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La última batalla del comercio mundial

Los países emergentes plantan cara a EE UU y la UE ante la cumbre de Hong Kong

Bruselas
Las posibilidades de alcanzar un acuerdo para establecer unos intercambios más equitativos en la próxima reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) se desvanecen. La batalla por eliminar los obstáculos y privilegios que impiden el libre comercio tiene cinco grandes protagonistas: los países desarrollados (EE UU y UE), las naciones emergentes (G-20), los grandes exportadores y los países pobres (G-90). Las posiciones enfrentadas complican el acuerdo, pero la cita de Hong Kong del próximo diciembre es la "última y mejor oportunidad" -asegura el director de la institución, Pascal Lamy- para transformar el actual modelo desigual en un nuevo marco que contribuya al desarrollo de los países pobres.

"Las subvenciones agrícolas son un obstáculo para el desarrollo, debilitan nuestra economía y empobrecen a nuestros campesinos". Las palabras de Alpha Oumar Konaré, presidente de la Comisión de la Unión Africana, pronunciadas recientemente en Bruselas, ponen el dedo en la llaga de los efectos de la falta de unas relaciones comerciales equilibradas. El líder africano advertía, con desconfianza, de que la agricultura, la única actividad que podía sacar a África de las hambrunas, estaba siendo aniquilada por la invasión de productos de los países ricos. Son productos realizados, además, gracias a las elevadas ayudas estatales y, lo que aún es peor, con fuertes subvenciones a la exportación.

Detrás de las discusiones técnicas sobre aranceles y subvenciones aparece una dramática realidad. Durante los últimos años, los países ricos han seguido aumentando las subvenciones a sus agricultores, a pesar de las promesas de reducirlas. Los subsidios de Estados Unidos y la Unión Europea a la producción agrícola ascienden a unos 350.000 millones de dólares al año, según los datos que ofrece el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El apoyo directo a los productores que mantienen los precios nacionales por encima de los mundiales es de 279.000 millones de dólares, según datos de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Estas ayudas representan el 56% del valor total de la producción agrícola en Japón, el 33% en la Unión Europea y el 18% en Estados Unidos.

EL PROBLEMA Subsidios y ayudas

Los aranceles de importación que aplican algunos países desarrollados ricos superan el ciento por ciento en el caso del arroz, el azúcar y las frutas. Naciones Unidos resume así esta situación: "Los países ricos gastan un poco más de 1.000 millones anuales en asistencia al sector agrícola de los países pobres y un poco menos de 1.000 millones diarios en sustentar sus propios sistemas". Los costes para los países en desarrollo del apoyo a la agricultura que aplican los países ricos podrían llegar a sumar 72.000 millones al año, cifra equivalente a todo el flujo oficial de ayuda en 2003, según PNUD.

Durante los últimos años, los obstáculos que impiden el comercio internacional han crecido y también lo han hecho las protestas de los perjudicados. La ronda de Doha, puesta en marcha en 2001 y que se fijó como objetivo lograr que el comercio entre naciones sirviera "para aumentar el desarrollo", intenta cambiar las reglas del juego de este panorama. Naciones Unidas señala que un acuerdo en la ronda de Doha que liberalice el 40% del comercio de productos agrícolas y manufacturados generaría beneficios estimativos de 70.000 millones de dólares.

BRASIL Un líder en desarrollo

La incursión de los países emergentes, especialmente Brasil, China e India, que exigen un nuevo tipo de relaciones con los países desarrollados, está configurando un nuevo escenario de las relaciones internacionales. Un reciente informe de la OCDE señalaba que si los países desarrollados, básicamente Estados Unidos y la Unión Europea, redujeran sus aranceles y sus subvenciones a los agricultores en un 50%, producirían unos beneficios a la economía brasileña de unos 1.700 millones de dólares anuales, equivalentes al 0,3% de su Producto Interior Bruto.

Cada vez más conscientes de su poder y de los efectos de estas limitaciones, los países en desarrollo y los países pobres se unieron en sendas organizaciones, a raíz de la conferencia de la OMC que se celebró en Cancún en septiembre de 2003. Los países en desarrollo más avanzados como India, Brasil, China o Argentina constituyeron el G-20 con el objetivo de lograr la rebaja de los aranceles, las subvenciones a los productores y a las exportaciones por parte de los países desarrollados. Por otra parte, los países pobres, eufemísticamente denominados países menos desarrollados, crearon el G-90, integrado por el Grupo de la Unión Africana y los países ACP (África, Caribe y Pacífico), muchos de los cuales sufren un creciente empobrecimiento.

La conferencia de Cancún fracasó y el lema de la ronda de Doha de convertir el comercio en un instrumento para aumentar el desarrollo quedó sólo en buenos propósitos. Brasil y sus aliados rechazan cualquier concesión de liberalización de intercambios si no es recíproco. Estados Unidos y Europa pueden esperar hasta 17 años si quieren vender automóviles a Argentina, señala una fuente próxima a las negociaciones.

La firme defensa de sus intereses por parte de los países emergentes ha creado una especial preocupación también entre las grandes firmas multinacionales, que se encuentran cada vez con unos interlocutores más tenaces. Una selecta representación de las 60 corporaciones internacionales más importantes (Vivendi Universal, Deustche Bank, Microsoft, Repsol, Basf, Siemens, Philips, Nokia, Novartis, Mitsubishi, Fiat, Volvo, Ericsson y Pfizer, entre otras) ha dirigido esta semana un escrito a los directivos de la OMC en el que les exigen que redoblen sus esfuerzos para alcanzar un acuerdo. Los ejecutivos de las firmas más influyentes del mundo expresan en el documento su "convicción de que el éxito de la ronda de Doha es vital para permitir que las empresas desempeñen un papel importante en la erradicación de la pobreza y en el aumento global de los niveles de vida".

