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Reportaje:

100.000 euros por fletar tres barcas

Los más de 220 subsaharianos que llegaron ayer a Tenerife pagaron 500 euros por el viaje

Algo más de 100.000 euros. Ésa es, como mínimo, la cantidad que se repartieron las personas que fletaron los tres barcas que llegaron al puerto de Los Cristianos, al sur de Tenerife, en la tarde de ayer. Cada uno de los inmigrantes indocumentados que viajaban en ellos, casi todos procedentes de Senegal y Malí, abonaron por su plaza entre 400.000 y 500.000 francos CFA (entre 500 y 750 euros), casi el doble de lo que cuesta un vuelo de ida y vuelta entre Madrid y Dakar. En las dos barcas de madera viajaban alrededor de 230 subsaharianos que se jugaron la vida en una singladura de más de 1.200 kilómetros. Poner a esas personas rumbo a España generó unos beneficios de unos 16 millones de las antiguas pesetas.

Al puerto se acercan curiosos con cámaras para contemplar los desembarcos

Las barcas llegaron a puerto entre las cinco y las seis de la tarde con óptimas condiciones de navegación gracias al escaso oleaje. La primera embarcación, de colores blanco y rojo y en cuya proa estaba escrita a modo de nombre la palabra Rassoul, llevaba a bordo 66 sin papeles que tras varios días de travesía pisaron tierra firme haciendo eses. Los voluntarios de la Cruz Roja y Protección Civil que los atendieron nada más llegar certificaron que se encontraban en buen estado de salud. De los 67 varones (entre ellos cuatro menores) que ocupaban el segundo cayuco, uno tuvo que ser trasladado al hospital para que le trataran de unos fuertes dolores de estómago.

A última hora fue interceptada una tercera barca al sur de la isla con un centenar de inmigrantes a bordo, que también fue conducida hacia Los Cristianos, donde se les esperaba pasadas las diez de la noche.

Los continuos desembarcos de subsaharianos en este puerto del municipio de Arona han adquirido dimensiones de espectáculo. A sus alrededores se acercan decenas de curiosos pertrechados de prismáticos y cámaras de fotos que quieren ser testigos de la llegada de inmigrantes. Los yates deportivos zarpan de sus muelles mar adentro en busca del cayuco cada vez que se anuncia que Salvamento Marítimo o las patrulleras de la Guardia Civil han interceptado una nueva embarcación.

Cuando llegan a puerto, los inmigrantes se encuentran con tres tiendas de campaña hinchables instaladas por la Cruz Roja, Protección Civil y la Autoridad Portuaria, donde se les dispensa la primera atención. Luego pasan a la comisaría de Tenerife Sur, donde son acogidos. "El espacio que tenemos es manifiestamente insuficiente, pero por el momento no estamos desbordados", explica el comisario Luis Carrión. "Ninguno de los inmigrantes pasa más de 72 horas en nuestras instalaciones, tal y como prescribe la ley", añade. Una vez que los extranjeros desalojan la embarcación, agentes de la policía científica suben a bordo. El objetivo es inspeccionar los motores de cada cayuco y los aparatos GPS de los que se ayudan en la travesía. El objetivo es encontrar pistas sobre el rumbo exacto que trazaron desde las costas del continente africano.

La nueva crisis migratoria ha provocado que el número de inmigrantes acogidos en Canarias haya superado ya los 6.500 y se aproxime a los 7.000, cantidad que, previsiblemente, se alcanzará en los próximos días. Esa cifra quintuplicaría ampliamente la registrada en los primeros cinco meses de 2005.

Más allá de la preocupación que la avalancha provoca entre la población y las autoridades de la isla, la gente de mar de la zona admira la pericia de los tripulantes de estas embarcaciones. Los pescadores alaban su resistencia al asegurar, con cierta exageración, que con un cayuco "se puede dar la vuelta al mundo".

El capitán de la marina mercante Roberto González, a cargo del buque hospital Esperanza del Mar, considera que sus patrones son consumados marinos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de mayo de 2006