Reportaje:

Estampas de la vida del pintor

Barceló ama el mar y Mallorca, donde nació hace 48 años. Los paisajes de su tierra, las hortalizas y los peces nutren su pintura tanto como sus viajes a Malí (África). El fútbol, los libros, las torturas en Irak, el maremoto o la matanza del cerdo aparecen también en estas impresiones, recogidas en nueve diálogos.

01 Autorretrato de mil años

París, 18 de enero de 2005. Miquel Barceló, recién llegado de una estancia en África.

"En mi casa de Malí, en África, tenía un autorretrato, un cuadro que comencé hace diez años. Había dejado la pintura colgada en la cabaña, allí, en el país Dogón. En todo este tiempo no la había tocado más; siguió en la pared, olvidada al albur del clima y las huellas animales. Ahora, hace unos días, el pasado 8 de enero, sin intervenir en ella, la di por acabada. Resultó una especie de celebración, un regalo de aniversario, un autohomenaje", comenta al otro lado del teléfono Miquel Barceló, que, casualidades de la vida, nació el 8 de enero de 1957 en Felanitx (Mallorca).

Más información

"El retrato había crecido. Unos buriols [especie de insectos coleópteros] colonizaron dos áreas del lienzo, usaron una mejilla y un ojo de mi cara para anidar", comenta el pintor. Los huéspedes crearon sobre la pintura celdillas-nido con fango y secreciones, usurpando dos zonas del rostro del artista, quien recalca: "Son como nidos de golondrinas pequeños, y no quise quitar estas adherencias, en absoluto. Parece una evolución de la pintura, una aportación. Es una buena obra, un original ya terminado con dos detalles espontáneos, naturales. Con estos refugios de cría de los bichos, el retrato aparenta que tiene mil años. ¡Ja, ja! ¿Cómo lo di por finalizado? Lo descolgué, sin quitar el polvo ni las hormigas muertas; lo cambié de lugar -ni siquiera lo firmé-, y después lo traje a París. Me gusta", agrega.

Trashumante e innovador, Barceló reparte su vida y su agenda entre viajes y trabajos en sus casas y talleres de Malí, Mallorca y París. En la intimidad del estudio o en sus inseparables cuadernos trabaja sin cesar sobre telas y esculturas; pasa horas leyendo, oyendo música, indagando.

En su último viaje a Malí, el artista mallorquín constató de nuevo la espontánea acción que el tiempo y los accidentes ejercen sobre cuadros y soportes: "Muchos de los papeles de África parece que de verdad tienen mil años, por las manchas e improntas distintas que adquieren las hojas, en una transformación autónoma. Tengo aquí, en el taller, unos 40 que he pintado durante estas semanas allí. Son cojonudos; escenas y retratos tomados en directo. En cierta forma, la pátina y las texturas que absorben estas obras se asemejan a las que pretenden alcanzar y no logran los falsificadores cuando manipulan el papel para envejecerlo", señala Barceló.

Las pilas de dibujos horadados por las termitas, antaño ya fueron la base de espectaculares obras agujereadas, un azar aprovechado. "Pinto en hojas de papel que reposan, envejecen y se enriquecen porque además reciben las visitas y los mordiscos de las termitas y porque en ellas mean las ratas. Es un proceso ambiental. Hasta mi pasaporte y los libros, en menos de dos meses, adoptan la condición de venerables objetos transformados por el clima, el aire, los mohos y los bichos", describe el pintor.

02 Entrada para Arco 2005. El fútbol y África

París, 17 de diciembre de 2004, antes de partir hacia Malí.

Un cráneo, una cebolla y varias vasijas surgen en un papel, con tintas y fuego. Es un barceló, uno de sus vanitas tradicionales y de pequeño formato. "Son forats de foc [los agujeros que hacen las quemaduras de cigarrillo]". Ésta obra de Barceló figura en la entrada que franquea el paso a la Feria de Arte Contemporáneo, Arco, que se inaugura el próximo día 10 en Madrid. "Los ojos de la calavera y las bocas de los cántaros están agujereados, quemados, como lo hacía mi tía Micaela [la hermana de su madre, Francisca Artigues] en pirografía, con un punzón eléctrico, una maquinita con la que se chamusca la madera", describe Barceló, quien añade con sorna ante el encargo gráfico de la entrada para Arco 2005: "Creí que pretendían que diseñara el acceso al recinto. Yo no soy diseñador ni arquitecto", remacha.

Los cráneos de bestias y cabezas humanas se repiten en los ciclos del relato pictórico de Barceló. Cráneos que, en ocasiones, tienden al retrato, a la vacía representación. "Es un detalle referido a las series, al universo de imágenes", dice. Los visitantes de Arco guardarán la entrada como un tesoro, una pieza buscada por los coleccionistas de arte.

Barceló cuenta por teléfono desde su casa en el barrio del Marais, en París, muy cerca del Museo Picasso y del Pompidou, el origen de su proceso de creación y la raíz de su oficio sin teologías. Se aleja de los misterios del método y de la explicación agónica de su pintura. Está a punto de emprender el viaje a Malí con su mujer, Cécile, y sus hijos, Marcel.la y Joaquim. Atlético, de brazos cortos y fuerte torso, es un ex fumador impasible, insistente nadador, buceador y pescador; también piragüista, caminante y ciclista a campo traviesa. Boxeó contra un saco y fue aguerrido futbolista adolescente por tradición familiar. "Fuimos con Joaquim [su hijo] al Nou Camp y disfrutamos con el 3-0 que le endosó el Barça al Madrid. Fue fantástico", recuerda feliz. "En París es complicado ir a ver un partido, en los estadios hay mucha agitación y tensión. Me han invitado a ir al Bernabéu…", concluye. Barceló es hincha del Barcelona, aunque sentimentalmente se declara seguidor del Baleares, un equipo hoy en Tercera del que llevó su carné de socio de honor como carné de identidad durante mucho tiempo.

