uno mismo) desde la que dice hablar, como último recurso, quien no cree ya en la verdad (en la fidelidad a los hechos). Y, en el caso de Williams, de mostrar, mediante una genealogía del concepto de verdad, que en la verdad hay "virtudes" (precisión y sinceridad) que la hacen esencialmente compatible con la veracidad. Aunque ambos, con ciertos tintes moralistas los dos, vayan a lo mismo: a la salvaguarda de la verdad y lo real, el valor de sinceridad que Williams atribuye a la verdad lo asigna Frankfurt a la charlatanería. Y es que la sinceridad puede ser tanto una tontería y cháchara meramente subjetiva, narcisa, cómoda, de un pasota de la verdad, cuanto una tensión dramática nietzscheana de veracidad, de "honestidad en las cosas del espíritu" o de "rigor con el propio corazón", al servicio de la verdad, precisamente ("el más duro de todos los servicios"). En este sentido, la sinceridad tanto del "charlatán" de Frankfurt como del "negador" de Williams, si la plantea, sería comodidad y cobardía al servicio, en definitiva, del error, de la ilusión y del engaño. "¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu?... El error (creer en el ideal) no es ceguera, es cobardía", escribe Nietzsche.

Está bien que se haya dejado el título inglés del libro de Frankfurt, On bullshit, porque realmente bullshit resulta intraducible en sus numerosos usos corrientes (por eso lo explica el subtítulo) y porque, precisamente por su cotidianidad, tiene el atractivo y la sorpresa -que seguramente han contribuido también al hecho que este librito haya sido un repentino éxito de ventas en Estados Unidos- de que todo un afamado Professor de Filosofía de Princeton se dedique en él a la tarea de "explicar la estructura conceptual" de bullshit. Tiene su gracia. Mucha y muy seria. Porque no sólo el de las humanidades o el de la interpretación científica, sino sobre todo los campos de la publicidad y de la política, con mayor repercusión social práctica, están llenos hoy de ejemplos, "descarados" y "paradigmáticos", de esa excrecencia.

Charlatanería no es mentira.

La mentira tiene que ver esencialmente con la verdad. La esencia de la charlatanería es la ausencia de todo interés por la verdad, o la indiferencia ante el modo de ser de las cosas. Bien porque a alguien se le exija hablar de lo que no sabe (en la democracia parece que "todo ciudadano tiene la responsabilidad de opinar sobre cualquier cosa") o bien por un escepticismo negador (no es posible la verdad, no hay acceso seguro a una realidad objetiva). En este caso, decíamos, la "sinceridad", con la que se suple el esfuerzo por la corrección, por la indagación objetiva, es cómoda charlatanería. "Como no tiene sentido intentar ser fiel a los hechos, hay que intentar ser fiel a sí mismo". ¡Como si fuera posible conocernos a nosotros mismos sin conocer las cosas, como si nuestra naturaleza, la verdad de uno mismo y acerca de uno mismo, fuera más sólida y estable que la naturaleza de otras cosas!, dice Frankfurt.

Un ejemplo de su gracia. Dado que shit significa en inglés eso que todo el mundo sabe, considerando que eso, el excremento, puede verse como el cadáver del alimento y que desde este punto de vista es una representación de la muerte que producimos nosotros mismos y que no podemos dejar de producir en el proceso de mantener nuestras vidas, el desdén por la charlatanería, en este caso, toma tintes más trágicos: "Quizá sea por hacer de la muerte algo tan íntimo por lo que encontramos los excrementos tan repulsivos".

El libro de sir Bernard Williams plantea con elegante tensión las cosas. Hoy, el anhelo de veracidad, la prevención contra el engaño, sobre todo en el campo de la política, pero en todos los mencionados, pone en marcha un proceso de crítica que debilita la convicción de que haya alguna verdad segura o expresable en su totalidad. Se trata de una situación no deseable. Y un tanto absurda. Porque "si de verdad no se cree en la existencia de la verdad, ¿cuál sería entonces el objeto de la pasión por la veracidad? O -por decirlo de otro modo- al aspirar a la veracidad, ¿respecto a qué se supone que se está siendo veraz?". También esta paradoja tiene su gracia, desde luego; pero asimismo muy seria, porque el modo de su disolución puede arrastrar las mismas consecuencias nefastas, intelectual y prácticamente, que hemos apuntado.

¿Cómo afrontar esta situa

ción? Una cuestión básica para la filosofía de hoy es la de formular intelectualmente las nociones de verdad y veracidad de modo que lo que entendemos por verdad (con sus virtudes) pueda hacerse compatible, como decíamos, con nuestros anhelos de veracidad. A ello se dedica este libro, con la vista puesta en el modelo de la Ilustración, que no significaría una tiranía de la teoría, de la verdad objetiva y externa, puesto que en ella existen tanto relaciones positivas entre las nociones de verdad científica y libertad política, cuanto toda una corriente crítica que ha sido la manifestación fundamental del espíritu de veracidad política y social, dice Williams. Su mensaje: la veracidad supone la voluntad de verdad, el esfuerzo por distinguir lo verdadero de lo falso; la necesidad de descubrir la verdad, de aferrarse a ella y de contarla (en especial a uno mismo). Curioso que, después de todo, el libro de Williams más que un relato verdadero quiera ser un relato veraz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de junio de 2006

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