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Reportaje:LECTURA

Prieto, tras la revolución de Asturias

'Indalecio Prieto, socialista y español'. Algaba Ediciones. Indalecio Prieto Tuero (Oviedo, 1882-México, 1962) fue uno de los principales dirigentes del PSOE en Bilbao, luego en Madrid y, finalmente, en el exilio de México. Desempeñó las carteras de Hacienda, de Obras Públicas y, en plena Guerra Civil, de Defensa. La fundación que lleva su nombre ha puesto a disposición del autor de la biografía, Octavio Cabezas, miles de cartas y documentos hasta ahora inéditos.

Después de la Revolución de Octubre [de 1934, en Asturias principalmente], cristalizan en fracciones separadas y enfrentadas las tres tendencias del socialismo que habían coexistido, no sin dificultades, desde la proclamación de la República, y que se habían perfilado ya claramente a lo largo de 1934. En primer lugar están los caballeristas, llamados también la "izquierda socialista", agrupados en torno a Francisco Largo Caballero, con veteranos dirigentes como Wenceslao Carrillo, De Francisco o Pascual Tomás, escritores y periodistas que integran la redacción de la revista teórica Leviatán, como Luis Araquistáin, Álvarez del Vayo y Carlos Baraibar, y las Juventudes Socialistas con sus dirigentes Carlos Hernández Zancajo y Santiago Carrillo, que en 1935 tienen en el semanario Claridad su órgano de expresión más popular.

"Se me podrá pedir que cuando el partido adopte una actitud, me pliegue a ella; pero tengo derecho a exponer mi criterio, como cualquier afiliado, y a influir en su formación"

Hay que precisar que, desde el punto de vista territorial, los socialistas asturianos y vascos (especialmente los vizcaínos) eran totalmente incondicionales de Prieto

"Se están difundiendo unas propagandas que pueden crear una situación peligrosa, que pretende encallejonar al partido socialista en las soluciones revolucionarias"

En segundo lugar aparece el sector "reformista", bajo el liderazgo de Julián Besteiro, y en torno al cual se integran los viejos líderes sindicales, como Trifón Gómez, Lucio Martínez o Andrés Saborit, que dirigirá Democracia, el nuevo semanario reformista, que aparece a mediados de 1935. Los reformistas tienen cada vez menos fuerza y no les queda más remedio que seguir una política cercana a los prietistas.

Finalmente, están los que por estas fechas empiezan a llamárseles "centristas", que se organizan en torno a Indalecio Prieto. En este grupo aparecen, por un lado, los fieles colaboradores de don Inda, como Francisco Cruz Salido, Víctor Salazar o Manuel Albar; por otro, un grupo de militantes que son a la vez distinguidos profesores universitarios, como Fernando de los Ríos, Juan Negrín o Luis Jiménez de Asúa, y, finalmente, los dirigentes del poderoso Sindicato Minero Asturiano, Belarmino Tomás, Amador Fernández y Ramón González Peña, y dirigentes del socialismo asturiano, como Teodomiro Menéndez, o del vizcaíno, como Julián Zugazagoitia. Hay que precisar que, desde el punto de vista territorial, los socialistas asturianos y vascos (especialmente los vizcaínos) eran totalmente incondicionales de Prieto.

Es interesante subrayar la diferente postura que adoptan las dos facciones al sacar consecuencias políticas de la Revolución de Octubre. Largo Caballero y sus amigos Araquistáin, Álvarez del Vayo, Baraibar y las Juventudes Socialistas consideran que la Revolución de Octubre había enseñado que el pueblo podía triunfar, aun en contra del Ejército y de toda la organización estatal. En consecuencia, acentuaban su radicalismo teórico y hablaban de la "bolchevización" del Partido Socialista.

Por el contrario, Prieto y sus seguidores, como Negrín, Fernando de los Ríos, Amador Fernández o Jiménez de Asúa, sacaron del movimiento de octubre la enseñanza de que contra un Estado organizado es muy difícil triunfar y, en consecuencia, se plantearán como único camino para reconquistar la República poner en marcha, de nuevo, un bloque electoral con todas las fuerzas de izquierda.

