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Reportaje:

Terenci torrencial

Editores y críticos destacan en un simposio la singularidad y la autoexigencia del escritor

"No hay escritor que haya hecho tantas cosas, tan singulares y diferentes, ni que haya utilizado tantas voces aparentemente contradictorias como Terenci Moix", afirmó Pere Gimferrer, en la segunda y última jornada del simposio dedicado al escritor, que se celebró el viernes y sábado de esta semana en Barcelona. "Como Andy Warhol, hizo saltar por los aires las fronteras entre la alta cultura y la cultura de masas", añadió el profesor de la Universidad de Londres Josep-Anton Fernández. "Rompió las convenciones realistas y de género. Su única ley fue imponer su mundo al lector", afirmó el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Enric Cassany.

Los análisis rigurosos de la obra de Moix se mezclaron con recuerdos y testimonios que arrancaban sonrisas o humedecían los ojos. "Lo conocí a través de Ana María Moix en tiempos de los novísimos: todos eran un poco esnobs, abusaban de las palabras en inglés y se pasaban media vida al teléfono. Terenci era disparatado, irresponsable, cariñoso; era encantador, un profesional de la seducción, y también un trabajador incansable", afirmó Esther Tusquets, que destacó el talento de los hermanos Moix.

"Era inquieto, vivaz, le gustaba escandalizar a la cultureta catalana en el Boccaccio de la gauche divine", dijo Jorge Herralde. "Me hubiera gustado publicar sus memorias, me gustaron muchísimo".

"Terenci siempre dijo que era un cobarde y nosotros nos los creímos", señaló Ana María Moix, coordinadora del simposio con la escritora Marta Pessarrodona. "Tenía, como yo, mucho miedo a la enfermedad y la muerte, pero a medida que se acercaba el final, mostró una valentía extraordinaria'. Josep Crehueras, vicepresidente del Grupo Planeta, donde Moix publicó casi toda su obra, recordó el día en que le conoció. "Era el día en que ganó el Planeta [No digas que fue un sueño, 1986]. Fui a buscarlo a su casa y me lo encontré en pijama, viendo la Cleopatra de Elizabeth Taylor. Me dijo que esperara, que quería acabar de verla... Era como un niño travieso".

El simposio sobre Terenci Moix ha sido como un maratón. Se han abordado todos los temas que interesaron a este hombre polifacético, como muy bien queda reflejado en la exposición Universo Moix, cuya comisaria, Inés González, su asistente durante muchísimos años, habló también del Terenci viajero, con Colita y Sunsi Cros, entre otros.

Los dramaturgos Ricard Salvat y Josep Maria Benet i Jornet, y los actores Rosa Maria Sardà y Enric Majó hablaron de las relaciones del escritor con el teatro. "Era ambicioso; le interesaba cualquier forma de literatura, de cine, de teatro; escribió poemas; estaba convencido de que sería director de cine y de teatro. También fue manager de unos cuantos espectáculos y era de una eficacia tremenda", afirmó Benet i Jornet. A Rosa Maria Sardà le costó hablar de Terenci. "Siento una sensación extraña al hablar de él sin que esté, sin poderlo comentar después. Conocerle fue como una magia que no me ha dejado nunca".

Gimferrer le conoció en 1965 y fueron amigos hasta la muerte del escritor, el 2 de abril de 2003. Una amistad que no necesitaba palabras. Habló de la narrativa de Moix. "Tenía una extraordinaria ambición y un nivel de exigencia que mantuvo hasta el final. Se propuso inicialmente escribir en castellano, pero el editor Josep Vergés le convenció de que lo hiciera en catalán. Quería hacer algo que sacudiera el panorama narrativo en lo lingüístico, lo sintáctico y lo estructural". Josep-Anton Fernández afirmó que su obra "inaugura y anticipa la posmodernidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de febrero de 2005