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Crónica:Los planes del gigante asiático

El mayor éxodo de la historia

El Gobierno calcula que 500 millones de chinos habrán emigrado a la ciudad entre 1980 y 2020

Guo Baofeng, un joven de 21 años de la provincia norteña de Heilongjiang, apenas había acabado la escuela secundaria cuando hizo lo que muchos otros habían hecho antes en su región: emigró a Pekín "para ganar dinero". Cinco años después, vive en una habitación de menos de 15 metros cuadrados, amueblada con seis literas y un termo para el té, y trabaja de cocinero en un restaurante -sin descansar ningún día a la semana- por 1.200 yuanes (125 euros) al mes.

El cubículo, en el que sólo hay sitio para las camas, no tiene calefacción, cuando en Pekín las temperaturas alcanzan en invierno hasta 10 grados bajo cero. Pero no parece importarle. "Pekín es la capital de China. Mucha gente quiere venir", dice.

China cuenta con un excedente laboral rural de 160 millones de personas

La habitación está situada en un local de una planta, en una barriada pobre junto a un canal, en el centro de la ciudad. Por la calle pedalean los vendedores ambulantes en sus triciclos. A unos cientos de metros, al otro lado del río, los rascacielos en construcción crecen cada día formando el llamado Distrito Central de Negocios.

China está inmersa en un movimiento migratorio sin precedentes en la historia de la humanidad. Como Guo, más de 200 millones de personas han dejando sus pueblos desde principios de los años ochenta -al menos la mitad de ellos de forma permanente- en busca del trabajo y las oportunidades de las que carecen en el campo. El Gobierno calcula que más de 300 millones se mudarán a las ciudades entre los años 2001 y 2020, lo que modificará completamente el rostro y la forma de vida del país. Según un informe de la Academia de Ciencias China hecho público el mes pasado, el 80% de la población vivirá en núcleos urbanos en 2050, frente a un 42% en la actualidad.

El proceso no es único. Ha ocurrido en otros países del mundo, a medida que se han desarrollado, pasando de contar con sociedades eminentemente agrícolas a sociedades industriales y de servicios. El fenómeno, sin embargo, adquiere una nueva dimensión cuando se trata de un país que cuenta con 1.300 millones de habitantes.

El Gobierno tiene en marcha una doble estrategia para elevar el nivel de vida en las zonas rurales, donde no hay suficientes empleos. Mientras por un lado ha puesto en marcha una serie de reformas, como detalló ayer el primer ministro, Wen Jiabao, en la apertura de la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional, por otro está promoviendo el éxodo hacia las urbes. Según el Ministerio de Trabajo, China cuenta con un excedente laboral rural de unos 160 millones de personas.

El cambio se enfrenta a grandes dificultades. "La urbanización contribuirá a aliviar la pobreza en estas zonas, pero someterá a una gran presión a las ciudades. Todo el proceso dependerá de la forma en que éstas sean capaces de crear puestos de trabajo. Además, a quienes lleguen hay que proporcionarles acceso a viviendas, servicios sanitarios o educación para sus hijos", explica una experta en Pekín -que pide el anonimato- de The Asia Foundation, organización estadounidense que promueve proyectos de reforma y desarrollo.

La capacidad para acomodar a estos emigrantes y fomentar las infraestructuras necesarias fijará el ritmo del proceso. "Algunos investigadores aseguran que la migración reducirá la pobreza, pero no será fácil. Existe el riesgo de que se traslade la pobreza a las ciudades, surjan poblados de chabolas y se produzca un incremento de la criminalidad", afirma Xiao Jin, profesora en la Universidad China de Hong Kong.

Con objeto de facilitar el trasvase de esta masa de población, el Gobierno está modificando el procedimiento del permiso de residencia, llamado hukou, que clasifica a los chinos como habitantes urbanos o rurales. El sistema fue creado en los años cincuenta, durante la época maoísta, para restringir los movimientos.

La carencia del hukou urbano hace que los emigrantes -independientemente del número de años que lleven viviendo en la ciudad- no tengan los mismos derechos que los residentes legales. No pueden acceder a algunos trabajos y sus hijos, por ejemplo, no son admitidos en algunos colegios. Muchos expertos consideran el método de registro -que se ha ido flexibilizando con los años- obsoleto. Pero el Gobierno teme que se produzca un aluvión de campesinos si lo suprime completamente. De momento, 11 provincias -entre ellas Liaoning, Shandong y Fujian- han iniciado reformas para eliminar esta discriminación, que impide a los llamados mingong (trabajadores rurales) integrarse.

Al mismo tiempo que los campesinos siguen emigrando, los dirigentes municipales están tomando medidas para aliviar la presión demográfica. Pekín va a construir 11 ciudades satélite, que albergarán alrededor de medio millón de personas cada una, muchas de ellas desplazadas del centro; Guangzhou edificará 15, de unas 200.000 personas, y la misma estrategia seguirá Shanghai.

Los investigadores afirman que hay que mirar soluciones complementarias. "Actualmente, los principales receptores son las grandes ciudades. Pero hay otras aglomeraciones de tamaño medio que tienen la infraestructura para absorber este flujo de gente", afirma la experta de Asia Foundation.

Guo -el cocinero- trabaja todos los días, sólo regresa a casa de sus padres en Año Nuevo chino, y tiene que utilizar dos mantas para dormir. Pero se muestra contento, y dice que tiene un sueño: "Me gustaría algún día montar mi propio negocio". Otros emigrantes no logran cumplir sus expectativas y deciden volverse al campo. Como Yang Feng, una mujer de 27 años de la provincia de Jiangsu, que trabaja limpiando oficinas en Pekín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de marzo de 2006