Como señala Preston, en los primeros meses de 1935, frente a la postura de Largo Caballero de no admitir responsabilidades en la Revolución de Octubre, los prietistas reivindicaban que había sido en sus zonas de influencia -Asturias y Vizcaya- donde el movimiento había tenido más importancia. La imagen de Ramón González Peña y de Belarmino Tomás quedándose al lado de sus hombres contrastaba profundamente con el penoso espectáculo que habían dado en Madrid Largo Caballero y las Juventudes Socialistas. La Revolución de Octubre se iba a convertir en el mito central del movimiento socialista, y los caballeristas entregaban, con su conducta, el monopolio de ese mito a Prieto.

Naturalmente, a la intuición política de Prieto no se le escapa las posibilidades de esta situación. Si, por un lado, sus propias reflexiones lo llevan a ver como la solución más adecuada la de recuperar su vieja política de la coalición de izquierdas, también comprende las ventajas de explotar el mito de octubre en beneficio de sus objetivos. Así, él mismo desde Francia y los dirigentes del Sindicato Minero Asturiano se convierten en apologetas de octubre, que presentan como la defensa de la legalidad republicana frente al fascismo.

En enero de 1935 hay un cruce de cartas entre Prieto y Azaña en el que se plantea la posibilidad de una coalición de izquierdas en la que los dos están de acuerdo, pero será en la que le escribe a Prieto Juan-Simeón Vidarte, vicesecretario de la Ejecutiva del PSOE, el 20 de marzo de 1935, donde se plantea formalmente que "el Partido debía resolver rápidamente la conveniencia de llegar a una alianza circunstancial, o a una inteligencia al menos, con otros sectores obreros y con los partidos republicanos que no hubieran tenido participación o responsabilidad en la represión de octubre", y le indica que remita una nota reflejando su criterio sobre este interesante problema.

Prieto cumple rápidamente con esa indicación y el 23 de marzo envía un escrito a la Comisión Ejecutiva, en el que informa sobre su opinión favorable, desde hace tiempo, a la constitución de un bloque obrero, pero con la inclusión en tal alianza de los partidos republicanos, en una alianza tan amplia como sea posible, que sustente un gobierno de los propios republicanos de izquierda, apoyado en las minorías parlamentarias obreras.

Señala, a continuación, que hay dentro del Partido un sector muy inclinado a ciertos extremismos retóricos, que están difundiendo unas propagandas que pueden crear "una situación peligrosa, en la cual se destaca el deseo de encallejonar al Partido Socialista en las soluciones revolucionarias", lo que lo lleva de la mano a recordar a la Ejecutiva su obligación de someter a disciplina a elementos de las Juventudes Socialistas, que, apropiándose de facultades que no les pertenecen, asumen "la definición de posiciones y actitudes que siempre han sido fijadas por los organismos directivos del Partido". Finalmente, concreta que esta alianza electoral deberá tener "un programa claro, muy concreto, con soluciones que fueran aceptadas por todos" y, en su opinión, este programa podría ser el redactado por él y aprobado el pasado año por las Ejecutivas del PSOE y la UGT.

Gran impacto

Esta importante declaración de intenciones de Prieto causó gran impacto en una y otra facción y fue recibida en las filas del socialismo moderado con gran satisfacción. Fernando de los Ríos y Vidarte -hombres cercanos a Prieto- se basan en ella, al menos en parte, para redactar la Circular n° 3 de la Ejecutiva (Circular Vidarte), que se envía a todas las agrupaciones socialistas.

En esta circular, que publica El Liberal el 30 de marzo, con el título de Manifiesto Socialista, después de hacer un rápido análisis histórico del periodo republicano, señala la preocupación de la Ejecutiva por plantear "la conducta a observar en las próximas luchas políticas de carácter electoral", y ante la previsible coalición de las derechas la Comisión Ejecutiva "ruega a los comités de las agrupaciones y, donde existan y puedan funcionar, a los de las federaciones, consultar a los compañeros siquiera sea privadamente y envíen a la Secretaría del Partido con toda diligencia el juicio que les merezcan posibles alianzas en las próximas elecciones". La Circular Vidarte tuvo una gran publicidad y una profusa difusión en los pasillos del Congreso, lo que, como se verá más adelante, motivó una fuerte reacción en contra de los caballeristas.

Prieto, entre tanto, continúa su campaña política sin descanso. Recibe, el 31 de marzo, una carta de Ramón González Peña, desde el penal de Burgos donde está confinado, que don Inda se apresura a hacer pública, donde el héroe de la revolución asturiana, después de quejarse del mutismo que desde el Partido en Madrid se ha seguido con el movimiento revolucionario, "de no ser por ustedes, y usted singularmente, nadie reivindica este movimiento", finaliza precisando que su punto de vista es: "Frente antifascista ante las próximas elecciones, en torno a liquidar la represión y pedir responsabilidades para los causantes de esta".

