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Entrevista:GRANDES REPORTAJES

Sarah, puro 'glamour'

La protagonista de la serie 'Sexo en Nueva York', Sarah Jessica Parker, que se ha convertido en modelo de una nueva mujer 'independiente, divertida, sin complejos', retoma, con los 40 años más 'glamourosos' del mundo, su carrera en el cine para mostrar de lo que es capaz.

La protagonista de la serie 'Sexo en Nueva York', Sarah Jessica Parker, que se ha convertido en modelo de una nueva mujer -independiente, divertida, sin complejos-, retoma, con los 40 años más 'glamourosos' del mundo, su carrera en el cine para mostrar de lo que es capaz.

Nunca desde Imelda Marcos se habló tanto de zapatos. Culpables: la explosiva combinación de Manolo Blahnik, el diseñador de calzado más famoso y prestigioso del mundo, y la menuda Sarah Jessica Parker, que ha dado nombre a uno de los pares de zapatos de su colección. Esta neoyorquina hasta la médula, que nació hace 40 años en Ohio y cuya carrera como actriz nunca llegó a cuajar hasta que se pasó a la televisión, es ahora una de las mayores estrellas de Hollywood. Más aún, Parker ha trascendido su trabajo como actriz para convertirse en el ejemplo de la mujer del nuevo milenio, con todos sus éxitos, sus trampas y sus tentaciones. Todo se lo debe a un único papel, el de la columnista Carrie Bradshaw en la serie Sex and the city (Sexo en Nueva York). Seis temporadas que cambiaron la forma de hablar (de orgasmos, vibradores o de maneras más románticas de poner fin a una relación que un post-it), la forma de beber (un hallazgo para los Cosmopolitan) y especialmente la forma de vestir de la mujer moderna. Una nueva mujer inspirada en Candace Bushnell y sus columnas en The New York Observer, pero que sólo Sarah Jessica Parker fue capaz de darle la vida que se merecía, por ella y por todas las mujeres que ahora la admiran.

"No hay mejor musa, alguien capaz de inspirarte para sacar lo mejor de ti y luego mejorarlo cuando lo lleva a la pantalla", confirma su álter ego Michael Patrick King, productor ejecutivo de la serie que le ha dado tanta fama. "Alguien con ese glamour de estrella que marca un estilo, pero siempre lista a disfrutar del chiste más vulgar, ése que la hace una chica más del grupo", añade. "Chicote, pero sofisticada; con la manicura perfecta, pero traviesa", resume Mathew McConaughey tras rodar junto a ella Failure to launch. Los comentarios se repiten entre todos los que han compartido un plató con ella. "Además tiene la mejor risa que puedes escuchar, la muy puñetera", resume Diane Keaton, junto a ella en The family stone (La joya de la familia), que se estrenará próximamente en España. "Sarah ha hecho de la moda una expresión de cómo se siente uno en su vida en cada momento", añade Bushnell. "Sigue siendo igual de sexy y se puede poner lo que le apetezca, pero sin las locuras de la adolescencia", remata el diseñador Óscar de la Renta, uno de los modistas que han contribuido a la sofisticación de esta actriz, a la que admiran las mujeres de 20 y a la que se quieren parecer las de 40.

La madurez de Sarah Jessica Parker huele ahora a dinero y a perfume tras su debú en el mercado de la moda con su propia fragancia, Lovely. La serie que le dio la fama ha quedado atrás, pero ahora Parker retoma esa carrera artística que empezó hace 32 años, cuando era una niña prodigio del teatro, con cuatro nuevas películas en cartera, a cual más diferentes de su amada Carrie Bradshaw. Además está su faceta familiar: casada desde hace ocho años con el también actor Matthew Broderick, de 43, y madre de un hijo, James Wilkie, de tres años. "Aún recuerdo que tuve muchas dudas antes de aceptar la serie; no sé, por el compromiso, por lo que significaba trabajar en televisión. Y fue Matthew el que me convenció cuando me dijo: en el peor de los casos, la serie tendrá éxito", recuerda ahora entre el lujo del hotel Ritz Carlton donde da la entrevista. Lleva un vestidito rosa muy ceñido en la cintura y cuyo amplio escote deja bastante visible su sostén negro; en los pies, zapatos negros de salón con tacón de aguja.

