Reportaje:El futuro del comercio asiático

Lavapiés frente a 'Chinatown'

Comerciantes chinos de Embajadores y Fuenlabrada se resisten a trasladarse a futuros complejos dedicados a la venta al por mayor

"Aquí no dejamos entrar a chinos", advierte Marta Martín, encargada de Espliego, una tienda de venta de ropa al por mayor de la calle del Duque de Alba, cerca de la plaza de Tirso de Molina. "No les dejamos pasar de la puerta. Pero a veces vienen con cámaras y fotografían desde la calle las prendas para copiarlas", añade. Según la misma empleada, "la gente ya se está dando cuenta de que los productos [que venden los chinos] son de mala calidad y está dejando de comprarlos".

La Asociación de Chinos en España (ACHE) -la más representativa- está preocupada por la imagen de sus asociados. Por eso y por los problemas que sufren muchos de estos empresarios asiáticos, siempre relacionados con las condiciones de ilegalidad en las que trabajan, firmaron el pasado 13 de enero un convenio de colaboración con la Federación de Comerciantes Independientes (FCEI) que preside Alfonso Tezanos. Esta federación ha denunciado hasta la fecha a cerca de 500 establecimientos comerciales regentados por ciudadanos chinos "que competían de forma desleal con otros comercios", sobre todo en cuestiones de horarios y licencias.

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Según su presidente, fue dicha iniciativa la que animó al Ayuntamiento a tomar cartas en el asunto. "La firma del convenio no es un paso atrás en nuestra política de defender a nuestros asociados", explica Tezanos. "Ahora, antes de denunciar a los comercios chinos ilegales, se lo comunicaremos primero a ellos y les ofreceremos asesoramiento para que se adapten", añade. El acuerdo, además, promoverá viajes para empresarios españoles a las regiones del interior de la República Popular China para explorar nuevos mercados.

De este convenio se deriva, según sus firmantes, la idea de construir en Madrid hasta cuatro de los llamados Chinatown, centros comerciales para mayoristas a los que se desplazarían los ahora instalados en el barrio de Lavapiés y en el polígono de Cobo Calleja de Fuenlabrada.

La promotora GMR, especializada en la construcción y gestión de centros de negocios, se encargaría de su realización. "Será un parque empresarial para mayoristas chinos que quieren quitarse la etiqueta de mala calidad de su comercio", explica Rafael Sánchez, portavoz de GMR.

El proyecto se anuncia, además, como una solución al problema de tráfico y de convivencia con los vecinos que los comercios chinos provocan en el barrio de Embajadores. "La gente de ACHE nos ha pedido 100.000 metros cuadrados de espacio para alojar a empresarios chinos", explica el mismo portavoz.

"Ahora, muchos de ellos trabajan en cuchitriles. Cuando se construya el Chinatown no aumentará el volumen de negocio, sino sólo el espacio y las prestaciones del mismo", argumenta.

Pero ni los comerciantes orientales de Lavapiés ni los del polígono Cobo Calleja tienen la menor intención de desplazarse. "Cuando llegamos a Lavapiés encontramos un barrio lleno de delincuencia; por aquí no pasaban ni los taxis", explica Felipe Chen, portavoz de la Asociación de Comerciantes Chinos de Lavapiés. "Nos instalamos aquí y el barrio ha mejorado. Hemos invertido mucho tiempo y dinero y no nos marcharemos", asegura tajante.

¿Entonces quién va a llenar esos 100.000 metros que solicita la Asociación de Chinos de España? Ésta rehúsa hacer declaraciones. "Es un tema delicado y hasta que no esté más consolidado no diremos nada", dice uno de sus portavoces. La noticia de la construcción de los centros ha evidenciado la mala relación que mantienen la Asociación de Chinos de España y la Asociación de Comerciantes Chinos de Lavapiés. Ambas partes aseguran no conocerse.

En Cobo Calleja sucede algo parecido. De las 800 naves industriales que hay en el polígono, cerca de 200 alojan a empresas chinas. Algunas de ellas, además, están divididas en hasta 61 diminutos locales que las convierten en pequeños centros comerciales. Entre los asentados en este gran complejo, el interés por los nuevos Chinatown es también escaso. "Ese proyecto será un desastre, hará aumentar el número de mayoristas en un contexto de mercado igual de grande; o de pequeño", explica una mujer china, propietaria de una de las tiendas del polígono.

Cerca de su comercio, otro de los empresarios, un chino que se hace llamar Miguel, está a favor de los Chinatown: "El alquiler costará cerca de 2.000 euros y ofrecerá espacio acondicionado, muelles de carga y descarga y unos 200 metros para cada tienda y almacén". Su padre, dice, es un promotor del proyecto.

Actualmente, cada comerciante instalado en las naves reconvertidas en centros comerciales de Cobo Calleja paga alrededor de 2.000 euros al mes de alquiler, y según uno de los empleados, cerca de 20.000 euros de traspaso. Pero, según Manuel Robles, alcalde de Fuenlabrada (PSOE), los propietarios de las naves no tienen la licencia de obra pertinente para dividir las naves en múltiples tiendas y subarrendarlas: "Tenemos abierto un expediente informativo contra estas naves y les dimos un plazo de dos años para regularizar su situación, que vence el próximo 15 de abril". Lejos de hacerlo, enfrente de una de estas naves, está a punto de inaugurarse otra de las mismas características.

En GMR dicen que no saben cuánto costarían los alquileres de los nuevos Chinatown, pero si las cifras rondasen lo que Miguel dice, sería, sin duda, un estímulo para que muchos de los comerciantes decidieran trasladarse.

Ni el Ayuntamiento de Madrid ni la Comunidad han recibido ninguna petición formal para el proyecto de los Chinatown. "Todavía no hemos hablado con ellos. Pero el Ayuntamiento tiene un problema con el asunto de Lavapiés y creemos que tiene una solución relativamente fácil", explica el portavoz de GMR, Rafael Sánchez. La promotora se ha dado de plazo hasta abril para decidir dónde estará el primer centro -quiere que esté situado en el eje de la autovía de Barcelona, en el corredor del Henares- y pretende que empiece a funcionar el año que viene. A partir de ahí, empezaría a pensar en los siguientes centros. "Haremos un máximo de cuatro en Madrid", asegura Sánchez.

La Federación Círculo Empresarial Independiente de Madrid respalda el proyecto, pero Salvador Santos Campano, presidente de CECOMA, organización que integra a la primera, no está por la labor. "Nos oponemos rotundamente a esta idea. El prestigio del comercio se iría al garete porque los chinos sólo trabajan con productos de mala calidad e imitaciones", asegura tajante. "Todo esto responde a un proyecto de especulación de una empresa que ya ha hecho otros centros comerciales con pésimos resultados", explica. "De todas formas, esto es sólo un globo sonda, porque ni siquiera se ha pedido ninguna autorización", añade restando valor a la noticia.

"Quien se opone a este proyecto es por desinformación", dicen desde GMR, que ya ha registrado el nombre de Chinatown, consensuado, según ellos, con la Asociación de Chinos de España. Por ahora, la Comunidad y el Ayuntamiento prefieren no pronunciarse. Pero en Madrid viven ya en condiciones legales cerca de 40.000 chinos, que, pese a las leyendas y secretismo que les acompañan, y a las que a veces contribuyen con su silencio, representan una comunidad con una eficacia emprendedora admirable. La República Popular China es un mercado y una fuente de importación que no pasa inadvertida a los empresarios de la capital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0011, 11 de marzo de 2006.

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