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Reportaje:

Debate sobre la democracia en la OEA

La propuesta de Washington para crear un órgano de 'control' de las crisis políticas genera recelo en los países de América Latina

George W. Bush interviene hoy en la 35ª Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA) que inauguró anoche en medio de fuertes medidas de seguridad su hermano Jeb, gobernador de Florida, y que preside la titular de Exteriores del país anfitrión, Condoleezza Rice. Según el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, la Asamblea aborda el refuerzo de la democracia y la reducción de la pobreza, pero cada país entiende esto a su manera.

Los debates están marcados por las crisis más o menos graves que ha habido en el hemisferio en los últimos meses, desde la de Bolivia, -en medios de la cumbre, se esperaba anoche un cambio inminente en política boliviana-, hasta la reciente de Ecuador, además de las de Haití y Nicaragua, estancadas y de menor repercusión. Sobre todo ello planea, además, la alta tensión entre EE UU y Venezuela. En este escenario, desde anoche y durante dos días, los responsables de Exteriores de 34 países americanos discuten si hay alguna forma de anticipar y manejar situaciones de crisis.

La OEA tiene las manos muy atadas en este campo. Su Carta Democrática, aprobada hace tres años y medio, dice que "los pueblos de América tienen derecho a la democracia representativa y sus Gobiernos la obligación de promoverla y defenderla", pero estipula que en caso de problemas, el organismo intervenga sólo a petición del país afectado. Y la primera reacción de todos los países en los que hay problemas es rechazar cualquier intervención política, como acaba de hacer Bolivia. En el caso del ex presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez, destituido enérgicamente el pasado 20 de abril, la OEA -en pleno proceso de elección de secretario general- brilló por su ausencia.

En esta situación, y con la bronca entre Washington y Caracas como referencia, EE UU esbozó hace dos semanas la iniciativa de crear un organismo de control de las crisis, para aplicar la Carta Democrática. Como era de esperar, la idea fue muy mal recibida por la mayoría de los países, especialmente por Venezuela. El ministro de Exteriores, Alí Rodríguez, dijo antes de salir de Caracas hacia Fort Lauderdale: "Cualquier cosa que se parezca a una injerencia en los asuntos internos de otros países se encontrará con la resistencia de Venezuela y de la amplia mayoría de los países latinoamericanos". La anfitriona Rice estrechó la mano de su homólogo venezolano y agradeció anoche la presencia y las palabras de Rodríguez en la cumbre.

Otros cancilleres y embajadores se distanciaron también del proyecto, y EE UU matizó y eliminó el término "control" para sustituirlo por "un mecanismo de asistencia para las democracias frágiles", una fórmula que probablemente tendrá tan poco éxito como la primera, porque despertará las sospechas -bien fundadas históricamente- de que lo que hay detrás de esas palabras es un deseo de intervención.

El chileno José Miguel Insulza, que fue elegido secretario general de la OEA hace un mes, trata de calmar las aguas aplicando y ha dicho que la fórmula de aplicación de la Carta Democrática debería más bien ser "un mecanismo de evaluación constante de las democracias". No se trata de injerencia en asuntos internos, sino de poder anticipar problemas y no esperar a que haya una invitación expresa del país que sufre la crisis.

Anoche, Rice pidió "que se actúe en la Carta Democrática para reforzar la democracia donde es débil, y para apoyarla donde está amenazada". La secretaria de Estado dijo que hay 34 países con derecho a estar en la OEA, "pero queda un sitio libre en la mesa que un día será ocupado por los representantes de una Cuba libre y democrática", añadió Rice. Cuba fue expulsada de la OEA en 1963.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005