VISTO / OÍDO
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Sionismo, semitismo

En 1994 el israelí Simón Peres y el palestino Arafat recibieron el premio Nobel de la Paz. Se suponía que el acuerdo entre los dos terminaba la guerra entre ellos. Peres vivió un año antes de ser asesinado por un israelí, y Arafat. Arafat duró 10 años más: se necesitaba su desaparición para borrar la propaganda que le definía como un monstruo. Vivió sus últimos años cercado, entre ruinas, y cuando enfermó, fue trasladado a París y murió allí, comenzó a extenderse la idea de que había sido asesinado. Parecía que sin este símbolo la paz podría calcularse otra vez, aunque los asesinatos mutuos no hayan terminado, y se anuncia que van a continuar, pero ya hay otras víctimas israelíes causadas por Israel: los asentamientos en Gaza están siendo evacuados a la fuerza y sus habitantes arrastrados para sacarlos del territorio comprometido en viejos acuerdos y en razones de la ONU. Siempre he pensado que a los judíos de Israel se les ha utilizado por otras potencias, se les ha engañado con la religión implacable, para contener a los árabes, el petróleo, el paso hacia Suez, la puerta de África. Ahora mismo las guerras de Irak y de Afganistán, y la que amenaza a Irán y a Siria, tienen el mismo sentido y se hacen directamente por Estados Unidos y Reino Unido, creadores del Estado de Israel cuando les convino. Despertando una esperanza de los judíos destrozados por Europa de recrear el mundo perdido hace dos mil años. La idea del estado de soldados para recuperar lo que les había sido robado entonces prendió en ellos, ayudada por una religión dura basada en rememorar cada día lo perdido.

El miércoles un joven religioso apuñaló a tres judíos que celebraban la fiesta del orgullo gay. Y entre los que protestaban se veían los sombreros, barbas y tirabuzones de los ortodoxos. No tienen la menor idea de que sus creencias están siendo utilizadas por Occidente, como no la tenían cuando éste ayudó a los sionistas a dominar sobre los antisionistas que creían que debían permanecer en las naciones europeas acabado el riesgo del nazismo. Aún hoy hay quien organiza atentados contra bienes judíos en Europa para ir modificando los idiomas: que los antisionistas, judíos, se vayan viendo como antisemitas. No es eso, no es eso.

Recibe el boletín de televisión

Todas las novedades de canales y plataformas, con entrevistas, noticias y análisis, además de las recomendaciones y críticas de nuestros periodistas
APÚNTATE

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS