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OPINIÓN DEL LECTOR

Las gaviotas de Alcalá

En el acceso a la antigua Complutum, lindando con el nuevo cementerio jardín, justo donde comienza el parque natural de Los Cerros, a lo largo de la ribera del Henares, a un paseo del centro de la ciudad, se suceden tres vertederos de residuos urbanos.

Uno de ellos está ya colmado y, por tanto, sellado. Forma un altozano artificial muy inestable que requiere cuidados continuos de sustentación. Otro vertedero es todavía un proyecto: se está llevando a cabo un vaciado gigantesco, mediante la extracción de arcilla industrial al borde mismo del río, una cantera a cielo abierto de tres kilómetros de diámetro y 400 metros de profundidad.

El vertedero que ahora nos preocupa es el que está en uso, situado sobre una explotación minera anterior, que se transforma aceleradamente en una montaña de basura de dimensiones colosales, que contamina no sólo por su contenido, sino por su forma piramidal ajena al entorno geológico, conformado por tesos calizos hendidos por profundas cárcavas pluviales en sus laderas.Este vertedero requeriría también la atención de las autoridades sanitarias, sin querer crear alarmas infundadas, porque del mismo se alimentan varios miles de aves salvajes: cigüeñas que ya no emigran, cuervos, grajos, urracas, palomas, gaviotas..., y sus depredadores naturales: las aves rapaces. Verlas evolucionar es un espectáculo natural, si el origen de su concentración no fuese tan artificioso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de enero de 2006