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Editorial:

ETA, un año después

Una semana después de que ETA dejara constancia de su existencia colocando una bomba en un polígono industrial de Ávila, y un año después de la detención de los dos máximos jefes de ETA, la policía francesa, en coordinación con la española, detuvo ayer en el vecino país a dos dirigentes de la banda y a un tercer activista cuya identidad se desconoce.

Uno de los detenidos, Harriet Aguirre, es el supuesto número dos del aparato militar y lugarteniente del número uno, el tal Txeroki. Los terroristas llevan meses realizando atentados con aviso previo, seguramente con la intención de hacer ver que podrían no avisar y provocar víctimas. Las detenciones policiales producidas desde hace un año, incluyendo las de los lugartenientes sucesivos del jefe militar, tal vez contengan el mensaje de que tienen controlada a la dirección y podrían detener al número uno, como el 3 de octubre de 2004.

Con los de ayer son 80 los detenidos en lo que va de año, que, sumados a los 120 del año pasado, dan un total de 200 activistas apresados en siete trimestres. En un debate que hubo en el diario Gara en la primavera de 2003 se argumentaba que la lucha armada había dejado de ser rentable por la desproporción entre lo que hacía ETA (cinco muertos el año anterior) y los cientos de detenidos y otros efectos de la represión policial. Como ocurrió en el caso del IRA, la renuncia a la violencia no es la consecuencia de ninguna reflexión moral, sino del convencimiento de que ya no es rentable para la causa: de que provoca en las filas propias males que no compensan los causados en las del enemigo.

El único factor común en la decisión de abandonar las armas de las decenas de grupos radicales que las tomaron en los años setenta fue la eficacia policial, luego influyen otras circunstancias, pero ésa es previa al cuestionamiento interno de la lucha armada. En el momento actual, con una ETA muy debilitada, en cuyo entorno se cuestiona -desde la ilegalización de Batasuna- la eficacia de la estrategia político-militar, el mantenimiento de la presión policial es condición necesaria para que ese cuestionamiento se abra paso también en el brazo armado.

El compromiso de Zapatero de "dar los pasos necesarios" si ETA muestra de manera fehaciente su voluntad de dejar las armas sólo tiene sentido si va acompañado de los pasos policiales necesarios mientras ETA no se comprometa a dejar la violencia. De ahí la importancia (política) de las detenciones de ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de octubre de 2005