Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Nueva vida en el volcán

La expedición española al Luba, en Guinea, halla seis posibles nuevas especies

La expectación era máxima. Un grupo de científicos españoles había preparado durante cuatro años una expedición científica al volcán de la gran caldera de Luba, en la isla guineana de Bioko, una selva desconocida. Con el mismo espíritu que las expediciones del siglo XIX, pero con la tecnología del XXI, estos científicos se prepararon para entrar en el cráter de un volcán apagado que se ha convertido en una jungla con monos, pájaros y serpientes de todo tipo.

Ignacio Martín y un equipo de científicos de la Universidad Politécnica de Madrid, estuvieron un mes en la zona. Creían que lo más difícil sería bajar por una selva vertical de más de 1.100 metros. Sin embargo, se equivocaron. Los obstáculos diplomáticos de Guinea dejaron fuera a la mitad de los científicos de la expedición.

Los científicos estudian la singularidad de dos mariposas, dos ranas y dos arañas

Pese a estas dificultades, el balance de la expedición es positivo, según Ignacio Martín. Ahora, los miembros del departamento de Zoología de esta universidad estudian con detenimiento el material traído del país africano. Según Martín, hay muchas posibilidades de que entre las más de 200 muestras recogidas "pudiera haber seis nuevas especies". En la clasificación de los animales existen tres categorías: la familia, el género y la especie, en función de las coincidencias morfológicas que existan.

Aunque todavía es pronto para tener una opinión definitiva, Martín estudia dos mariposas encontradas, de las 22 que han traído. Una de ellas es una posible especie nueva y la otra, una posible subespecie. También hay dos ranas desconocidas. Una podría ser una especie desconocida y la otra tiene muchas posibilidades de ser un descubrimiento, ya que ni siquiera se conoce la familia a la que pertenece. Las fotografías de las ranas se han enviado a la Universidad de Yaundé, la capital de Camerún, que cuenta con un centro muy desarrollado en anfibios.

Además, también se investigan dos arañas encontradas en esta selva. En uno de los casos se desconoce incluso a qué familia puede pertenecer. En el otro, sí se conoce la familia de la araña, pero falta por determinar el género y la especie. Las fotografías de estas arañas se han enviado al Centro de Investigación Tropical de San Francisco, en Estados Unidos, para comprobar si ya están descubiertas.

Además, hay un grupo de orugas, lombrices, caracoles y babosas traídas de Guinea que se han entregado a la Facultad de Biología de la Complutense para que determinen su naturaleza y quedan unos seres protozoarios, pendientes de análisis.

Martín, que presenta hoy los resultados de la expedición, considera que se debería repetir. Si lo vuelve a intentar pedirá mayor apoyo diplomático para evitar las dificultades en la obtención de los permisos. La expedición ha costado 130.000 euros, sufragados por la Universidad Politécnica y el Ministerio de Educación. "La muestra que hemos traído es ridícula en comparación con lo que hay allí. La caldera es un paraíso de especies que han vivido más o menos aisladas durante cientos de años", dice este profesor.

Martín alegra la expresión cuando recuerda las noches en aquella selva. "No las podré olvidar porque eran una algarabía de sonidos: los pájaros, las ranas, los monos. Increíble". Tampoco se le irá de la cabeza el momento más delicado, el encuentro con una gran cobra, que acabó huyendo tan asustada como los expedicionarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de abril de 2006