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PÁNICO EN EL SURESTE ASIÁTICO

Indonesia teme que los muertos asciendan a 2.000

Los sismólogos advierten de la posiblidad de nuevas réplicas tras el terremoto del lunes

El terremoto de magnitud 8,7 en la escala de Richter que se produjo el pasado lunes frente a las costas de Sumatra (Indonesia) provocó al menos 430 muertos, aunque se teme que la cifra podría llegar a 2.000, según confirmó ayer el Gobierno indonesio. La mayor parte de las víctimas fallecieron en la isla de Nias, adonde ayer volaron los primeros equipos para evaluar los daños.

Los sismólogos han advertido de la posibilidad de que un nuevo temblor de alta intensidad sacuda la zona como consecuencia de la tensión a la que están sometidas las placas tectónicas desde el maremoto del pasado diciembre.

Nias, situada a unos 200 kilómetros de la costa oeste de Sumatra, recibió de lleno la sacudida, ya que se encuentra cerca del epicentro del terremoto. El 80% de los edificios de varios pisos de Gunungsitoli, la principal ciudad de esta isla de 700.000 habitantes, resultaron destruidos, según aseguraron responsables del Gobierno local. Muchas víctimas no pudieron recibir atención médica, porque se cortó la electricidad en el hospital y algunos médicos salieron corriendo para refugiarse en zonas más elevadas, por temor a que se produjera un tsunami.

Un total de 330 cadáveres han sido localizados en Nias, aunque muchos más podrían estar bajo los escombros, según la Agencia de Coordinación de Ayuda en Desastres Naturales indonesia. Otras 100 personas murieron en la isla de Simeuleu. La evaluación del desastre es muy preliminar, ya que las comunicaciones se encuentran cortadas. La torre de control del aeropuerto de Nias se derrumbó y la pista está agrietada. Alrededor de 20.000 personas se han quedado sin agua en Gunungsitoli, y las líneas eléctricas están averiadas.

Un equipo de la Cruz Roja se desplazó ayer a Nias y hoy tiene previsto volar a Simeuleu, según explicó Jaime Fedriani, coordinador de la filial española de la organización de ayuda humanitaria, desde Meulaboh (Indonesia), una de las ciudades más afectadas por el maremoto del pasado 26 diciembre, que provocó cerca de 300.000 muertos y desaparecidos en 12 países, 220.000 de ellos en Indonesia.

"Sentimos el temblor y salimos a la calle. Se notó bastante, fue de menos a más. La gente tenía mucho miedo por lo que pudiera venir. Huyeron en motos y otros vehículos. Se veía el miedo en sus caras", dice Fedriani, quien afirma que en Meulaboh no se produjeron heridos ni derrumbe de edificios.

Gabinete de crisis

"Acabábamos de finalizar las labores de ayuda de emergencia en Aceh y Nias [por el terremoto de hace tres meses], cuando nos ha llegado por sorpresa éste", dijo el presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, tras una reunión del gabinete de crisis en Yakarta. Yudhoyono retrasó un viaje previsto a Australia.

Durante todo el día se produjeron ayer más de una docena de réplicas, la más fuerte de intensidad 6,1. El seísmo, que ocurrió el lunes a las 23.09 hora local (18.09 en la España peninsular), desató el pánico en las zonas costeras de muchos países del sureste asiático.

Cuando la tierra tembló, decenas de miles de personas huyeron presas del pánico en busca de un lugar seguro, ante el temor de que se produjera un tsunami como el del pasado diciembre. Los Gobiernos de los países de la zona pusieron en marcha sirenas, campanas, radios y televisiones poco después de que temblara la tierra para alertar a la población. Pero el tsunami devastador nunca llegó, aunque sí fue detectada una pequeña elevación temporal del nivel del mar, incluso en Australia, a 2.400 kilómetros del epicentro.

¿Por qué no hubo un fuerte maremoto si los expertos consideran que un seísmo de más de 8 grados en la escala de Richter suele provocarlo? Los geólogos aseguran que un terremoto bajo el mar puede originar olas gigantes si el desplazamiento de las placas tectónicas tiene lugar de forma vertical y abrupta, causando un movimiento de la masa de agua que está encima. Si, por el contrario, las placas se deslizan la una contra la otra, el efecto es mucho menor y más localizado. Según dijo el sismólogo australiano Gary Gibson a la CNN, la orientación de la línea de la falla hizo que la máxima altura del pequeño tsunami provocado se dirigiera hacia el sur en el océano Índico, en lugar de hacia Sumatra o Tailandia.

En el comportamiento de los maremotos son también factores muy importantes la profundidad a la que se encuentra el epicentro, la profundidad de agua en la zona y el tipo de fondo marino. Aunque tanto el seísmo del 26 de diciembre como el actual ocurrieron a unos 30 kilómetros bajo tierra, su intensidad no fue la misma: el de hace tres meses tuvo un valor de 9, y el del lunes, de 8,7.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de marzo de 2005