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Entrevista:JUAN FERNANDO LÓPEZ-AGUILAR | MINISTRO DE JUSTICIA | ENTREVISTA

"Nuestra generación puede acabar con ETA"

Cuando agarra la guitarra que tiene en su despacho de ministro de Justicia, Juan Fernando López-Aguilar (Gran Canaria, 1961) rasguea su canción favorita de Joan Manuel Serrat, uno de sus ídolos. Es catedrático de Derecho Constitucional, músico, dibujante. Durante la conversación hizo su propio autorretrato, y antes tocó a la guitarra 'Aquellas pequeñas cosas'.

Como todo adquiere aire de metáfora -la canción de Serrat dice: "Uno se cree / que los mató / el tiempo y la ausencia. / Pero su tren vendió / billete de ida y vuelta"-, no quedó más remedio que pensar en ese reiterado rumor de que él mismo se iría de vuelta a su tierra, para optar a la presidencia del Gobierno de Canarias. Tiene "un contrato de cuatro años" con el Ministerio de Justicia, es su respuesta más concreta. Mide todo lo que dice. Y guarda, con puerta de acero, su vida personal. Ahí su sonrisa también es una frontera.

Pregunta. ¿Éste de la política es un billete para quedarse o es de ida y vuelta?

Respuesta. Yo creo que la política es parte de la vida. Nunca creí que quienes estamos en la política circunstancial u ocasionalmente estemos profesionalmente.

"En José Luis (Zapatero) hay cualidades que no tengo: templanza, sangre fria, nervios de acero, capacidad de sobreponerse a las truculencias políticas"

P. El viaje empezó en las islas.

R. Era mi mundo, pero yo sabía que no era todo el mundo. Los canarios estamos acostumbrados a jugar como Robinson y como Ulises; uno encerrado y el otro viajando, pero deseando volver. Y seguramente ni Robinson ni Ulises dejan nunca de ser ambas cosas. Estuve muy influido por lo que era Canarias en los sesenta: los puertos, el tráfico, el turismo, hicieron de las islas una plataforma abierta. El nuestro era el único sitio del mundo donde podíamos distinguir a un chino de un coreano. Estábamos influidos por la música latinoamericana, por la salsa; hubo movimientos -como las sectas- que hasta los ochenta no vinieron al resto de España... Hacíamos rock sinfónico, rock psicodélico, teatro experimental, nos llegaban las corrientes de vanguardia... En el ámbito político fui asistiendo a proyectos que entonces también parecían abocados al fracaso: el nacionalismo radical, el independentismo, el africanismo..., hasta que la apuesta por la socialdemocracia de orientación federalista me pareció que era la que tenía futuro. En los ochenta triunfó la apuesta socialista andaluza que preconizó ese modo de entender el socialismo.

P. Apoyó a Zapatero desde muy temprano, para suceder a Felipe. ¿Qué le atrajo de él?

R. Cuando Felipe anunció que ya no sería candidato, fui a hablar con Zapatero. Él recuerda lo que le dije: "Si en el futuro hay un candidato, se ha de parecer a ti". Era joven, con experiencia orgánica y parlamentaria, y además era capaz de sintonizar con la franja gruesa de la sociedad que se estaba haciendo. Sabe escuchar, imponerse sin levantar la voz, integrar casi sin despeinarse...

P. ¿Se parece a usted?

R. No. Tengo una gran capacidad de admirar en los demás las cualidades que me faltan. En José Luis hay cualidades que no tengo: templanza, sangre fría, nervios de acero, capacidad de sobreponerse con serenidad frente a las truculencias que son propias de la política en este país...

P. ¿Qué tendría que pasar para que este viaje de ida a la política valiera la pena?

R. La confianza que nos da la gente es muy importante. No debemos darla por hecha, ni tampoco podemos bastardearla, basurizarla... Debemos persuadir para traspasar la intuición de que estamos anticipando el cambio. No es fácil. Hay muchas resistencias, y unas bases conservadoras muy articuladas.

P. En los desencuentros tan feroces entre el Gobierno y la oposición, ¿qué culpa tienen ustedes?

R. No hablaría de culpa. Un análisis honesto pone de manifiesto el contraste de lo que pasa ahora con respecto a otra etapa en que el Gobierno manifestaba su desprecio por la oposición, "que ladraba su rencor por las esquinas"... Pero sería bueno analizar a la oposición: el Partido Popular fue puesto en la oposición democráticamente por la ciudadanía, y eso le hubiera abocado a renovar su liderazgo, su discurso, y a construir un proyecto de futuro. No está por la labor, el precio le ha parecido demasiado alto. Ha decidido, simplemente, envejecer cuatro años y reencontrarse con las urnas en lo que entiende que será una revancha, una vendetta.

P. ¿Y ustedes mismos no han encontrado alguna flaqueza en este recorrido?

R. No me caracterizo por un optimismo compulsivo, pero tampoco me he permitido jamás la menor concesión a la flaqueza o al desaliento. Siempre estoy remando. En este Gobierno hay ambición de cambio, y hay una sociedad en la que hay mucha resistencia a los cambios. Eso te obliga a dedicar mucho tiempo a conocer el terreno, a buscar complicidades, a intentar el consenso.

