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AL VOLANTE | PRUEBA

Todo a punto para disfrutar

El diseño deportivo del León no sacrifica la habitabilidad y permite un uso normal como coche familiar. La deportividad se realza en los acabados Sport y Sport-up, con detalles diferenciadores: asientos envolventes, volante y cambio de cuero, decoración interior... Y el conjunto mantiene las virtudes prácticas de los familiares y añade un comportamiento dinámico muy logrado para disfrutar al volante.

Conducción para todos los públicos

Aunque el León comparte la base mecánica de los Golf y Audi A3, Seat ha desarrollado una puesta a punto específica que reafirma su deportividad. Se ha trabajado desde la ergonomía de los asientos y la posición de conducción hasta el tacto de los mandos y pedales, la electrónica de la nueva dirección electromecánica y sobre todo los reglajes de suspensión. El concepto se denomina Chasis Ágil, y lo importante es que las mejoras se notan en la conducción y aportan una estabilidad y agilidad sorprendentes. El León estrena suspensiones independientes delante y detrás, y circula con gran eficacia en todos los trazados, lentos o rápidos. Obedece al instante a la dirección, gira plano en las curvas sin balancear y no transmite rebotes al volante ni siquiera al acelerar a fondo en pisos bacheados. En autovía y autopista filtra aceptablemente las ondulaciones y circula con aplomo. Pero lo mejor es que su impecable estabilidad no exige dotes especiales y está al alcance de todos.

Es el nuevo concepto de la deportividad, que busca el disfrute en la conducción sin penalizar demasiado el confort. Incluso el acabado Sport-up de la unidad de pruebas, que lleva los reglajes más enérgicos, no llega a ser incómodo en los baches y es el más indicado para conductores exigentes. Por lo demás, los frenos paran muy bien sin el menor desequilibrio, y las ayudas electrónicas a la conducción, como el control de estabilidad ESP de última generación, sólo actúan cuando es imprescindible y lo hacen siempre de forma coordinada entre sí para ofrecer la máxima seguridad.

Un turbodiésel brillante

El León comparte el motor 2.0 TDi de 140 CV que montan muchos modelos del grupo VW. No destaca por su elasticidad a bajo régimen (entre 1.000 y 1.700 vueltas) y a veces se cala en los semáforos si no se está atento, pero en el Seat se nota menos porque lleva un cambio manual de seis marchas con desarrollos más cortos.

Salvo este detalle, el rendimiento es sobresaliente porque responde con mucho poderío a partir de 1.800 vueltas, sube de régimen con alegría y llega a 4.500 en un suspiro. El cambio permite sacarle todo el partido, y el resultado es una respuesta y prestaciones contundentes para viajar con desahogo, aunque vigilando el marcador: está muy bien aislado y al menor descuido se embala sin que se note. Por último, los consumos son muy bajos: apenas seis litros a ritmos suaves y poco más de ocho en ciudad y estirando las marchas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de julio de 2005