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Reportaje:

Fábricas y comercios, en guerra por China

La industria textil europea pide protección contra la liberalización total que defienden las grandes cadenas

Barcelona
Las negociaciones entre la Unión Europea y China sobre una eventual flexibilización de las cuotas a las importaciones del textil chino fracasaron ayer de nuevo, mientras las aduanas bloquean millones de prendas que han rebasado ya los topes asignados en junio. La vieja dicotomía Norte-Sur se reproduce en el trasfondo de esa batalla comercial: la Europa meridional defiende los últimos vestigios de la industria textil, que quiere cuotas, mientras el norte se alinea con la grandes cadenas comerciales, cuya patronal augura cierres de empresas y escasez de género. En España se reproduce esta batalla: la industria textil exige mano dura contra las importaciones chinas, mientras que los distribuidores piden que se levanten las barreras.

La guerra sorda que libran la industria textil y el tándem formado por la gran distribución y los intermediarios que la abastecen de género se resume en un container parado en la aduana. Y son muchos los contenedores que se amontonan en los puertos europeos, cargados de 75 millones de pantalones, jerséis y otras prendas procedentes de China. Son las que han superado los límites a su importación para todo 2005 pactados en junio entre Europa y el gigante asiático.

La UE, dividida entre países fabricantes (los mediterráneos) y países vendedores (los del Norte), se ha pasado tres días negociando con el Gobierno chino sobre una posible flexibilización de estos topes, bajo la presión de importadores y distribuidores. Ayer tampoco hubo acuerdo. Las conversaciones, según diplomáticos europeos en Pekín citados por Bloomberg, se desarrollan en un ambiente "franco y constructivo". Hoy continuarán, para frustración de la industria.

Las negociaciones entre la UE y el país asiático para el desbloqueo de cargamentos se dilatan

Industria admite "cierta picaresca" entre algunos importadores en la compra de género

"Se acordaron unas reglas de juego. No nos gustaron, pero las aceptamos. ¡Y la distribución también! Ahora reclaman que seamos flexibles y comprensivos. ¿Quién lo ha sido con nosotros?", se pregunta Joan Canals, presidente del centenario grupo Pulligan y vicepresidente de la patronal del textil, un sector que acusa desde hace años la competencia feroz de los grandes telares del Magreb, México, Turquía, Pakistán, India, Bangladesh y China, la gran bestia negra, con abundante mano de obra y unos precios sin suelo.

El sector textil tuvo 10 años para adaptarse a un comercio libre de las cuotas que frenaban a los exportadores chinos. El telón se levantó el pasado 1 de enero. Los alaridos de la industria tras la avanlancha de género chino lograron reintroducir cuotas para 10 de 35 categorías de productos. Pero la patronal continúa hoy describiendo un panorama desolador. Este año desaparecerán en España un 10% de las 7.000 empresas textiles. Y otros 20.000 empleos.

Frente a la industria, los pesos pesados de la distribución, ávidos de responder a la demanda con género barato, miran a China con un ojo en sus estanterías y otro en Bruselas. "La tendencia no va a ser el proteccionismo", subraya un portavoz de Inditex, que trae de China el 15% de sus prendas. Las cuotas reintroducidas sólo estarán vigentes hasta 2008. La liberalización no tiene marcha atrás.

En esta línea, la patronal del comercio Eurocommerce defiende con uñas y dientes el fin de las cuotas y ha advertido sobre posibles cierres de empresas, pérdidas de 800 millones de euros, destrucción masiva de empleos, peores precios para el consumidor e, incluso, el desabastecimiento.

Las cadenas de moda desdramatizan la situación, aunque alguna compañías como la alemana Gelco ha acudido al Tribunal Constitucional germano ante el secuestro de 38.000 jerséis procedentes de Shangai. "La solución está en manos de China y la UE, pero si no hay acuerdo acudiremos a otros mercados", sostiene Nils Vinge, portavoz de Hennes & Mauritz (H&M), con mercancías bloqueadas por valor de 700.000 euros. "El consumidor no tendrá problemas. Si a caso, los tendremos nosotros", señala Cortefiel, que importa de Asia un 40% de género, y que alude a la necesidad de diversificar los países proveedores.

El sector estima que China aporta un 20% del textil importado por España. "El grueso corresponde a género de calidad media-baja a buen precio, que compran los mayoristas en gran cantidad y que se distribuye con marca blanca", explica Eduardo Morcillo, director en España de Interchina Consulting. De ahí la inquietud que ayer ya se palpaba en algunos comercios chinos de la incipiente y pequeña Chinatown deBarcelona. Alcampo y Carrefour aseguran que, pese a algunos contenedores parados, "no se ha alterado el surtido habitual".

"Las cadenas españolas que buscan prendas más ligadas a la moda tienden a importar más de otros países y por ello el impacto negativo en la distribución puede existir pero es limitado", añade Morcillo. "El mercado no pide tanto género. Este lío lo han montado los especuladores, los brokers sin rostro que compran a ciegas en el país más barato, China. Saben que lo colocarán" enfatiza Canals.

Es habitual para un producto estándar que transcurran al menos seis meses desde que se hace un pedido hasta que llega a su destino. La mercancía retenida se encargó, en teoría, antes de junio, cuando no se sabía que se reintroducirían cuotas. Fuentes del Ministerio de Industria, sin embargo, admiten "la existencia de cierta picaresca" entre algunos importadores y distribuidores. "Compraron pensando que el género acabaría entrando. Incluso pagaron los pedidos para no poder devolverlos. Esperaban una medida de gracia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de agosto de 2005