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Entrevista:Steven Spielberg | Director de 'Múnich' | SPIELBERG AGITA EL DEBATE SOBRE EL TERRORISMO

"Comprender es una actitud valerosa"

Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) habla en esta entrevista del difícil alumbramiento de su película Múnich, sobre la matanza terrorista de los Juegos Olímpicos de 1972; de la amarga controversia con sus críticos, que le acusan de traición al pueblo judío, y de los problemas morales que debe afrontar todo Estado de derecho democrático al abordar la cuestión del terrorismo. El filme se estrena en España el próximo viernes.

Pregunta. ¿Puede retrotraerse al momento en que se produjo el atentado contra los Juegos Olímpicos? ¿Recuerda dónde escuchó la terrible noticia?

Respuesta. Con total exactitud. Estaba viendo la retransmisión en directo desde Múnich de Wide World of Sports cuando, de repente, intercalaron la noticia y el conocido comentarista deportivo Jim McKay se convirtió en el informador de aquellos durísimos acontecimientos de la política internacional. No fui capaz de despegarme del aparato durante horas. Creo que fue entonces cuando escuché por vez primera las expresiones terrorista y terrorismo, que aún no formaban parte de mi vocabulario.

P. Más tarde, la posibilidad de hacer una película sobre Múnich se cruzó varias veces en su camino. Pero durante mucho tiempo siempre terminaba dejando el asunto para más adelante. ¿Por qué?

"Si no se buscan las raíces del terrorismo, se está deshonrando el legado de los asesinados"

"Creo que fue entonces cuando escuché por vez primera las expresiones terrorista y terrorismo"

"El conflicto palestino- israelí y el yihadismo no tienen nada que ver"

"Confío en mi intuición y en mi sentido común: Avner no miente, no exagera. Todo lo que dice es verdad"

"Preguntarse por los motivos de los terroristas no supone en absoluto disculpar los hechos"

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R. Rechacé esta posibilidad durante años porque no me gustaban los guiones y porque la problemática me parecía demasiado compleja. Hablé de esta película a todas las personas que significaban algo para mí con la esperanza de que me disuadieran de abordar semejante proyecto. Hasta con mis padres y con mi rabino. Pero lo cierto es que nadie quiso hacerme ese favor. Así que mi guionista Tony Kushner y yo pusimos en marcha el proyecto con la máxima seriedad, evitando todo lo posible los prejuicios políticos y las actitudes intransigentes.

P. ¿Y se arrepiente?

R. En absoluto. En estos momentos me siento infinitamente satisfecho de haber tenido el valor de hacer Múnich.

P. ¿Era realmente consciente de la complejidad del campo político minado en que se estaba metiendo? Porque no sólo describe los actos terroristas palestinos sino, sobre todo, la dura reacción israelí, la operación de castigo. Muestra agentes que al liquidar a sus adversarios empiezan a dudar de su superioridad moral y, por tanto, de la manera de proceder contra el terrorismo en general. ¿Se ha propuesto ofender deliberadamente a sus numerosos amigos judíos que tras La lista de Schindler le profesaban una admiración prácticamente ilimitada?

R. Créame, no he abordado el tema de forma ingenua. Soy judío estadounidense y conozco las susceptibilidades que origina el conflicto palestino-israelí.

P. Hay críticos que le elogian con entusiasmo y los hay que le ponen verde. Pero lo cierto es que rara vez se ha atacado de manera tan personal ni se ha difamado tanto a un director por una película como en su caso. Han escrito que es un pacifista ciego, incluso un traidor a la causa de Israel.

R. Por suerte, los que escriben esas cosas son una minoría pequeña, aunque bastante ruidosa. Me entristece ver lo estrechos de miras y lo dogmáticos que son algunos fundamentalistas del ala derecha del espectro político que tenemos en Estados Unidos. Gracias a Dios, la gente que es importante para mí tiene una opinión muy diferente sobre Múnich. Por ejemplo, judíos estadounidenses liberales, pero también algunas familias de las víctimas israelíes de aquel entonces han hecho suyo el mensaje de la película.

P. El principal reproche que se le hace a Múnich es de tipo ideológico: se dice que ha equiparado a los perseguidores israelíes con los terroristas palestinos.

R. Eso es un completo disparate. Esos críticos hacen como si todos careciésemos de cualquier tipo de brújula moral. Por supuesto que es un crimen terrible y execrable capturar a rehenes y matar a personas, tal y como ocurrió en Múnich. Pero preguntarse por los motivos de los terroristas y mostrar que ellos también son personas concretas, con familia y con una historia detrás no supone en absoluto disculpar los hechos. Tratar de comprender el trasfondo de un asesinato no significa de ningún modo aceptarlo. Entender no es sinónimo de perdonar. Comprender no tiene nada que ver con una supuesta debilidad, es una actitud valerosa y decididamente fuerte.

