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Crítica:

La tercera España

Si en la historia ha pervivido un símbolo de la llamada tercera España no es otro que don Niceto Alcalá-Zamora (Priego, 1877-Buenos Aires, 1949), el que fuera presidente de la Segunda República. Rico y liberal, católico y republicano, ministro de la monarquía y jefe de Estado con el nuevo régimen instaurado en 1931, los orígenes y la trayectoria de Alcalá-Zamora lo convirtieron en un político denostado por unos y por otros hasta convertirlo en uno de los personajes más incomprendidos del siglo XX español. Demasiadas contradicciones para una época tan convulsa y así sus amargos años finales, en el exilio en Buenos Aires, constituyen una trágica metáfora de la imposibilidad de una tercera España, aquella que propugnaron figuras moderadas que se vieron arrastradas por los vendavales que condujeron a la Guerra Civil.

NICETO ALCALÁ-ZAMORA. UN LIBERAL EN LA ENCRUCIJADA

Julio Gil Pecharromán

Síntesis. Madrid, 2005

422 páginas. 22,60 euros

El fracaso de Alcalá-Zamora fue la constatación de la impotencia de una generación que intentó, en vano, regenerar España con los aires de la democracia, del progreso, de la justicia, de la libertad. "Su fracaso fue el fracaso de la sociedad española de la época, resuelto en terrible guerra civil", escribe Julio Gil Pecharromán en el capítulo final de una biografía que pretende situar en su justa medida, alejada de dogmatismos, el papel de Alcalá-Zamora. El libro recorre una peripecia vital tan llena de paradojas y de giros inesperados que lleva, por ejemplo, al político cordobés a pasar, en apenas un mes, del banquillo de los acusados por la sublevación de Jaca de 1930 a ocupar la más alta magistratura del Estado e instalarse en el Palacio de Oriente.

Es cierto que la biografía ahonda más en lo público que en lo privado, pero el exhaustivo estudio de Gil Pecharromán no sólo se ha limitado a archivos, hemerotecas y libros, sino que ha acudido a sus descendientes y al patronato que en su Priego natal recuerda a su paisano más ilustre. De este modo, emerge un hombre culto, sencillo, diletante, que cometió muchos errores, pero que siempre tuvo como inspiración el bienestar de su país. "Que Alcalá-Zamora asumió responsabilidades inmensas en beneficio de sus conciudadanos, no admite hoy dudas. Si erró o acertó en su cometido, si estuvo a la altura requerida o fue superado por las limitaciones de su carácter y por las circunstancias es algo que aún queda para la polémica", anota Gil Pecharromán en el prólogo de un libro que rescata a un político que luchó por la concordia entre españoles en tiempos muy duros e ingratos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 2005

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