A la pregunta habitual de en qué se parece ella al personaje, responde con una mirada directa: "Somos diferentes, muy diferentes. Carrie es mucho menos modosa que yo. Ni se me pasaría por la cabeza la idea de vestir en público con muchos de sus trajes. Soy mucho menos exhibicionista. Somos personas diferentes, eso es todo. Aunque debo reconocer que desde que Carrie entró en mi vida, desde que conocí a Patricia Field [encargada de vestuario en Sex and the city], mi estilo también ha cambiado. Nos sigue diferenciando el hecho de que siempre vestiré más ropa que Carrie. ¡Soy una mujer casada! Pero ha sido maravilloso poder llevar durante estos seis años esa doble vida que me dio Carrie".

Con la distancia que da el fin de la teleserie, ¿cuál cree que fue la clave del éxito?

Tengo dudas. No me gusta pontificar sobre el tema porque lo hace poco atractivo [sonríe]. Además me han hecho la pregunta tantas veces que pienso que no hay una respuesta acertada. Pero si me obliga a responder, le diría que creo que se trató de una voz nueva, totalmente nueva, que el público, y en especial las mujeres, nunca había escuchado antes. Era su voz incluso para aquellas mujeres que ni tan siquiera vivían en la ciudad o seguían ese estilo de vida. Les gustó Carrie, sus vivencias, y no me refiero necesariamente a las más picantes. Simplemente su forma de hablar, de relacionarse con sus amistades, su actitud ante el sexo. A veces pienso que Sex and the city tuvo mucho más de reportaje de una época de lo que pensamos…

Una época que ya queda atrás…

Sí. No estoy tan segura de que pudiéramos hacer la misma serie ahora. Vivimos en un mundo tan diferente… Sex and the city nació en 1997. Ha pasado casi una década, y las cosas han cambiado tanto: el clima político, el país, el momento social y cultural que vivimos… Creo que de algún modo fue una época más feliz. O al menos parecía más sencilla, menos complicada.

¿Y cómo es la vida después del 'sexo'?

No puedo quejarme, porque además fue mi propia decisión. Una decisión dura, porque estaba muy a gusto; pero personal, porque me di cuenta de que había llegado el momento de poner fin a la serie y continuar mi propio viaje. No es que esté huyendo de Carrie, como he leído en algunos sitios, o que me abrume esa imagen que ha creado de mí. Pero también intento ser una buena madre, una buena esposa y una buena empresaria, además de una actriz.

Como Carrie, Sarah Jessica Parker ha sido alabada como el símbolo del nuevo feminismo: mujer de carrera, independiente e inteligente, pero romántica y en perpetua búsqueda del hombre perfecto. Es fácil ver muchas de estas características en la verdadera Parker, quizá menos sofisticada de origen; nacida en la ciudad minera de Nelsonville (Ohio), pero criada en un peculiar ambiente familiar: es hija del escritor Stephen Parker, y de Barbara, profesora de enfermería con ambiciones teatrales. Además exhibe una llamativa trayectoria amorosa junto a hombres interesantes y con fama de complicados, como Robert Downey Jr. y John Kennedy Jr. Sin embargo, su vida actual junto a Broderick parece haberle dado estabilidad. En sus respuestas recuerda a otra mujer icono de la liberación femenina, Madonna: "Ahora soy una más de los millones de mujeres que son madres y continúan con su carrera, lo cual es una gran fuente de ansiedad y de conflicto; pero mi prioridad es el bienestar de mi hijo".

¿Llegó a considerar la posibilidad de dejar su trabajo tras el nacimiento de su hijo casi al final de la serie?

Aunque mi familia es lo más importante de mi vida, no creo que esté preparada para dejar de trabajar como actriz. La serie era difícil de compaginar, porque fueron semanas de 90 horas durante seis o siete años; pero ahora en el cine cuento con esa ventaja que pocas madres trabajadoras pueden disfrutar. Trabajo con intensidad durante uno o dos meses en un rodaje y luego estoy en casa todo el tiempo durante otros dos o tres meses, a la espera del siguiente trabajo. Eso sí, no puedo viajar sin él; así que, mientras pueda acompañarme, todo bien, y cuando empiece el año escolar, sólo rodaré películas que transcurran en Nueva York, lo cual no está nada mal.

