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Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO
Tribuna
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Pasión por crear

Hace unos cuantos años fui a una charla de Severo Ochoa, en Barcelona, titulada La emoción de descubrir. En ella el Nobel venía a transmitir que no había placer mayor para un científico que ese momento mágico en que el resultado de un experimento abre la puerta para la formulación contrastada de un auténtico descubrimiento. Me tomo la licencia de disentir de don Severo. Existe otro momento mágico que los científicos también pueden llegar a disfrutar, y es aquél en que se comprueba que la aventura empresarial que comenzara en base a un descubrimiento científico es ahora una realidad económica consolidada, que beneficia a la sociedad porque mejora la calidad de vida de las personas y además crea valor y puestos de trabajo. Me refiero a los sentimientos asociados a la creación de empresas en base a conocimientos científicos desarrollados en entornos académicos, clásicamente en forma de spin-off. Lo que podríamos definir como la pasión por crear característica de toda actividad emprendedora y aplicada a los científicos.

Es cierto que los científicos españoles han preferido siempre la emoción de descubrir a la pasión por crear. Es más, hasta hace muy poco en los ambientes académicos la idea de comercializar la ciencia era más comparable a vender el alma al diablo que a revelar un experimento y gritar Eureka, particularmente en disciplinas relacionadas con las ciencias de la vida y la biomedicina. La revolución que comenzó en 1976 la empresa Genentech y algunas historias de éxito muy llamativas (la propia Genentech, Biogen, Amgen, por poner algunos ejemplos), han acabado por introducir un cambio cultural significativo en el mundo académico, llegando al extremo en países como EE UU, Canadá o Reino Unido que lo raro es encontrar un buen científico trabajando en el ámbito biomédico que no haya patentado sus descubrimientos, cedido los derechos de explotación a alguna empresa o creado alguna spin-off.

Afortunadamente la creación de empresas desde el mundo académico biomédico ya no es anatema, pero en España la escasez de ejemplos de éxito (más por falta de tiempo que por mala tecnología) es uno de los factores claves que explica por qué tan pocos científicos se lanzan a buscar este otro momento mágico. Por eso creo importante que quienes hemos recorrido siquiera parcialmente el camino transmitamos que sí, que efectivamente el momento existe, y que a pesar de las dificultades y las penurias asociadas al arranque de todo proyecto empresarial, siempre hay algún alto en el camino en el que podemos tomar aire, mirar atrás el camino andado y exclamar "¡Ostras!" (o una expresión más coloquial, en cualquier caso estrictamente comparable al académico Eureka). Y ojo, que la motivación no es económica. Lo que realmente es mágico y da placer al mirar atrás es que tus descubrimientos se venden en cajitas que curan o hacen felices a la gente, y que además las ventas de tus descubrimientos permiten el desarrollo profesional de muchos jóvenes muy bien preparados, algunas veces tus propios antiguos alumnos en la universidad. Ese es el momento mágico, por eso vale la pena arriesgarse y luchar. No es muy diferente del placer del que hablaba Severo Ochoa, ni tampoco es antagónico. Puede ser una alternativa, o en algunos casos un excelente complemento a una exitosa carrera científica.

Invito desde aquí a explorar esta dimensión casi desconocida de la ciencia. Da miedo, sí, por pura ignorancia de lo que viene después. Pero cuando se recorre el camino, los errores y las dificultades le dan a uno mucha seguridad, y si se llega al final con una historia de éxito el placer es máximo. Si no se llega al final lo aprendido es tan valioso que, en general, el cuerpo pide repetir la experiencia. La segunda vez los errores se transforman en aciertos de anticipación, y las dificultades se superan con la facilidad que un piloto toma una curva difícil después de haber entrenado unas vueltas. Y la tercera vez la seguridad debe ser tan grande que hasta los proyectos más difíciles son fuente segura de momentos mágicos. La emoción de descubrir y la pasión por crear, dos privilegios al alcance de todos los científicos.

Luis Ruiz-Ávila es biólogo y director general de Advancell.

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