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Tribuna:

Grandes empresas

La posible aprobación del Gobierno a la OPA de Gas Natural sobre Endesa contendrá dos elementos básicos. El primero será el conjunto de razones y argumentos que justifican la aprobación, y el segundo, las condiciones que el Gobierno exigirá para que se pueda llevar a cabo la adquisición.

Todas las fusiones de empresas, no sólo ésta, tienen como objetivo aprovechar el aumento de tamaño para alcanzar eficiencias (economías de escala, capacidad de negociación, reducciones de personal) que puedan redundar en beneficio de sus accionistas o de sus gestores. En mercados altamente competitivos y con escasas barreras de entrada, la competencia se encarga de que los consumidores perciban, a través de menores precios, buena parte de dichas eficiencias. En mercados donde el número de empresas relevantes es reducido, y difícil o casi imposible la entrada de nuevos competidores, no existen garantías de que las eficiencias de una fusión vayan a trasladarse a los consumidores. En estos casos, existe el riesgo de que, con un mayor tamaño, la empresa fusionada ejerza poder de mercado; es decir, imponga a sus clientes mayores precios de los que se observarían de no llevarse a cabo la fusión. Este sencillo razonamiento, que se resume en que las empresas no se fusionan para beneficiar a sus clientes, explica que en todos los países desarrollados existan organismos independientes (comisiones, tribunales o agencias) que, con carácter vinculante o no, se pronuncian sobre las integraciones de empresas.

Ningún proyecto de infraestructura energética se ha desechado por no disponer de empresas con recursos y capacidad para asumirlo

Con las limitadas conexiones internacionales de gas y electricidad, el potencial campeón nacional no parece estar llamado a batallar con sus iguales del Norte

Las fusiones entre empresas no líderes, con cuotas de mercado reducidas, suelen aprobarse sin restricciones: No es infrecuente que una fusión entre empresas de tercer nivel conlleve un aumento de su capacidad de competir. Por el contrario, los poderes públicos deben mantener una actitud de cautela, incluso desconfianza, ante las iniciativas de fusión entre las empresas líderes.

El caso que nos ocupa es complejo. Por un lado, la propuesta de Gas Natural puede aprovecharse para reestructurar el sector energético y aumentar la competencia, especialmente en mercado de gas, si se imponen suficientes desinversiones en activos y redes de distribución. Por otro lado, el presidente del Gobierno ha señalado la conveniencia de una "empresa energética fuerte". Nos parece que ambos objetivos van a ser difíciles de conciliar.

No son evidentes las ventajas de que nuestro país disponga de una empresa energética de mayor tamaño que las actuales. Ningún proyecto de infraestructura energética se ha desechado por no disponer de empresas con recursos y capacidad para asumirlo, y se está invirtiendo activamente en centrales eléctricas de ciclo combinado y en instalaciones de regasificación de gas. Incluso el ambicioso proyecto del gasoducto submarino Argelia-España cuenta con socios dispuestos a hacerlo realidad. En este contexto, no parece que la garantía de suministro energético, como objetivo fundamental por el que debe velar el Gobierno, precise ser reforzado con una estructura empresarial más concentrada.

Si se persigue la creación de un "campeón nacional" que compita en los mercados internacionales, el proyecto de Gas Natural no parece apuntar en esa dirección. La propuesta de desinversión de Gas Natural incluye las dos terceras partes de los activos que Endesa tiene en Francia y en Italia. En estos dos países, Endesa ha consolidado una posición nada desdeñable. En Italia, las ventas de electricidad de Endesa son de magnitud parecida a las que alcanza Unión Fenosa en España. Llama especialmente la atención que Gas Natural se proponga vender de entrada buena parte de los activos de Endesa en Italia, donde la propia Gas Natural cuenta con más de 250.000 clientes en distribución de gas y proyectos para construir dos centrales de regasificación.

A favor de una gran empresa tampoco es un argumento defendible, ni confesable, el blindaje que significaría el mayor tamaño ante un potencial comprador extranjero. Y sería prematuro e injustificado asociar la conveniencia de una gran empresa energética con las exigencias financieras que impondría el posible replanteamiento de renovación de nuestras centrales nucleares.

En suma, con las limitadas conexiones internacionales de gas y electricidad, el potencial campeón nacional no parece estar llamado a batallar con sus iguales del Norte.

Sin razones contundentes para apostar por la integración de Gas Natural y Endesa como campeón europeo, el Gobierno debe analizar bajo qué supuestos no quedará ninguna duda de que la iniciativa de Gas Natural no perjudicará a los consumidores ni limitará su capacidad de elección. En este sentido, las condiciones deberán eliminar la posibilidad de que el grupo resultante pueda subir los precios de gas y electricidad. Para ello es razonable esperar que las desinversiones que se impongan permitan que surja un competidor con la credibilidad y el empuje que tenía por sí misma Gas Natural en el negocio eléctrico -y que tenía Endesa en el negocio de gas- y, algo muy evidente, que se eviten sin ambigüedades los monopolios regionales que surgirían con la fusión.

Arturo Rojas es socio de Analistas Financieros Internacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 2006