Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL FIN DE UN PAPADO | El país natal del Papa

El español Martínez Somalo asume el gobierno del Vaticano

El cardenal español Eduardo Martínez Somalo asumió anoche el gobierno provisional de la Iglesia católica, ya que su condición de camarlengo es equivalente a la de un regente. El camarlengo asume el protagonismo de la Iglesia cuando fallece un Papa y se encarga de gestionar la transición hacia el nuevo pontificado. Nacido en Baños del Río Tobía, en La Rioja, el 31 de marzo de 1927, Martínez Somalo fue ordenado sacerdote en 1950 en Roma, ciudad en la que ha pasado gran parte de su vida desde entonces, aunque también ha tenido destinos eclesiásticos en el Reino Unido y en Colombia. En 1979, unos meses después de ser elegido Papa, Juan Pablo II llamó a Martínez Somalo para que asumiera el cargo de sustituto en la Secretaría de Estado del Vaticano, una especie de adjunto al primer ministro de la Santa Sede, que ocupó durante nueve años.

En 1988 recibió la púrpura de cardenal, y en años posteriores asumió la prefectura (equivalente al cargo de ministro) de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y para las Sociedades de Vida Apostólica.

En abril de 1993 fue designado por Juan Pablo II camarlengo de la Iglesia católica, que, tras la muerte de un Pontífice, se encarga de la administración de los bienes y de los derechos temporales de la Santa Sede con la ayuda de otros cardenales asistentes. También es quien se encarga de confirmar -una vez informado por el prefecto de la Casa Pontificia- la muerte del Papa, de firmar el acta del deceso, sellar el apartamento del Pontífice difunto y tomar posesión del Palacio Apostólico Vaticano y de los palacios de Letrán y Castelgandolfo.

Asimismo le corresponde establecer, de acuerdo con los otros cardenales, el tipo de funeral del Papa, si es que Juan Pablo II no ha dejado órdenes concretas. Martínez Somalo ha mostrado siempre un buen sentido del humor, muy apreciado en el Vaticano y, en concreto, por Juan Pablo II. Sin embargo, su estado de salud es delicado, después de que en noviembre de 2003 sufriera un infarto agudo de miocardio, lo que llevó a los médicos a colocarle tres by-pass.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de abril de 2005