P. Por su ministerio pasará también la posible negociación con ETA: ¿qué pasará con los presos etarras? ¿Cómo ve usted ese porvenir?

R. Tenemos una agenda social tremenda, y hace falta un Gobierno de izquierdas para fijar un objetivo de enorme ambición social... Trabajamos en la promoción de la igualdad de las mujeres, practicamos una pedagogía cívica conscientes de que nadie pretende la superación de todos los males de forma definitiva.

P. ¿Y a ETA?

R. La desaparición de ETA será un salto de gigante, y ese salto de gigante está al alcance de nuestra generación y será una consecución histórica. Nuestra generación puede acabar con ETA.

P. ¿Será generoso el Estado?

R. El Estado sólo podrá ser generoso si la sociedad está dispuesta a serlo.

P. ¿Y eso cómo se evalúa?

R. Con un compromiso de transparencia, de honestidad y de franqueza en el acometimiento de la cuestión, la más crucial de la época democrática. Zapatero ha ido ante el Parlamento a explicar una hoja de ruta sensata y verosímil, que se carga de razón en el curso del camino; no es producto de ninguna iluminación, sino de la contemplación solidaria de una serie de datos compartidos por la soberanía popular. Nada se hará si no es caminando de la mano de un gran consenso democrático y con el aliento de la sociedad. La sociedad tiene derecho a realizar la esperanza de que esto no fuera a durar siempre, y esa esperanza creo honestamente que ahora está más cerca que nunca; todos los indicadores lo ponen de manifiesto.

P. Pero, ¿cuál va a ser la actitud de Justicia?

R. Es un proceso que puede durar años, de modo que pueden responder de él muchos ministros después que yo, y Gobiernos de distinto signo serán los que tengan que poner en orden las piezas del ordenamiento jurídico que hay que utilizar para seguir este ejercicio de desaparición de ETA, pero no quiero anticipar nada porque lo que intento enfatizar es que este proceso no va a pillar a nadie por sorpresa en España.

P. Generosidad, tregua, cárceles... Palabras de conjugación diabólica...

R. Siempre lo han sido. Las usó en el pasado el Gobierno del PP, cuando administró su propia oportunidad, con el apoyo de todos; por cierto, con el apoyo de todos. Pero no se trata ahora de anticipar ninguna de las fórmulas que puedan contribuir a hacer de esta oportunidad la definitiva, la buena.

P. Ahmed Tomuchi. En tercer grado. Piden su indulto, porque un tribunal lo encontró inocente de un delito de violación. ¿Alguna novedad con respecto a las reivindicaciones de inocencia?

R. Lo han condenado cuatro tribunales diferentes. En España hay 60.000 presos, y en su inmensa mayoría son solicitantes de indulto. Mi trabajo consiste en dar por buena la justicia que se ha dictado, con todas las garantías. En este caso, tres de los tribunales que lo condenaron han emitido informes desfavorables al indulto. El delito es de cuatro violaciones. Escucho que es inocente, veo cartas al director en prensa... El Gobierno ha decidido que no es un mensaje asumible indultar a una persona condenada por violación. Se le ha aplicado el tercer grado, ya es posible para él acceder a ese grado de libertad. Y eso se ha hecho con el debido respeto a los procedimientos legales.

P. Los transexuales se le rebelan: el Gobierno no les ha facultado para cambiar su identidad.

R. Tienen razón. Y tienen mi empatía, y mi solidaridad. Este año verán compensada su lucha, la legalidad va a contemplar su deseo de cambiar su identidad sin necesidad de cambiar de sexo. Este año. Lo garantizo.

P. Están tratando que su viaje sea de vuelta. ¿No le halaga tanta insistencia para que sea candidato a la presidencia de Canarias?

R. Debo confesar que lo he visto con un punto de perplejidad; desarrollo un guión de máxima concentración en mi trabajo como ministro de Justicia; tengo un contrato, por así decirlo, de cuatro años, e intento que en estos dos años que quedan éste también sea mi trabajo; hay mucho por hacer, en todos los campos, y debo cumplirlo. La legislatura bien se lo merece. Han puesto en mi agenda algo que yo no he contemplado en ningún momento. De lo que estoy seguro es de que el Partido Socialista Canario, que es al que le corresponde proponer una candidatura para las elecciones de 2007, hará una apuesta ganadora y acertada que irá al encuentro de la mayoría de cambio que desea la sociedad canaria.

P. ¿Lo sabe quien lo tiene que saber?

R. Sin duda. De hecho me nombró ministro de Justicia.

P. Dibujó y borró mientras hablábamos. ¿Qué borraría del todo?

R. La crispación, la gran tentación de destruir al adversario para derrotarlo. Basta con ganarle en buena lid. No hace falta difamarlo, ni gritar, ni ultrajarlo, ni meterlo en la cárcel, ni mucho menos llevarlo al paredón. Ese para mí es un paso de gigante. Pero eso no lo borrará del todo nuestra generación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de mayo de 2006