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Reportaje:

Vuelta a clase en El Carmel

250 alumnos recuperan su colegio tras un año de exilio por el socavón

Los 250 alumnos del colegio público El Carmel (Barcelona) regresaron ayer a las aulas con un exceso de nervios en el estómago. Algunos apenas habían dormido. La excitación no podía explicarse sólo por la reciente visita de los Reyes Magos, porque incluso los padres se mostraban inquietos. El alboroto tenía otra razón de ser: los alumnos volvía a pisar la escuela del barrio tras casi un año de exilio forzoso debido al hundimiento de las obras de un túnel para el metro.

La directora del centro, Cesca Massó, jamás olvidará el 27 de enero de 2005. Ese día recibió una orden de la Guardia Urbana: se había detectado una fuga de gas y el centro tenía que ser desalojado. Muy cerca de allí se había producido el hundimiento de un túnel del metro. Nacía la crisis del Carmel, que acabó con el derribo de cuatro inmuebles y más de 1.200 personas desalojadas. Aunque la estructura del edificio escolar no resultó dañada, la precaución impuso el cierre.

Los escolares han estudiado en otros centros mientras se rehabilitaba por completo el edificio

De paso, el Gobierno catalán aprovechó para lavar la cara a un equipamiento con más de 40 años de servicio a sus espaldas. Los operarios han trabajado hasta el último día y el telón pudo alzarse ayer a las 9.00, cuando los chavales bajaron por la rampa de la puerta principal, adaptada para personas con movilidad reducida. "La rampa antes no estaba", explicó Joan Riesco, alumno de sexto de primaria y, por tanto, uno de los veteranos. "Además, antes las canastas y las porterías estaban en otro patio", añadió.

Todo ha cambiado de lugar; tanto que algunas profesoras de educación infantil confesaron sentirse "desorientadas". Y todo huele a nuevo: las aulas, los muebles, hasta los lápices de colores. El gimnasio era todavía una especie de gran almacén repleto de cajas. Las maestras se afanaban por la mañana en retirarlas bajo la atenta mirada de un fornido operario cruzado de brazos.

En El Carmel no sólo ha cambiado el escenario: también las personas. Joan, el memorioso veterano, lo recordó: "Hay compañeros que este año ya no están aquí". Son los niños que, a causa del socavón, han tenido que irse a vivir con sus familias a otras zonas de la ciudad. La directora admitió que hoy las aulas están más vacías que hace un año. "De todas formas, ésta es una escuela de paso", aseveró. El 60% de los alumnos son inmigrantes, la mayoría latinoamericanos. Ayer mismo la escuela recibió dos nuevos alumnos de Bolivia.

"Aunque en los centros provisionales nos han tratado bien, tienes la sensación de estar como un okupa, y por eso teníamos ganas de regresar a casa", explicó Cesca Massó. También los padres -unos lo llevaron con más filosofía y otros con menos- ansiaban la reapertura del colegio. "A los niños los cambias de ubicación y se sienten perdidos", decía Cristina Blasco, madre de un alumno del centro.

Cristina miraba el colegio desde una verja donde ha sido instalada una pancarta: "Bienvenidos". Sonríe. Para su hijo se ha acabado ya eso de que cada día sea una pequeña excursión. Ya no tendrá que levantarse a horas intempestivas, ni coger el autocar para ir al colegio. Ni siquiera tendrá la obligación de quedarse a comer el menú de la escuela. Está cerca de su casa y puede elegir, porque con la rehabilitación, el CEIP El Carmel dispone ahora de un servicio de comedor y de una cocina que antes no existían.

Los padres lo ven como otro síntoma de normalidad en un barrio que, un año después del desastre, intenta pasar página. Sin olvidarla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de enero de 2006