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EL CONFLICTO DE ORIENTE PRÓXIMO

El presidente Abbas rechaza dimitir y afirma que seguirá negociando con Israel

El mandatario palestino iniciará en breve los contactos con Hamás para formar Gobierno

En principio, restan tres años de cohabitación entre Al Fatah y Hamás. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, afirmó ayer que no tiene intención de dimitir de su cargo, para el que fue elegido en enero de 2005. La catástrofe sufrida por su partido en las urnas (consiguió 45 escaños, frente a los 74 del movimiento fundamentalista) ha propiciado presiones de dirigentes de su formación para que renuncie, dejando a los islamistas solos ante un panorama político abocado al bloqueo en el que la negociación con Israel sería utopía. Abbas, de momento, no cede.

"No creo que nada pueda impedir que permanezca en mi puesto durante los próximos tres años", declaró el mandatario palestino en la Mukata de Ramala, sede de la presidencia palestina en Cisjordania, después de entrevistarse con la canciller alemana, Angela Merkel. El dirigente, también presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, enfatizó que fue elegido sobre la base de un mandato claro: el compromiso para proseguir el proceso de paz "en concordancia con el Derecho Internacional". "Continuaré trabajando", añadió, "para cumplir ese programa". Horas después de que la Comisión Electoral anunciara el resultado del escrutinio, pésimo para su partido, Abbas anunció que es el presidente de la ANP el encargado de dirigir las negociaciones con Israel. Pretendía ofrecer así una escapatoria al tajante rechazo del primer ministro hebreo, Ehud Olmert, a encarar el proceso de paz con un Ejecutivo palestino en el que estén integrados ministros de Hamás.

Abbas está atrapado entre todos los fuegos. El de los israelíes, que le han acusado de "no ser un socio para la paz" por su negativa o incapacidad para desarmar a Hamás; el de los fundamentalistas, que rechazan entregar las armas y eliminar de su carta fundacional la destrucción del Estado judío como meta, y el de dirigentes de su propio partido, que le exigen tolerancia cero ante los triunfadores en los comicios.

Sus declaraciones de ayer no pueden satisfacer a nadie. El presidente anunció que en un "plazo máximo de dos semanas" se entrevistará con dirigentes de Hamás para examinar las fórmulas para formar Gobierno. Un miembro del grupo islamista señaló al Canal 10 de la televisión israelí que Abbas se entrevistará con Jaled Meshal, el más importante líder de Hamás en el exilio. No reveló el lugar ni el día de esa reunión, aunque El Cairo se apunta como la opción más probable.

Mientras, es poco probable que Israel y las facciones armadas palestinas se embarquen en un intercambio de ataques. Las milicias de Hamás y Yihad Islámica han reiterado que detendrán los lanzamientos de cohetes Kassam y que no cometerán atentados suicidas mientras el Ejército israelí no ataque a sus activistas o dirigentes políticos. Es ahora el brazo armado de Al Fatah, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, el que amenaza con romper la tregua, que Hamás ha cumplido a rajatabla desde hace 12 meses. Ayer, un grupo de 30 policías palestinos, en su gran mayoría simpatizantes del partido oficial, irrumpieron en la sede del Parlamento en Gaza, tal como hicieron la víspera. Se atrincheraron en el interior de la Cámara expresando de ese modo su temor a ser despedidos si Hamás controla los ministerios con competencias en seguridad.

Y en un incidente más grave, Jaled Abu Anza, un cabecilla de las Brigadas Ezedín Al Kassam, la milicia de Hamás, fue tiroteado y herido de gravedad desde un vehículo en marcha en la ciudad de Jan Yunis, al sur de la franja de Gaza, según Reuters. Nadie reivindicó el ataque, aunque los responsables de la organización fundamentalista tienen pocas dudas de que los activistas de Al Fatah están detrás del intento de asesinato.

Por otro lado, un acontecimiento inusual puede contribuir a rebajar, aunque sea mínimamente, la tensión en Hebrón, una ciudad en la que Hamás se hizo con los nueve escaños en juego. La evacuación de un pequeño grupo de colonos, que residen en un mercado en el centro de la localidad, es inminente. Para ello, más de 6.000 soldados y policías ya están desplegados. El fiscal general, Mehamem Mazuz, desmintió ayer unas informaciones que apuntaban a un pacto entre los extremistas judíos y el Gobierno israelí para que los colonos pudieran regresar a las casas en las que residen desde hace años ilegalmente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de enero de 2006