P. Sus adversarios dicen que humaniza el terrorismo.

R. ¿Eso significa que debería deshumanizarlo porque los terroristas no son personas? He intentado no satanizar ni siquiera a los terroristas. Lo repito una vez más: esto no tiene absolutamente nada que ver con una relativización de sus crímenes, y menos aún con una actitud de simpatía. Pero creo que si no se plantea la cuestión del porqué, si no se buscan las raíces del terrorismo, se está deshonrando el legado de los asesinados. Mi película trata precisamente de no ser un panfleto ni una caricatura y de no mostrar las cosas desde una perspectiva unidimensional. Me resisto a dar respuestas simples a preguntas complejas.

P. ¿No radica también ahí el problema, en el hecho de que la temática de Oriente Próximo es tan complicada que no se puede abordar, ni siquiera de manera aproximada, en una película por mucho que dure casi tres horas y por muy heterogénea que sea?

R. No soy tan osado como para pretender ofrecer un plan de paz para Oriente Próximo con mi película. Pero, ¿significa eso que hay que dejar libre el terreno a los grandes simplificadores, a los extremistas judíos y a los extremistas palestinos que hasta ahora han considerado toda forma de solución negociada en Oriente Próximo como una especie de traición? ¿Significa eso que hay que cerrar la boca para no llevarse una bronca? Mi objetivo era utilizar un medio de comunicación tan poderoso como es el cine para lograr que la opinión pública se enfrente de manera muy íntima con un tema que en el mejor de los casos conoce únicamente de forma abstracta o desde un punto de vista unilateral e interesado.

P. Su película está basada en el controvertido libro del escritor George Jonas Venganza, que fue publicado en 1984 y cuyo testigo principal Juval Aviv...

R. ...Yo creo en la autenticidad de ese testigo. No habría rodado esta película si no hubiera estado convencido de la veracidad de mis fuentes. El guionista Tony Kusher y yo nos hemos reunido en más de una ocasión con el ex agente descrito por Jonas, que ahora responde al seudónimo de Avner. Hemos pasado muchas horas juntos. Y en situaciones así, confío en mi intuición y en mi sentido común: ese hombre no miente, no exagera. Todo lo que dice es verdad.

P. Sin embargo, los expertos en Oriente Próximo tienen sus dudas al respecto. Sea como fuere, usted muestra de manera exhaustiva y detallada el esfuerzo y la fantasía de Avner y su equipo a la hora de planificar y ejecutar los atentados. Muestra cómo los israelíes tratan de evitar los denominados daños colaterales. Pero también muestra la brutalidad de las ejecuciones. ¿Debemos sentir simpatía por los vengadores o más bien asco?

R. Cada uno de los contraataques israelíes también tiene como objetivo generar angustia y espanto en el adversario. Creo que a ninguno de los agentes que participaron en estas acciones le gustaba matar, ninguno disfrutaba contemplando el mal ajeno cuando escondía una bomba debajo de la cama de la persona que debía eliminar. La tarea de estos hombres consistía en matar y ellos cumplían con ella lo mejor posible.

P. En su película el hombre que responde al seudónimo de Avner siente cada vez más dudas sobre los asesinatos que le encargan y al final esa situación le lleva a romper con los servicios secretos israelíes. ¿Cree que la Operación Cólera de Dios, aprobada por Golda Meir, fue un error de principio a fin?

R. Creo que la primera ministra de Israel no tenía más remedio que reaccionar ante la monstruosa provocación de Múnich: judíos asesinados en Alemania, y además en plenos Juegos Olímpicos. No podía dejar impune un hecho de tanta trascendencia histórica como era el rebasamiento de todo límite imaginable por parte del grupo terrorista Septiembre Negro. Múnich generó un verdadero trauma nacional israelí. Por tanto, en principio creo que hizo lo correcto.

P. Entonces, ¿cabe decir que la operación de castigo resulta comprensible pero no es una solución, a pesar de la pacificación que genera a corto plazo?

R. Exactamente. Por regla general, la violencia engendra más violencia.

P. En Múnich, Golda Meir dice que en situaciones extremas toda civilización debe "pactar con su propia concepción de los valores". Esa frase ocupa una posición central dentro de su película.