Con motivo del cuarto aniversario de la República, el 14 de abril de 1935, El Liberal, de Bilbao, publica un número extraordinario con artículos de Azaña, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Martínez Barrio, Companys, Sánchez Román y otros varios prohombres republicanos, incluida la reproducción en primera página del último párrafo, ya transcrito, de la carta de González Peña a don Inda. Como era natural, Prieto aprovecha esta oportunidad para publicar un artículo sobre la Amplitud y condiciones de la coalición de izquierdas, donde hace un repaso de sus preocupaciones del momento. Insólitamente en él, en el artículo aparecen acentos de claro optimismo, al señalar que "hay a la hora actual en España una formidable reacción de izquierdas, conseguida, más que por la actuación de éstas, por la inepcia y crueldad de las derechas", para precisar unas líneas más adelante, que "en cuanto la normalidad se restablezca, el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores

resurgirán en la vida pública, no sólo sin quebranto, sino con su potencial multiplicado". Pasa después a recoger lo ya dicho en su carta a la Ejecutiva, del 23 de marzo, respecto a la extensión de la alianza y el programa de la coalición, señalando que "hay un postulado previo a ese programa: la amnistía. Millares de obreros de todas las significaciones -socialistas, comunistas, anarquistas- llenan hoy cárceles y presidios. Su libertad es lema obligado de la bandera común. Antes que nada y por encima de todo, la amnistía. Ella basta para justificar la coalición".

Este artículo da motivo a una campaña de las Juventudes Socialistas contra Prieto, y a que el secretario de la Ejecutiva, Enrique de Francisco, se coloque a favor de las Juventudes en carta que le dirige el 24 de abril. Le contesta rápidamente Prieto, el 30 de abril, señalándole que le interesa "reivindicar la plenitud de mi derecho a exponer y divulgar mi opinión sobre los rumbos que a mi juicio convienen al Partido Socialista", aclarándole que las "actitudes colectivas se forman con la suma de las actitudes individuales", para precisar que él tiene tanto derecho a hacer públicas sus opiniones como la Federación de las Juventudes, que acaba de publicar un folleto (se refiere a Octubre-segunda época), que, según le señala en su carta De Francisco, "ha de penetrar profundamente en los medios obreros".

Prieto da por zanjado el tema de la libertad de expresión dentro del Partido con estas rotundas palabras: "A mí se me podrá pedir -a mí y a todos- que cuando el Partido, por medio de sus órganos legítimos, adopte una actitud, me pliegue a ella, me ajuste a ella; pero tengo derecho como otro cualquiera, ni más ni menos que otro afiliado, a exponer mi criterio y a influir en la formación de esa actitud".

Coalición electoral

Después de esa importante cuestión previa, precisa Prieto que a él lo que le interesa es la amnistía, y si todos consideramos que esto es lo más urgente, "dígaseme qué otro medio de mayores posibilidades de éxito hay que el de la coalición electoral". Al final de la larga carta vuelve a referirse al folleto de las Juventudes, y le precisa que en su carta le dice que "contiene cosas que no suscribo, pero estoy de acuerdo con la mayoría". Por el contrario, para Prieto "la publicación de ese folleto la estimo un hecho de extraordinaria gravedad. Conste que al considerarlo así me despojo de todo lo que personalmente tiene para mí de agravio, porque aunque no se cita un nombre, se dibuja con demasiada perfección mi figura para incluirme entre aquellos a quienes se extiende el calificativo de traidores". Por eso termina reprochándole a De Francisco: "Me duele mucho -sería desleal ocultártelo- tu conformidad con ese folleto".

Pocos días antes, a finales de marzo, Izquierda Republicana de Azaña, la Unión Republicana de Martínez Barrio y el Partido Nacional Republicano de Sánchez Román habían llegado a un acuerdo sobre un posible programa común, y el 12 de abril, vísperas del cuarto aniversario de la República, publicaron una declaración conjunta sobre las condiciones mínimas que consideraban esenciales para la reconstrucción de la convivencia política, de las cuales el cese de las torturas y la amnistía eran los puntos fundamentales.

