Roberto Calasso redescubre a Kafka

El escritor y editor italiano publica 'K.' y participa en un ciclo dedicado a los maestros de la crítica

"La obra de Kafka es como una red en la que cada fragmento de sus diarios, cada novela, cada apunte, cada aforismo, conviven en un conjunto", afirmó ayer en Barcelona el escritor y editor italiano Roberto Calasso (Florencia, 1941), que acaba de publicar en España K. (Anagrama), un libro en el que, a partir de dos novelas de Kafka, El proceso y El castillo, ofrece una nueva lectura de la obra del autor checo. Calasso intervendrá esta tarde en el ciclo dedicado a los grandes maestros de la crítica del siglo XX que organiza Caixafórum dentro del Año del Libro y la Lectura. Hablará de cómo surgió el libro y de su pasión por Kafka, "el escritor más importante del siglo XX y uno de los más difíciles", al que hay que leer "literalmente".

"Los aforismos de Zürau, de Kafka, son los cimientos de su pensamiento"
"La literatura es precisión, como las matemáticas. Fuera de esto no existe"

El escritor checo de lengua alemana Franz Kafka (1883-1924) dejó inéditos al morir la mayor parte de sus escritos literarios, entre ellos tres novelas inacabadas, América, El proceso y El castillo. Calasso parte de las similitudes entre estas dos últimas para recorrer su obra.

"En K. he intentado explicar por qué Kafka es uno de los escritores más difíciles del siglo pasado. Por una sencilla razón: cuando leemos a sus contemporáneos, Proust, Joyce, Musil, sabemos qué está sucediendo; con Kafka no se sabe qué está pasando. Pero, si se abren las páginas de El proceso y de El castillo, a las 10 líneas, uno, si es un buen lector, está totalmente inmerso en la obra. Como si Kafka fuera el único habitante de una tierra, una tierra entera, en la que el lector tiene que intentar introducirse. Su literatura no tiene nada de fantástica, nada que ver con Poe. Escribe de cosas que él conoce muy bien y nosotros también. Esto es lo terrible", explicó ayer Calasso en un encuentro con un grupo de periodistas.

Joseph K., el protagonista de El proceso, se despierta una mañana y se encuentra en su habitación con unos extraños que le dicen que está detenido. Cree que puede ser una broma de sus compañeros, porque ese día cumple 30 años. K., el protagonista de El castillo, llega a una aldea. Es de noche, ni siquiera distingue la silueta del castillo. Va para hacerse cargo de un trabajo, pero ¿de verdad se lo han ofrecido?

La primera similitud para Roberto Calasso está en los nombres de los protagonistas de ambas novelas y en la letra k, que obsesionaba a Kafka. "Odiaba la forma de escribirla y hacía miles de trazos". Precisamente una k, tomada del manuscrito de El castillo, que se conserva en la Bodleian Library de Oxford, ilustra la portada del libro.

En Kafka, en estas dos novelas sobre todo, los conceptos de elección y de condena no se distinguen apenas. "Es uno de los puntos centrales. En este aspecto la relación entre El proceso y El castillo es tan estrecha, que ésta puede ser leída como continuación de la primera a otro nivel. "En El proceso, podemos ver la condena; en El castillo, K. se enfrenta a la incertidumbre de su elección". Las dos cosas están tan unidas que se pueden sobreponer y acaban siendo lo mismo".

Es difícil saber por qué Kafka dejó las novelas inconclusas, dijo Calasso. "En El proceso aparece una escena -el momento en que Joseph K. es apuñalado- que nos hace pensar que puede ser el final, pero es una novela tan fragmentaria... Kafka dejó escritas tres líneas sobre El proceso. Dijo que los protagonistas de ésta y de América debían ser muertos. Joseph K. es el culpable y Karl Rossmann, el de América, inocente, pero ambos deben morir. Sobre El castillo no dejó nada dicho".

Otra de las constantes que Calasso destaca de la obra de Kafka es el humor, "incluso en El proceso y en El castillo". "Joyce hacía chistes, pero en Kafka es verdadero humor. Sólo hace falta leer las páginas en que los guardias que van a detener a Joseph K. se comen su desayuno y éste sólo piensa en eso".

Calasso insistió en que "hay que leer literalmente a Kafka" y rechazó algunas de las lecturas que se han hecho. "Era fisiológicamente refractario a las ideas recibidas, incluso a las grandes ideas, por lo que las interpretaciones que los relacionan con los grandes filósofos no acaban de cuajar. No existió relación alguna entre las ideas de Kafka y las que le circundaban". También le parecen muy pobres, las que consideran que anticipa los horrores del totalitarismo.