R. En efecto.

P. Es una frase tan programática y fundamental que funciona casi como una señal, como un anuncio de otro acto terrorista que supondrá una pausa en el panorama político internacional. En una larga toma final muestra las Torres Gemelas de Manhattan -todavía en pie- y con ello da a entender que para usted existe un vínculo entre el 5 de septiembre de 1972 en Múnich y el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

R. No creo que se puedan comparar ambos atentados por lo que respecta a su autoría. No existe ninguna vinculación entre el terrorismo palestino de entonces y el terrorismo de Al Qaeda de hoy en día. El conflicto palestino-israelí y el yihadismo no tienen nada que ver.

P. Pero existen aspectos comunes evidentes en las consecuencias de ambos ataques terroristas, que hicieron tambalear los cimientos de Israel en aquel entonces y de Estados Unidos hace cuatro años y medio. En ambos casos han planteado los mismos interrogantes básicos: ¿a cuántas libertades tiene que renunciar un Estado de Derecho para poder hacer frente a la injusticia y proteger a sus ciudadanos de manera más amplia?

R. En Estados Unidos la película ya ha abierto un debate sobre Oriente Próximo y también sobre los medios que se están empleando actualmente en la "guerra contra el terrorismo" proclamada por George W. Bush...

P. ...en la que él recalca una y otra vez que el adversario es el mal absoluto. Esta deshumanización insinuada de los terroristas tiene como consecuencia...

R. ...que tampoco hay por qué tratarlos como a seres humanos.

P. Usted ha criticado al Gobierno de Bush en repetidas ocasiones.

R. Critico la guerra de Irak y la restricción de las libertades civiles, y lo hago porque amo a mi país.

P. ¿Cómo describiría su actitud frente a Israel?

R. Soy un ferviente defensor de Israel desde el mismo día en que comencé a pensar en términos políticos y a desarrollar mis concepciones morales, es decir, desde mi más temprana juventud. Como judío, soy consciente de hasta qué punto la existencia de Israel tiene una importancia decisiva para todos nosotros. Y precisamente porque me siento orgulloso de ser judío, me preocupa el aumento del antisemitismo y el antisionismo en el mundo. En mi película planteo preguntas sobre la guerra que sostiene Estados Unidos contra el terrorismo y sobre las respuestas de Israel a las intrusiones palestinas. Si fuera necesario, estaría dispuesto a morir tanto por Estados Unidos como por Israel.

P. Múnich también se estrena esta semana en los cines israelíes. ¿Viajará a Jerusalén para presentar allí la película?

R. Quiero esperar hasta que se haya estrenado la película para verla en compañía de todas las familias de las víctimas. Si lo hiciera ahora con motivo del estreno, daría la impresión de que lo único que me interesa es promocionar mi película y lograr la máxima recaudación posible. Y eso es algo que quiero evitar.

P. ¿Tiene miedo de despertar reacciones extremas?

R. Cada persona reacciona de manera diferente ante la película, porque lleva consigo al cine sus convicciones políticas personales y su propia experiencia vital. Y me parece bien que así sea. Hay palestinos que han visto Múnich y piensan que la película es "demasiado proisraelí", se quejan de que su punto de vista y sus argumentos no han encontrado suficiente eco en la cinta. Y ya hemos hablado de las voces críticas judías. No tengo nada que objetar. Pero lo cierto es que sería mucho más deseable que la película lograra conmover un poco posiciones profundamente arraigadas y suscitar verdaderos debates, si por una vez el diálogo consiguiera acallar las armas en Oriente Próximo.

P. En el primer asesinato por venganza que muestra la película una bolsa de la compra estalla en manos de la víctima. En el suelo se mezclan la sangre y la leche derramadas. Con esta imagen, ¿trata de decir a los espectadores que el tiempo de la inocencia ha terminado definitivamente?

R. El motivo de la leche aparece varias veces en el filme. La leche es sinónimo de vida. Y mi propósito era confrontar directamente la vida y la muerte una y otra vez. Por eso también muestro en bastantes ocasiones a la mujer de Avner embarazada y al hijo que trae al mundo. Dar y quitar la vida. En mi película estas dos acciones se suceden directamente la una a la otra.

P. En su opinión ¿Múnich es más bien una película estadounidense o una película europea?

R. De lo que no cabe duda es de que es la más europea de todas las que he rodado. Además, también creo que Múnich lo tiene más fácil entre los europeos, que sabrán entenderla mejor. Pero hay algo que quiero decirles a todos los detractores radicales de Estados Unidos e Israel: si esta película os trastorna y os enardece tanto, si os da tanto miedo, a lo mejor no sería mala idea que reflexionarais y averiguarais por qué os afecta de ese modo.

Traducción de News Clips. © Der Spiegel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de enero de 2006