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El corte de mangas de los Sex Pistols al Rock & Roll Hall of Fame

"No somos vuestros monos, no vamos a acudir", aseguró Johnny Rotten

En 1976, los Sex Pistols tocaban en cualquier lugar que se atreviera a programarlos: pubs, colegios, hasta una prisión. Pero estaban destinados a cambiar el curso de la historia del rock y, 30 años después, se iba a reconocer oficialmente su extraordinaria ruptura en el Waldorf Astoria de Nueva York. Sin embargo, han rechazado el honor de ratificar con su presencia su ingreso en el Rock and Roll Hall of Fame. Y con malos modos.

Las ceremonias del Rock and Roll Hall of Fame suelen atenerse a un guión previsible. De etiqueta, músicos y ejecutivos aplauden cortésmente el desfile de famosos que dan la bienvenida a los nuevos integrantes del Salón de la Fama. La fundación tiene un fastuoso museo en Cleveland, pero celebra sus grandes eventos en el Waldorf Astoria Hotel neoyorquino.

Cierto que surgen tensiones. En 1993, cuando entró Creedence Clearwater Revival, Stu Cook y Doug Clifford comprobaron que su antiguo jefe, John Fogerty, les había vetado para la jam session que sigue al banquete; este año, la situación se ha repetido con Frank Infante y Nigel Harrison, que estuvieron en la formación triunfal de Blondie. Pero la ceremonia de 2006 ha quedado marcada por el boicoteo de los Sex Pistols.

Lo anunciaron con una nota manuscrita en Internet (www.thefilthandthefury.co.uk), que destila el veneno propio de John Lydon, alias Johnny Rotten: "No somos vuestros monos, no vamos a acudir". Se denuncia además que participar en el acto es un lujo: se cobran "25.000 dólares por una mesa en la platea" o 15.000 si está el piso superior; según la organización, cada premiado recibe dos entradas gratis y debe pagar 2.500 dólares por cada invitado extra.

La detestada industria

Los Sex Pistols no pusieron objeciones a que se añadiera su nombre a un Paseo de la Fama en Londres. Pero su estrella está allí junto a las de actores y humoristas británicos que admiran, mientras que el Rock and Roll Hall of Fame representa la idea de respetabilidad de la detestada industria discográfica, inicialmente refractaria al punk rock. Los Pistols siguen ignorando las convenciones del negocio: proclamaron que sus reapariciones, en 1996 y en 2003, eran exclusivamente para sacar dinero, sin ninguna coartada.

El desprecio al Hall of Fame ha sido una decisión personal de Lydon: Paul Cook, Steve Jones y Glen Matlock, el resto del grupo, estaban dispuestos a hacer acto de presencia, a pesar de que consideraran "un insulto premeditado" que sus grandes competidores, The Clash, ingresaran en 2003 (y en compañía de gente de la odiada new wave como Elvis Costello y The Police). Para aspirar al Hall of Fame, un artista debe haber lanzado su primer disco al menos 25 años antes. Los candidatos, seleccionados por un comité, son votados por unos 700 expertos; como participante en algunas de esas votaciones, este periodista puede testimoniar que el proceso parece transparente.

El rechazo de los Sex Pistols ha tapado otra polémica previa: el mundo del jazz se indignó al saber que el Rock and Roll Hall of Fame se "apropiaba" de Miles Davis; el trompetista manifestaba el mayor desprecio por el rock, aunque sí cortejó a su público a partir de 1969. Junto a Davis y los Pistols, este año han ingresado Black Sabbath, Blondie y Lynyrd Skynyrd, aparte de Herb Alpert y Jerry Moss como fundadores del sello A & M.

A pesar de que la vida creativa de los Sex Pistols se redujo a un LP y unas giras frustradas, su influencia sigue viva: su música y su espíritu también están presentes en la nueva generación de afilados rockeros del Reino Unido, desde Franz Ferdinand a los Artic Monkeys. Incluso en EE UU, donde el punk rock primigenio obtuvo un rechazo total, terminó entrando en el mainstream con las ventas millonarias de The Offspring o Green Day.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de abril de 2006