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Del paso de Gaza al paso de Europa

Hoy se reabre el paso de Rafah entre la franja de Gaza y Egipto; un paso más que debe incrementar la confianza mutua entre Israel y nuestros vecinos palestinos, esa confianza tan deteriorada tras cuatro violentos años de Intifada.

Más allá de las inmediatas consecuencias socioeconómicas que beneficiarán a los palestinos residentes de Gaza, en este acuerdo hay otro aspecto que a medio y largo plazo puede tener consecuencias no menos importantes.

Se trata de la presencia europea, la denominada en el acuerdo "tercera parte". Por primera vez, la Unión Europea tendrá funciones relacionadas con la seguridad en el marco de acuerdos palestino-israelíes: una misión de 70 agentes de seguridad y de aduanas, de 5 países (incluyendo España) con un papel activo sobre el terreno.

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En palabras de Javier Solana, quien junto a Condoleezza Rice y el enviado especial James Wolfensohn facilitaron el acuerdo, "... ésta es la primera vez que una frontera es abierta... para que la controlen los palestinos mismos con la ayuda de una tercera parte".

Quienes hemos estado involucrados durante años en las complejas relaciones con Europa, hemos escuchado en un sinfín de ocasiones la insistente demanda política europea, que con un juego de palabras en inglés decía: "Queremos ser no sólo payers (financiadores), sino también players (actores)". En otras palabras: Europa debía tener un papel político sustancial en el proceso de paz y no limitarse a la financiación de las necesidades palestinas.

Pues bien, ¡ha llegado la hora! Europa adquiere, con el acuerdo del paso de Rafah, un rol eminentemente político-estratégico en nuestro conflicto.

Durante las últimas décadas son muchos los temas que han pesado en la turbulenta agenda europea-israelí. Hemos conocido altibajos, con momentos de casi euforia, desde la Conferencia de Madrid pasando por Oslo, el privilegiado acuerdo económico de Asociación Unión Europea-Israel de 1995, el Diálogo Euromediterráneo, también llamado Proceso de Barcelona, hasta la retórica crítica, las amenazas de sanciones económicas a Israel del Parlamento Europeo, los boicoteos académicos y gremiales, los actos de antisemitismo, nuevo y viejo por igual.

Afortunadamente, en el correr de los últimos meses las relaciones de Israel con Europa han registrado un cambio positivo. Nuevos vientos soplan por la región.

El surgimiento de un nuevo liderazgo palestino, democráticamente elegido y que propugna la vía del diálogo, condenando el terror; la exitosa desconexión de Gaza ponderada y elogiada por toda Europa, los progresos logrados en el Plan de Acción de la Política Europea de Buena Vecindad (ENP) con Israel, el Diálogo Mediterráneo con la OTAN, todo ello nos ha llevado a un diálogo más fructífero.

Con un incremento indispensable de la simetría ante el conflicto, menos recriminaciones públicas, alejándonos de la "política de la megafonía", acercándonos a los principios y valores democráticos que tanto compartimos, sentando la base adecuada para una relación europea-israelí menos crispada, más normal, elaborando una agenda práctica de cooperación económica y estratégica, se crea el medio ambiente más adecuado.

Y es éste precisamente el que permite -entre otros- la trascendental decisión de la involucración europea en el conflicto, en la que carabinieri y miembros de la Guardia Civil española -entre otros- llevarán a cabo misiones de supervisión y control de la frontera, garantizando que lo acordado se cumpla al pie de la letra.

Y es por primera vez, tras intensas deliberaciones, que Israel aceptó depositar en manos de una "tercera parte", manos europeas, aspectos que afectan directamente a nuestra seguridad nacional. En palabras de Solana: "... la gente de seguridad en Israel estaba muy preocupada con esta decisión, lo que es comprensible...".

En Israel se guarda la firme convicción de que los agentes europeos cumplirán su delicada misión con la necesaria resolución y celo, imprescindibles en las tareas de seguridad que se les han encomendado.

Una misión exitosa, por más complicadas que sean las circunstancias, puede sentar un beneficioso precedente en el marco más general de las relaciones de Europa con Israel, reforzando considerablemente la labor del Cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y ONU) y acelerando el comienzo de la implementación de la Hoja de Ruta.

Hace sólo unos días, el ministro Miguel Ángel Moratinos, en una breve visita a Israel para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de Isaac Rabin, en una intervención académica muy aplaudida, hacía referencia a sus seis largos años de mediación europea en nuestro conflicto, plenos de logros y frustraciones. Este próximo viernes, un importante eslabón de sus arduos esfuerzos está en vías de convertirse en realidad.

¡Y así lo anhelamos todos!

Víctor Harel es embajador de Israel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0024, 24 de noviembre de 2005.

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