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José Antonio Marina explica las razones de su cristianismo en un nuevo ensayo

"La inteligencia creadora del hombre es el lugar del alumbramiento de los dioses", afirmó el filósofo José Antonio Marina (Toledo, 1939) en la reciente presentación de su nuevo ensayo, Por qué soy cristiano (Anagrama). El libro indaga en el "caudal de experiencias" abierto por un "contestatario y enigmático" judío, Jesús de Nazaret.

Marina se define como cristiano, aunque no profese el catolicismo. "En un momento en el que las religiones son problemáticas, nos conviene hablar con claridad. Tengo una idea de la filosofía como servicio público. Por eso me gusta tratar de los temas que interesan a la gente". El autor defiende en la obra que existen dos tipos de verdades, las universales y las privadas. El cristianismo se inscribe, a su juicio, entre las segundas. Asimismo, el filósofo subraya que cuando las verdades privadas entran en colisión con las universales, deben primar las últimas. "Los integristas trasvasan sus verdades privadas al ámbito público. Es el problema al que nos enfrentamos".

Por qué soy cristiano se divide en dos partes: la teoría, que ocupa los primeros siete capítulos del ensayo, y un ejemplo práctico centrado en las convicciones del mismo Marina, sin ánimo de "convencer a nadie". "La filosofía no puede decir nada acerca de Dios, pero la realidad tiene características atribuidas tradicionalmente a la divinidad, como la autosuficiencia".

El error del dogmatismo

Además del seguimiento histórico al Jesús de Nazaret real a través de los pocos textos "fiables" y muy fragmentarios que se conservan sobre él, la investigación de Marina detalla cómo se fue dogmatizando el cristianismo en su largo proceso de institucionalización eclesiástica. "Las religiones tienden a hacerse dogmáticas blindando sus creencias. En el primer concilio del Vaticano, la Iglesia católica se declaró infalible. Eso fue un error gravísimo, porque significa que no puede retractarse de sus dogmas, aun sabiendo que algunos de éstos son fruto de las presiones culturales de épocas concretas", apuntó el autor, y añadió: "Intento limitar el alcance de la experiencia religiosa, sin negar su importancia. Las religiones deben defenderse siempre en el campo privado. Cuando se ven amenazadas, apelan a la libertad de conciencia; pero cuando llegan al poder, abandonan la tolerancia. Sin embargo, lo universal es la ética, no las creencias personales".

Junto con el peso cultural y la influencia de Cristo, cuyo legado ha sido reinterpretado siglo tras siglo, Marina dice sentirse interesado por su mensaje profundo, aquél que identifica a Dios con la bondad activa. "Me interesa su proyecto. Lo importante de la inteligencia es su capacidad creadora y el colmo de lo valioso es la acción buena", señaló el filósofo. "Jesús creía que se debía transformar bondadosamente la realidad. Es una afirmación consoladora con la que me identifico plenamente", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de diciembre de 2005