¿Cómo se organiza con su marido?

Matthew también tiene una carrera con mucho éxito, pero intentamos organizarnos de la mejor manera para que nuestro hijo se sienta muy querido. Espero que estemos haciendo un buen trabajo a la hora de educarle para que luego sea capaz de tomar las mejores decisiones en su vida. Además tenemos la fortuna de vivir en Nueva York, una ciudad que se interesa por el arte y la arquitectura, la literatura y el teatro, y donde nuestro contacto con la industria del espectáculo, con Hollywood, es mínimo, y eso ayuda.

¿Cree que eso también influye en la solidez de su matrimonio?

No quiero sonar como una estrecha dando consejos matrimoniales [suelta una gran carcajada], pero hasta ahora nos ha funcionado. Nos relacionamos con gente que tiene otros trabajos fuera del mundo del espectáculo, con vidas muy interesantes. Y creo que eso nos da otra fortaleza. Además procedemos de familias bastante sólidas.

Suena lo suyo a matrimonio de lo más convencional.

Ya le dije que soy mucho más formal que Carrie [se vuelve a reír mientras recompone su postura sentada como una señorita]. Me gusta cuidar de mi hogar. Me encargo del equipaje, de las compras; me preocupo de que todo esté en su lugar. También soy la que acaba llamando al taxi. Y todos los domingos sin falta recojo la casa. Soy así al natural. Pero como cualquiera que se mete en esto del matrimonio, una sólo puede desear que dure, al menos tanto como puedas aguantar [vuelve a reírse]. Estoy bromeando… Creo que ambos disfrutamos de una envidiable posición en nuestra vida, aunque nuestras metas no se diferencian de las del resto del mundo. Como para cualquier otra persona, el éxito profesional significa una nevera llena; la felicidad me la da mi vida con mi marido y con mi hijo, saber que están sanos y a mi lado. Así de sencillo.

A punto ya de cumplirse los dos años desde que concluyó su trabajo en Sex and the city, el nombre de Sarah Jessica Parker suena más a franquicia que al de una estrella. De hecho, su rostro ha adquirido en estos meses otro tipo de popularidad, como parte de campañas publicitarias millonarias, en vez de figurar en proyectos artísticos en las pantallas. "El sentido innato que tiene Sarah Jessica Parker para el estilo es tan dinámico y singular que resulta perfecta para nuestra marca", subrayó el año pasado Gary Muto, presidente de Gap, al anunciar la nueva campaña publicitaria de esta popular cadena de ropa estadounidense.

¿Qué hay de cierto en las informaciones que cifran en 38 millones de dólares sus ingresos gracias a la publicidad?

[Tapándose los oídos para no escuchar la pregunta, que recibe a carcajadas]. ¿Se puede creer lo de los 38 millones de dólares? ¡Si tuviera 38 millones de dólares estaría gritándolo a los cuatro vientos! No tendría que buscarlo en ninguna información. Si los tuviera sería la persona rica más pública del mundo. Lo de ser una persona filantrópica y discreta no es mi estilo. Presumiría de las bibliotecas que podría construir con ese dinero, de las escuelas, de los programas artísticos que fomentaría, de los hogares reconstruidos para las víctimas del Katrina. Sería increíble; pero no, no tengo 38 millones de dólares. Y lo que es peor, con ese tipo de informaciones parezco una persona de lo más mezquina y tacaña, a menos que vaya dejando propinas millonarias o invitando a todo el mundo a tomar algo. ¡Es una carga terrible para unos hombros tan pequeños!

Tampoco es una idea tan descabellada ahora que se ha metido en el negocio de la moda con su línea de perfume, Lovely.

No tengo ninguna otra ambición empresarial más allá de mi perfume. Es algo con lo que siempre soñé.

¿A qué se debe esta afición?

Llámelo nostalgia, pero uno de los recuerdos más entrañables es el de mi madre usando siempre la misma fragancia. Ahorrando para comprarse su frasco favorito de perfume dos veces al año. Hay muchas mujeres que ocupan un lugar muy destacado en mi vida, y el olor de su perfume siempre las devuelve a mi mente [aspira con nostalgia]. Por eso me decidí a sacar mi perfume, pero no estoy buscando un nuevo imperio en la moda. Nada de eso [ríe], me interesa mucho más ser madre y actriz.

