Columna
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Conveniente

Ni son nuevas ni son distintas, pero las últimas declaraciones del presidente Chaves sobre el Estatuto catalán han provocado que algunos hayan dramatizado, quizás en exceso, el debate que en el seno del PSOE se está produciendo sobre las reformas estatutarias. Aunque lo dramático sería precisamente la ausencia de debate. El presidente andaluz en la reunión de la ejecutiva federal del PSOE mantuvo sus palabras ante el ministro Montilla, al que lejos de pedirle perdón le vino a decir que sentía mucho que hubieran sentado mal en el PSC pero que lo que dijo era lo que pensaba. Eso no es pedir perdón, es reafirmarse. La firmeza de Chaves provocó, entre otras cosas, que se anunciara la solicitud de Maragall de una cumbre con el presidente de la Junta. Tampoco es nuevo. Desde hace tiempo se viene hablando de un próximo encuentro entre ambos para tratar de conseguir acuerdos sobre las reformas. Que los dos presidentes hablen, es bueno; que Zapatero pretenda que el debate no sea demasiado estrepitoso, es natural; que dentro del PSOE se alcen voces críticas, ahora que se está a tiempo, puesto que el Estatut está en proceso de negociación entre las fuerzas políticas catalanas, es necesario. No sólo es conveniente que en el seno del PSOE haya debate, sino que es seguro que los ciudadanos, de cuya madurez y serenidad nadie está autorizado a dudar, agradecen que se produzca públicamente, porque estamos hablando de algo tan fundamental como el modelo de Estado que, por cierto, está definido y por tanto tampoco es que se estén planteando reformas de vértigo sobre el vacío. No dramaticemos, el Estado es fuerte porque el pueblo español con su voluntad democrática lo hace fuerte y es la abrumadora mayoría del pueblo español la que está bien en el Estado que nos hemos dado y la que aceptará reformas, siempre que no rompan lo que entre todos hemos hecho para vivir en el Estado más igualitario, más libre, más democrático y mejor organizado de toda nuestra historia. Eso es lo que sabe el pueblo español y lo que deben saber los que juegan a tensar una cuerda que, y eso también es seguro, al final nadie se va a atrever a romper. El sentido de supervivencia política, es decir, del sustento que dan los votos, es lo que más desarrollado tienen los partidos políticos.

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