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CARTAS AL DIRECTOR

Marbella, indignación democrática

Sant Just Desvern, Barcelona

Hace más de 15 años que los ciudadanos de a pie venimos asistiendo al drama marbellí que representa que la corrupción vaya minando una parte de nuestro Estado de derecho. Escándalo tras escándalo nos íbamos preguntando: ¿qué pasa, cómo es que nadie hace nada? ¿Dónde estaban los organismos de control democrático? Mientras, el Sr. Gil y Gil organizaba congresos de la judicatura en Marbella. Creo que todos hemos perdido una parte de confianza en la democracia. Afortunadamente un buen día, todo vuelve a su sitio y un juez decide poner todo el peso de la justicia al servicio de la honestidad. Todos respiramos un poco más tranquilos y hemos recuperado un poco de confianza en las instituciones. Pero para que el cuento acabe bien, hay que responder públicamente a algunos interrogantes: ¿hay control sobre el patrimonio de los jueces? ¿Es normal que algunos procesos judiciales tan claros duren tantos años? ¿Responderán algunos jueces por su actuación negligente? ¿Por qué la Junta de Andalucía ha hecho dejación de sus competencias en materia de urbanismo? ¿Se tomarán medidas para restituir la legalidad urbanística? ¿Se embargarán todos los bienes a todos los corruptos, o podrán vivir un retiro dorado, como sucede frecuentemente? A pesar de que dudo sobre la respuesta a todas estas preguntas, prefiero seguir confiando en la democracia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006