El último capítulo de K. está dedicado a los aforismos del escritor checo. "Estaban escondidos entre su obra póstuma y fueron mal publicados, con un título inventado. El crítico Pietro Citati ha dicho que es lo más importante del pensamiento del siglo XX. Son de una densidad inmensa".

Kafka los escribió en los meses que pasó en casa de su hermana Ottla, en Zürau, en la campiña bohemia, entre septiembre de 1917 y abril de 1918, después de que le fuera diagnosticada una tuberculosis. "Los escribió en 104 hojas muy delgadas, cada una con un número asignado y un aforismo en cada hoja. Todo lo contrario del resto de su trabajo que escribía en cuadernos escolares. Kafka quería que se publicaran así".

Calasso los ha publicado en la editorial Adelphi, de la que es fundador y director literario. La misma edición aparecerá en alemán en Suhrkamp. "En Zürau se sentía casi bien de su enfermedad y, sobre todo, alejado de la familia, de la oficina y de las mujeres. Vivió esos meses como la posibilidad de un nuevo comienzo. Los aforismos de Zürau esconden los cimientos del pensamiento de Kafka".

K. continúa lo que en principio debía ser una trilogía, integrada por La ruina de Kasch (1983), Las bodas de Cadmo y Harmonía (1988) y Ka (1996). "No imaginaba entonces que iba a escribir sobre Kafka en K.". Ahora está trabajando en el quinto, del que, siguiendo su inveterada costumbre, no quiso hablar. "Ya sé que K. es un libro paradójico. No es un estudio sobre Kafka, pero tiene con él una relación similar a la que Las bodas... tenía con los mitos griegos o Ka con los hindúes. Si en La bodas... el mito habla a través del mito, en éste, Kafka habla a través de Kafka".

"Cada uno de los cuatro libros es independiente y puede ser leído por separado, pero existe una relación entre ellos, aunque puede parecer que Ka, la expansión máxima, y K., la reducción al mínimo, están muy alejados entre sí, pero no es así. Todo K. sale de una sola línea de Ka". Calasso la leyó: Yajnalvalkya "supo reducir los 3.606 dioses a un único brahmán". "Y Kafka reduce los elementos al mínimo absoluto. Lo que él puede ver desde una ventana es mucho, y ese mínimo absoluto tiene una potencia concentrada enorme".

"En la obra de Kafka no hay ninguna huella de que se interesara por la India, pero hay una relación profunda, fuerte y muy escondida. Para comprenderle son mucho más importantes los textos indios que los occidentales, mucho más que de Hegel, por ejemplo".

Calasso apenas habló de su tarea de editor, pero fue contundente: "La literatura es precisión, como las matemáticas. Fuera de esto no existe. Yo he intentado alcanzarla como escritor y como editor, pero la norma es la imprecisión y el error, aunque podemos sobrevivir a eso".

Roberto Calasso.
Roberto Calasso.SUSANNA SÁEZ

Una interpretación del 'Quijote'

Una de las sorpresas agradables que depara la lectura de K es que Roberto Calasso analiza la interpretación que hizo Kafka del]]> Quijote y que relacionó con el Ulises de Homero. "Es la más bella que conozco: para Kafka, el verdadero y único protagonista no es Don Quijote, sino Sancho Panza. Éste, atormentado por los demonios y para sobrevivir, tiene que inventarse a Don Qujote. Y lo más extraordinario es que, al final de las líneas que le dedica, Kafka dice que Sancho Panza es un hombre libre. Es la única vez que menciona la palabra libre. En esta transferencia de demonios, Kafka es como Sancho Panza", explicó el escritor italiano.

Kafka escribió en uno de sus cuadernos y con pocas líneas de distancia, según señala Calasso en su libro, dos apólogos dedicados respectivamente a Sancho Panza y a Ulises. Tienen en común el hecho de que ambos se salvan usando, y Calasso cita al escritor checo, "medios inadecuados, incluso pueriles". "Don Quijote, en cambio, se pierde", afirma Calasso en K. ]]>"Pero descubriremos a través de la historia narrada por Kafka que Don Quijote no era más que un títere. No fue él quien se pasó años leyendo novelas de caballerías y apasionándose con sus fantasías. Fue Sancho Panza. Éste comprendió enseguida que esas historias, con todos los demonios que despertaban, lo hubieran matado en poco tiempo. Por eso imaginó la figura de Don Quijote". Y añadió ayer el escritor italiano: "Si lo siguió en sus aventuras fue por afecto y por responsabilidad".

Kafka dedicó 11 líneas a Sancho Panza y 50 a Ulises. "Son textos muy breves pero de una densidad tremenda", concluyó Calasso.

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