Hacia finales de abril hay un cruce de cartas entre Azaña y Prieto, que por su interés parece oportuno recoger una síntesis de su contenido. Empieza don Manuel la suya, que es del 20 de abril, refiriéndose a los escándalos y la forma de actuar del Gobierno Lerroux, para hablar a continuación del tema de la reforma constitucional, que pretende llevar a cabo Alcalá Zamora, y de los mangoneos de don Niceto. Le da cuenta de que han celebrado muchos actos públicos por toda España con gran éxito, para hablar seguidamente del tema que les preocupa, la coalición electoral. "Recordará usted que siempre la he predicado, antes y después de disolverse las Constituyentes, y que sobre ese supuesto se hizo la ley electoral, en la que tanto interés tenía Largo Caballero, suponía yo que expresando el sentir de su partido. No es culpa mía que la inexperiencia de unos, el enojo de otros, el exceso de suficiencia y de pedantería de algunos, diesen al traste con una táctica que era de sentido común". Para finalizar, se refiere Azaña al posible programa común de la coalición. "Preveo serias dificultades para que acordemos los republicanos un plan de conjunto y para que se engarce con las aspiraciones socialistas. Las preveo también en la táctica electoral, sobre todo si prevalece eso del frente obrero. ¿Adónde podemos ir nosotros, ni ustedes, con los comunistas?".

Prieto, que le contesta con rapidez, el 26 de abril, le informa de las respuestas muy positivas a la coalición de las organizaciones del PSOE, ante la consulta hecha, y le indica también que escribirá a la Ejecutiva para que acepte cualquier iniciativa o la formule ella "para iniciar las negociaciones conducentes a fijar el programa mínimo". Por lo que se refiere a la participación de los comunistas en la futura coalición, considera que no representan una dificultad muy considerable. No obstante, aclara, que "yo no sería partidario de que la coalición abarcara a los comunistas si no se dieran las circunstancias que al presente se dan, pues se viene desarrollando una maniobra muy vasta de infiltración comunista en las filas del socialismo", por lo que a continuación previene a Azaña y a los republicanos que no formulen "iniciativa alguna en el sentido de esa exclusión, porque podrían utilizarla muy hábilmente los socialistas comunistoides para preconizar la necesidad de que el bloque obrero se presentara en las elecciones aisladamente, lo cual, a mi juicio, constituiría una catástrofe para todos".

Respuestas favorables

El 9 de abril, Vidarte informa a la Ejecutiva de que la mayoría de las respuestas que se van recibiendo a la consulta hecha son favorables para llegar a un acuerdo con los partidos republicanos y en este sentido se lo comunica a Prieto. Don Inda no desaprovecha la oportunidad y escribe de nuevo a la Comisión Ejecutiva, el 26 de abril, señalando que "la desbordante suma de votos afirmativos que dichos datos arrojan y la muy diversa procedencia geográfica de los mismos hacen presumir que ése será el criterio que predomine en el Partido", por lo que considera que "debían comenzar ya las negociaciones con aquellos partidos a que la coalición se extendiera", porque la inestabilidad que ofrece la situación política española puede determinar que en cualquier momento se disuelvan las Cortes y se convoquen elecciones, por lo que, finaliza, se atreve a "proponer desde aquí que si surgiera en tal sentido alguna iniciativa del campo republicano sea recogida desde luego, y si no surge así, seamos nosotros quienes la formulemos".

A pesar de que la famosa Circular Vidarte había sido aprobada por unanimidad, a Largo Caballero le molesta la publicidad que se está dando a la misma, así como otras actividades, particularmente el artículo de Prieto publicado en El Liberal el 14 de abril, del que discrepa de su contenido, y porque "en él se afirma que es para fijar la conducta que han de seguir los socialistas en la próxima lucha electoral". Este descontento se plasma en una carta de protesta que dirige a la Comisión Ejecutiva del PSOE, y que firman con él los restantes dirigentes encarcelados, De Francisco, Pascual Tomás, Carrillo, Petrel, Díaz Alor, Del Rosal y Hernández Zancajo.

En opinión del profesor Juliá, esta insólita iniciativa "puede considerarse como el acta de nacimiento de una facción 'caballerista' dentro del socialismo", aunque el "caballerismo" como tal ya había hecho acto de presencia con anterioridad. Para Juliá, "la circular de la Ejecutiva y la carta de protesta se convirtieron así en los dos puntos de partida de la más honda lucha de facciones ocurrida dentro del movimiento socialista desde la escisión comunista".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de octubre de 2005

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