ESTADOS UNIDOS El algodón, no

Después de casi dos años de inactividad, y a la vista del protagonismo de los nuevos países emergentes, Estados Unidos sorprendió a principios del pasado mes de octubre con una propuesta en materia agrícola. Ofreció eliminar las subvenciones a la exportación en el plazo de cinco años (2010), accediendo así a las exigencias de los países del G-20. La propuesta americana también proponía rebajar en un 60% las ayudas que más distorsionan el mercado y exigía que la UE rebajase de forma equivalente las suyas, que, según el sistema de cálculo europeo, supone un recorte del 83%.

Pero la oferta agraria norteamericana también tiene importantes excepciones. En el caso del algodón, Estados Unidos ha pedido aplazar la eliminación de las subvenciones 18 años, es decir, hasta 2023. Los 20.000 agricultores de algodón de Estados Unidos recibirán del Gobierno pagos que ascienden a 4.700 millones de dólares en 2005, monto que supera el valor del mercado del cultivo y supera la ayuda que el país entrega a África Subsahariana, según Naciones Unidas. Unas ayudas que además hacen caer los precios internacionales hasta el 13%.

Algunos observadores señalan que la oferta estadounidense ha sido infravalorada. Otros han insinuado, incluso, que se trataba de una trampa para distraer la atención hacia otros puntos. Pero la oferta del representante estadounidense, Rob Portman, quedó encima de la mesa de la reunión en Zúrich el pasado 10 de octubre. Unas semanas después, el 29 de octubre, el comisario de Comercio europeo, Peter Mandelson, contraatacó con otro paquete de rebajas que alcanzaba también a los llamados tres pilares que sustentan los mecanismos de protección agrícola (subvenciones a las exportaciones, ayudas directas a los agricultores y aranceles).

UNIÓN EUROPEA Azúcar en peligro

Después de intensas negociaciones, la oferta europea incluye actualmente la supresión total de las exportaciones en la fecha acordada, si los otros países hacen lo mismo. Sin embargo, en la UE hay cierta inquietud por las subvenciones a la exportación encubiertas a través de empresas estatales de comercialización (el llamado Grupo Cairns, formado por Australia, Canadá y Nueva Zelanda) o las ayudas alimentarias que practica Estados Unidos.

En las ayudas directas a los agricultores, la UE propone una rebaja del 70% en los casos de las que producen distorsiones más graves del mercado. Respecto a los aranceles, la rebaja propuesta es del 60% para los más elevados cuando se trata de países desarrollados y del 40% en los países en vías de desarrollo. El arancel máximo será del 100%, aceptando así la petición de los países en desarrollo. Se exceptúan los llamados productos sensibles, que representan un 8% de las líneas arancelarias y que se refieren especialmente a vacuno, aves, frutas y hortalizas, mantequilla y azúcar.

La situación del azúcar también es dramática. Los agricultores y procesadores reciben cuatro veces el precio vigente del azúcar del mercado mundial y generan un excedente de cuatro millones de toneladas. Luego inundan los mercados mundiales con la ayuda de más de 1.000 millones en subsidios a la exportación. La propuesta europea también ha causado desgarros en el interior de la UE. Francia mantiene una postura muy crítica y asegura que el comisario Mandelson ha rebasado el mandato del Consejo Europeo.

Debido al retraso, las negociaciones se han concentrado en los productos agrícolas, pero el comercio industrial es cada vez más importante y también campo de serias discrepancias. Hay que tener en cuenta que las transacciones de productos industriales representan el 70% de las operaciones comerciales que realizan los países emergentes entre sí. Se trata, pues, de que se está incrementando el paso de las relaciones sur-sur que, según una fuente próxima a las negociaciones, muchas veces no se valora suficientemente por parte de los políticos.

Tanto Estados Unidos como Japón apoyan las rebajas propuestas por Europa en comercio industrial. Pero Brasil e India siguen expresando serias reticencias, como las manifestadas el pasado viernes por el ministro de Exteriores brasileño, Celso Amorim, uno de los más destacados líderes del G-20. Ambos países consideran que los recortes arancelarios exigidos a los países en vías de desarrollo son desproporcionados en relación con las reducciones arancelarias propuestas en agricultura.

En el campo de los servicios, la Comisión Europea está decidida a exigir el mismo nivel de ambición que en el caso de la agricultura y la industria. Sin embargo, muchas delegaciones discrepan de esta propuesta en cuanto a las cifras. La mayor parte de ellas considera que la propuesta de la Unión Europea es demasiado ambiciosa.

LA CUMBRE El fracaso anunciado

El probable fiasco de la reunión de la OMC, que se celebrará en Hong Kong entre el 13 y el 18 de diciembre, supone un serio riesgo para la ronda de Doha, que debería finalizar los trabajos en 2006. La OMC agrupa a 148 países que controlan el 95% del comercio mundial. Lo más inquietante es que la alternativa al esquema multilateral que hace funcionar a este organismo, en el que cada país tiene un voto y garantiza los mismos deberes y derechos, es la proliferación de los acuerdos bilaterales y regionales, mucho menos democráticos y que suponen una seria discriminación para muchos países y sectores. Muestra de este peligro es que el número de acuerdos bilaterales ha pasado de sólo 13 en el año 1975 a los 100 que se firmaron en el año 2000 y, después, los 180 que estaban vigentes a mediados de 2005.

También resulta un serio peligro para la liberación del comercio internacional la creciente corriente proteccionista en Estados Unidos, que impulsa una nueva legislación para alargar los actuales subsidios agrícolas desde 2007 hasta 2011.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de noviembre de 2005