¿A qué huele el éxito de Sarah Jessica?

A mi hijo nada más despertar.

Tras este paréntesis empresarial, la Parker actriz regresa a las pantallas. ¿A qué se ha debido la larga espera?

Cuando acabó la serie me aconsejaron con bastante acierto que me tomara mi tiempo y no me volviera loca lanzándome a trabajar de inmediato. Que mejor me concentrara en decidir bien.

¿Cuál es el plan maestro de la nueva Sarah?

Soy un desastre a la hora de hacer planes maestros [se vuelve a reír]. Lo único que quería era hacer algo diferente. De nuevo, no se trata de huir de Carrie Bradshaw o de que me pese su imagen. De hecho, eso sí que hubiera sido lucrativo; no sé si 38 millones de dólares, pero me hubieran pagado muy bien por hacer comedias románticas con mujeres urbanas a lo Carrie. Me ofrecieron muchas, pero no me interesaban. Por eso busqué personajes completamente diferentes, como Meredith Morton en The family Stone, una persona cerrada en sí misma y sin ningún gracejo social rodeada de gente que bien podrían ser amigos de Carrie.

Una vez encontrado el proyecto ideal, ahora la lista de estrenos es imparable.

He buscado nuevos proyectos, nuevos directores y nueva gente con quienes trabajar. Eso es lo que me llevó al rodaje de Failure to launch, otro de mis próximos estrenos; éste sí más próximo a la fórmula de la comedia romántica, donde soy de nuevo una mujer de hoy. También está Spinning into butter, una historia muy complicada, provocativa e incendiaria sobre un incidente racial en una universidad de la Costa Este y una mujer que huye de su pasado. Y Love walked, una historia sorprendente de una mujer que en un momento de su vida decide abandonar la idea de tener una relación romántica, porque nunca son como las novelas, y entonces conoce a alguien que cambia su vida en cinco minutos. Aquí tiene la colección de mujeres a cual más diferentes que he podido encontrar. Y teniendo esta gama de oportunidades no podía negarme la posibilidad de probar diferentes géneros, de tener diferentes experiencias.

Sarah Jessica Parker comienza también una nueva etapa de su vida, la cuarentena, en una industria conocida por su insaciable sed de juventud. Si las experiencias de Carrie en la serie o de Parker en los anuncios de Gap dieron esperanzas a la mujer de una nueva vida por encima de los 40, con la actual temporada ha llegado un nuevo mazazo. El mismo día que le cantaron el cumpleaños feliz, Gap anunciaba que reemplazaba la vitalidad de Parker por la juventud de la cantante Joss Stone, de 17 años, para sus campañas. La publicidad parece no perdonar la edad. "La edad nunca perdona. El otro día eché a correr por la calle y me desgarré un tendón. Me he pasado la vida corriendo por las mismas calles sin problema y ahora me duele todo el cuerpo. Conclusión: debo dejar de ir a la carrera con tacones", dice riéndose.

Hollywood tampoco perdona…

Hay mucha gente con los cuchillos afilados. Pero también hay amigos para siempre. Y mujeres ejemplares, como Diane Keaton. Es mi ídolo, y estoy encantada de haber vuelto a trabajar con ella en The family stone. ¡Es Diane Keaton! Alguien capaz de mostrar en cámara que es humana y vulnerable, y a la vez un icono en lo que se refiere a la moda. Es una de las primeras actrices que fue a la vez sexy e inteligente delante de las cámaras, algo que funcionó a su favor en lugar de en su contra. La admiro profundamente.

¿Echa de menos a sus compañeras de 'Sex and the city'?

Por supuesto. Siempre da miedo enfrentarse a un nuevo grupo de gente, en especial cuando te has pasado años rodeada de los mismos, esa maravillosa familia que formamos en Sex and the city. Además soy muy dada a la nostalgia. Me gusta echar la vista atrás. Me puedo pasar las horas enteras hablando con mi familia sobre las navidades de 1997, o con Matthew recordando el nacimiento de James Wilkie o el día que nos conocimos. Es como volver a vivir el pasado, pero en lugar de entristecerme me llena de satisfacción porque lo he vivido. Pensar en los paseos que me daba con Cynthia por Nueva York durante los rodajes… Son recuerdos maravillosos.

