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Crítica:MÚSICA DE HOY | Hanspeter Kyburz
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Elegancia

Una de las obligaciones de un ciclo como Música de hoy es ayudar al público a ampliar su panorama, mostrarle nombres nuevos, darle a conocer a los que se escuchan por ahí fuera mientras amplían su reputación, unos con más méritos que otros, pero todos formando parte de ese entramado cada vez más variado, menos limitador, menos dogmático también que llamamos música contemporánea. Y equilibrar bien la creación española con la foránea para que el paisaje sea más rico y, de paso, evidencie que estamos a la altura de las circunstancias.

El miércoles le tocó el turno a Hanspeter Kyburz, un compositor suizo alto, rubio y de ojos claros, lo que no es baladí señalar pues puede dar lugar a confusión el hecho de que naciera, hace 45 años, en Lagos, Nigeria. Kyburz representa hoy uno de los puntos más interesantes de la creación contemporánea en lo que tiene precisamente de posibilidad de abrir caminos sin necesidad de renunciar a esos componentes que han construido nuestra propia capacidad de oyentes. Se ha hablado más de una vez de la elegancia como sello de fábrica desde sus primeras piezas. Una elegancia que no reside solamente en la finura de la forma sino que, además, no rehúye la belleza tímbrica, el juego de voces y de densidades que acaba por ser una fascinante propuesta en la que cada elemento se sucede con pertinencia y el conjunto resulta de un acabado brillante y hermoso, como naturalmente pulido.

MusikFabrik Zsolt

Nagy, director. Música de Hoy. Obras de Kyburz. Auditorio Nacional. Madrid, 13 de abril.

La sesión resultó un recorrido fascinante por 10 años de la obra de Kyburz con parada en tres piezas magistrales, ordenadas de la más reciente a la más antigua. La primera fue Rèseaux, en la que subyace un sentido romántico de la expresión, un deseo de perfección que abarca por igual lo que se dice y su manera, y que posee una sensualidad que acaba por convertirse en emoción. Luego vendría la más divagatoria Danse aveugle, menos autosuficiente que la anterior pero igualmente fresca.

Tras esas muestras de primor en la escritura llegaría la espectacular, virtuosística, Parts, una suerte de estudio de contrastes sonoros -¿por qué no considerarla una verdadera sinfonía?- que alcanza por momentos el choque de sus elementos como si fuera el de unos planetas en miniatura. Hay en ella interconexiones y dependencias, momentos concertantes definidos por la importancia de cada bloque sonoro y otros en los que el sonido se lanza al puro contraste, con la vehemencia -cuesta aquí hablar de brutalidad- que ya encontrábamos en su contemporánea The Voynich Cipher Manuscript. Especialmente memorable es el diálogo entre los tres percusionistas, una muestra de sabiduría en la escritura verdaderamente apabullante.

A la calidad enorme de esta música hay que añadir la interpretación disfrutada. MusikFabrik y su director en esta ocasión, el húngaro Zsolt Nagy, demostraron la clase que se les reconoce desde hace años y dieron una verdadera lección magistral en el que será, sin duda, uno de los mejores conciertos de la temporada.

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