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Reportaje:

La vida cinematográfica de un aviador

La Federación Aérea de la Comunidad Valenciana homenajea a Rafael Martínez Esteve en el 40 aniversario de su muerte

El biplano pilotado por el capitán Rafael Martínez Esteve se quedó sin combustible, el 11 de abril de 1926, mientras sobrevolaba el desierto arábigo camino de Manila. Cinco días después del aterrizaje forzoso, Martínez Esteve y su acompañante, el mecánico Pedro Mariano Calvo, fueron rescatados por dos aviones de la RAF y trasladados a un hospital de Amman, donde recibieron la orden de abandonar la misión y volver a España.

La anécdota se integra con normalidad en la vida de un aviador del que hoy se cumple el 40 aniversario de su muerte y al que la Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana dedica un homenaje en el Aeropuerto de Manises.

Nacido en una familia liberal moderada de Valencia, condecorado en las campañas de Marruecos, Rafael Martínez Esteve se opuso a la dictadura de Primo de Rivera, durante la que fue degradado al Batallón de Cazadores de Jaca (Huesca). Se mantuvo fiel al Gobierno republicano tras el alzamiento del general Franco, pero desobedeció la orden de bombardear un barrio de Sevilla controlado por los insurgentes, lo que le acarreó una sanción.

Detenido el 19 de julio de 1936, pasó siete años en las cárceles franquistas, después de que le fuera conmutada una pena de muerte. Obligado tras su liberación a permanecer en Cádiz, el aviador murió el 23 de abril de 1965 en Madrid, viudo, con sus dos hijos exiliados en la Unión Soviética.

Antes de todo eso, Martínez Esteve participó en algunos de los vuelos más importantes de la aviación española.

Formó parte, por ejemplo, del primer trayecto entre la península y las Islas Canarias, vía Casablanca y Agadir, realizado en 1923. Y participó también, junto a otros dos pilotos y tres mecánicos, a bordo de un biplano Breguet XIX, en la llamada Escuadrilla Elcano, que unió Madrid y Manila (capital de Filipinas) recorriendo el Mediterráneo; atravesando Oriente Próximo, el subcontinente indio, Indochina y China meridional, aunque el viaje, para Martínez Esteve, concluyó en Amman.

Hablaba, según sus cronistas, inglés, francés y árabe, y escribió un libro, Una aventura en el desierto, publicado por Espasa-Calpe, en la que describió los días que permaneció perdido junto a Pedro Mariano Calvo.

Escribió también una obra de no ficción, Memoria de un vuelo transatlántico. Un plan detallado de vuelo sin escalas entre Madrid y Nueva York, terminado poco antes de que Charles Lindbergh culminara la hazaña de unir la ciudad norteameriaca con París, el 21 de mayo de 1927.

El aviador fue elegido por Ramón Franco, hermano del dictador, para tomar parte en su proyecto de dar la vuelta al mundo a bordo de un hidroavión cuatrimotor. Un proyecto del que fue excluido por los mandos militares de la dictadura de Primo de Rivera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de abril de 2005