¿Y qué me dice de su otro amor, la ciudad de Nueva York?

Llevo Nueva York en el corazón, y tengo claro que, por muchas películas que ruede, incluso en Nueva York, nunca volveré a disfrutar de la ciudad de la misma manera. No puedo estar mucho tiempo sin ver sus edificios. No funciono sin sus taxis o su metro. Incluso a la hora de vestir. Recuerdo que una vez que me concedieron el Globo de Oro [como mejor actriz en una serie de comedia], Karl Lagerfeld me proporcionó un vestido gris metálico que me recordaba al Empire State, mi edificio preferido a nivel arquitectónico y emocional.

Supongo que sus vivencias en la ciudad no serán tan agradables bajo la mirada siempre atenta de los 'paparazzi'.

En Los Ángeles sé que es diferente, pero Nueva York es una ciudad distinta. Hemos tenido problemas con paparazzi poco respetuosos, pero no me gusta quejarme porque hay cosas peores. Lo peor es que, cuando salimos con James, nos obligan a mantenernos alejados de otros niños y otros padres.

¿Cuál es ahora su rutina preferida en la Gran Manzana?

Llevar a mi hijo al colegio por las mañanas. Luego me paso a recogerlo y le observo mientras paseamos de vuelta; veo cómo va descubriendo su ciudad. Siento tal envidia de él, de que haya nacido y vaya a crecer en esta ciudad a la que tanto amo. Será su ciudad mucho más que la mía. No tiene más que tres años, y el otro día ya estaba señalando por la ventana porque quería ver "esa ciudad tan bonita". Eran como las seis y media de la tarde, estaba atardeciendo, y el cielo tenía ese color rosado en el que resalta más que nunca la silueta del Empire State. Me sentí tan orgullosa…, porque me di cuenta de que ya entiende la ciudad que yo más amo y a la que nunca podré estarle lo suficientemente agradecida.

Cuanto más habla de 'Sex and the city' o simplemente de esta ciudad, es más difícil pensar que algún día pueda olvidarse de Carrie Bradshaw.

Ni puedo ni quiero olvidarme de Carrie. Tampoco quiero que nadie la olvide. Me sigue produciendo un tremendo cosquilleo la idea de haber llegado con Carrie a tantas mujeres. Mi único deseo cuando decidí ser actriz era el de conseguir alguna oportunidad que otra y algo de dinero. Nunca soñé con algo así, con algo tan extraordinario como Sex and the city.

¿Qué ocurrió con el proyecto de hacer una película basada en la serie?

Creo que pasó el momento. La verdad es que no pudimos llegar a un acuerdo, pero no quiero extenderme en el tema. Una pena, porque hubiera sido divertido. Tampoco creo que vuelva a hacer otra serie de televisión. Es un compromiso laboral importante y ahora soy madre. Y en cuanto a una posible reunión de las cuatro amigas que hicimos posible esta serie [Nixon, Kristin Davis y Kim Cattrall, quien supuestamente nunca llegó a un acuerdo económico para el largometraje], me agrada que el público quiera volver a vernos juntas. Pero tampoco creo que vaya a suceder. A menos que nos quieran ver juntas en el asilo con los tacatacas. Es una buena alternativa a los manolos [carcajada].

Creo que se quedó con buena parte del vestuario de la serie.

Todo lo que pude, porque había algunos vestidos que estaban prestados. Me quedé con todo lo que pude. He dado muchos vestidos para actos benéficos, pero nunca podré separarme de muchos otros. Guardan grandes recuerdos.

¿Y que pasó con los 'manolos'?

Esos también me los quedé y los tengo bien guardados. No me atrevo ni a tocarlos, así que menos aún a ponérmelos. Tengo mis propios manolos para cuando quiero vestir, pero no quiero ir por la vida en los zapatos de Carrie. No quiero arruinar unos zapatos como ésos, demasiado importantes como para echarlos a perder.

El secreto mejor guardado, por JUAN CUETO

A finales de la década de los noventa ocurrió uno de los acontecimientos más notables de la posmodernidad. Lo recuerdo perfectamente porque me impresionó. Estaba zapeando distraídamente y de pronto, en la pantalla, una pandilla de mujeres mayores de 30 hablaba normalmente de sexo. No se trataba de un consultorio sexual tipo Elena Ochoa o Lorena Berdún, ni siquiera de una terapia de grupo de la escuela argentina filmada en plan reality. Sólo era una animada conversación femenina de mujeres en una cafetería chic del sureste de Nueva York en la que cuatro chicas estaban revelando con pasmosa naturalidad nada menos que el secreto mejor guardado y que siempre obsesionó a los hombres de todas las edades y generaciones: ¿De qué hablan las mujeres cuando están solas?Aquélla fue una mutación como la copa de un pino y todo ocurrió de la manera más tonta. Cuando Sarah Jessica Paker y sus tres amigas, en una teleserie de la cadena de pago HBO, empezaron a charlar con naturalidad de sexo y otros asuntos incógnitos mientras devoraban sushis y salivaban por bolsos Fendi y zapatos Manolo Blahnik. Aquel día se derrumbó otro muro de Berlín, de los muchos que por entonces caían a pedazos; por fin, gracias a la TV, se desveló el secreto.Porque la novela nunca supo responder a este viejo arcano machista a pesar de que desde la década de los ochenta ya está comprobado científicamente que la masa lectora sólo es femenina. Y en cuanto al cine, las conversaciones de celuloide entre mujeres metropolitanas no hicieron más que amplificar el gran secreto y los cinéfilos siempre creímos que las mujeres, cuando estaban solas, hablan del sexo por metáfora, por metonimia o por jeroglífico. Tuve que pillar un capítulo de Sex & the city para entender que las conversaciones entre mujeres eran como las de los hombres cuando están en el bar, pero bastante más ingeniosas, fluidas, descaradas y con detalles eróticos. Algunos sostienen que el posfeminismo también empezó allí.En cualquier caso, después de las conversaciones de Sarah y sus amigas, tan contrarias a las de la antigua pandilla treintañera de Friends, ya nunca más fue posible zascandilear con el famoso género de las conversaciones entre mujeres. Es más, la propia HBO, adrenalizada por el éxito, intentó la misma operación con el sexo opuesto en la serie Lo que los hombres no cuentan, ambientada esta vez en Chicago, y también entre periodistas. No le recomiendo a ninguna de las tropecientas cadenas españolas en lucha por el share español que la fichen, porque la serie fue un fracaso anunciado. Sabemos perfectamente de qué hablan los hombres cuando están solos.Otro de los misterios que resolvió Sexo en Nueva York es la extraña y potente mitología actual de Sarah Jessica Parker, que gusta por igual a las mujeres independientes mayores de 30 que a las pequeñitas que acaban de estrenar Visa azul. En principio, o en el principio de la chica de Ohio, Sarah no tenía ningún número para participar en la lotería del estrellato de Hollywood, y nadie habría apostado un dólar por ella. Ni era neumática ni erótica ni simbiótica. Era una chica normal que un día se hizo mediática por la sencilla razón de que empezó a hablar con desparpajo de sexo y hombres en la pequeña pantalla, coleccionaba zapatos de firmas, vestía tutús por Manhattan, sabía escribir columnas y además, al final de la escapada, era romántica.Y ésta es la diferencia entre las mitologías de la pantalla grande y las catódicas. El Eros de Hollywood sigue traficando con las mujeres bomba, pero las telemitologías sólo endiosan las heroicidades de lo normal. Nada de supermanes o supermujeres. Sarah era y es la perfecta every-woman que de un solo taconazo con sus manolos supo dar con la fórmula matemática que soñábamos a finales de siglo: TV + Nueva York + sexo + posfeminismo + moda. El problema es que aquellas chicas liberadas de Sex & the city han sido sustituidas en nuestras parrillas por las casadas de Mujeres desesperadas, que cotillean de secretos criminales y han dejado de charlar normalmente de sexo. Menos mal que Canal + va a estrenar la rompedora serie L (Lesbianas); entonces nos vamos a enterar en el prime time de lo que es una conversación entre mujeres que no piensan en los hombres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 2005

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