03 Nueva York / México / Mali /Tombuctú / París

París, 18 de enero de 2005.

"Vengo de África y me voy a Nueva York, y luego a Monterrey -más tarde, a México DF-; espero ir a bucear en aguas próximas a Guadalajara, donde se clausura una muestra de cultura catalana, inaugurada con motivo de la pasada Feria Internacional del Libro, y donde se han expuesto mis acuarelas para la edición de la Divina comedia, de Dante", comenta. "Y en febrero regresaré de nuevo a África para acudir a Bamako, a Malí, a dar clases durante una semana en su universidad invitado por la Facultad de Artes -que tiene un conservatorio-, en la que los profesores son pintores, escultores, músicos y fotógrafos muy interesantes. El ministro de Cultura de Malí es, por ejemplo, director de cine".

En Nueva York, en la galería C&M, se exhiben los últimos barcelós y algunos papeles africanos; dominan las superficies submarinas y erizadas -algunas pintadas desde abajo, con el cuadro sobre su cabeza, como pintaban los artistas en las cuevas de Altamira-. Las telas retoman, en parte, la estética de su ciclo de desiertos blancos de los años noventa. Una de ellas, el Bodegón avec protozaires et trous noirs (235 × 285 centímetros), se exhibió en el Museo del Louvre, en junio de 2004, frente por frente de una obra de Anne Vallyer, de 1779. Un hito histórico. En mayo de 2005, Barceló mostrará sus últimas obras en San Sebastián, en el Kursaal de Moneo. Allí expondrá su serie de geografías pálidas y coloristas.

Desde la primera travesía africana de Barceló, en 1988, los grandes escenarios naturales, sus culturas, colores y figuras, precipitaron una parte del estilo del pintor y marcaron su vida, el temblor de la obra y la expresión. "Miras a lo lejos y no se ve nada en cien kilómetros; es como cuando estás en el mar, sin fronteras. Ves manchas que a veces son camellos… Dicen que hay bases norteamericanas y sospechan que se mueven núcleos de Al Qaeda. Estos ámbitos desérticos, casi un poco fuera del orden, las leyes y los mapas, tienen su atractivo. Esta situación en tierra de nadie, donde todo es inmenso, vacío e intangible, me interesa", concluye.

04 Sobre Libros. Tras el entierro de Susan Sontag

París, 18 de enero de 2005.

"En Tombuctú existe una enorme biblioteca, antigua, repleta de manuscritos y ediciones históricas; un legado vivo de mucha fuerza cultural y complejidad", dice el pintor. "Siempre parece que está a punto de cerrar o desaparecer. Contiene muchos documentos hispánicos, árabes y bereberes, andalusíes, también mallorquines. Es una biblioteca que se formó con libros de navegantes, guerreros o comerciantes medievales. Siempre que voy la visito, temiendo que no siga en pie y abierta. Pero allí está, abierta con sus tesoros".

Barceló cuenta con admiración que el primer europeo que arribó a esta capital del gran meandro del Níger, foco del comercio de la sal y mercado de esclavos, fue un moderno viajero explorador francés. Barceló cuenta cómo "en el siglo XV, un cartógrafo de Mallorca, Jafudà Cresques, un judío maestro de brújulas, fue quien desveló y plasmó el río Níger y el sentido del gran curso fluvial. Nunca había estado allí, pero se lo contó alguien que sí lo había visto y él lo dibujó en sus cartas de navegar. Los atlas de los Cresques contienen una iconografía pictórica; es una de las primeras imágenes con vocación intercontinental, un mapamundi de lo que se conocía entre 1300 y 1400".

En 1988, Barceló fue por primera a África, con Xavier Mariscal, que apuntó sobre un mapa el río Níger como destino. Los dos artistas atravesaron los desiertos con una furgoneta. Desde entonces, el mallorquín frecuenta este punto de su geografía particular. Barceló estaba invitado a participar en un curso universitario en Tombuctú junto al periodista y escritor Ryszard Kapuscinski y el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, pero la cita tuvo que posponerse. "Había invitado a Kapuscinski", dice Barceló, "a que me acompañara en mi ruta hacia el interior de Malí, al poblado Ségou, donde trabajo". Barceló fue, junto con Kapuscinski, Lula da Silva y la escritora recientemente desaparecida Susan Sontag, premio Príncipe de Asturias en 2003. "Iba a estar con Susan Sontag en Nueva York a finales de enero. La enterraron ayer en París", comenta. "Era un personaje ejemplar, con mucho peso público y una increíble capacidad intelectual. He leído sus libros; recuerdo sus más recientes trabajos sobre la guerra de Irak, sus artículos en The New York Times. La última vez que la vi, le ayudé con unos libros en una biblioteca; ya se la veía cansada, quizá tocada por la enfermedad, pero con una gran dignidad".

05 La pornografía de las imágenes

París, 18 de enero de 2005.

El 26 de diciembre pasado, cuando el tsunami, el maremoto, asoló las costas desde Indonesia hasta África y mató a más de 200.000 personas, Barceló se hallaba incomunicado en África. "Mis vecinos, los dogones", recuerda, "me alertaron: 'Ha habido un maremoto con quince millones de muertos en Quebec'. ¿Cómo? No puede ser, me dije. Quebec, una gran ola en Canadá y miles y miles de víctimas. No podía hacerme idea de lo ocurrido allí, en aquel mundo de serenidad y dureza; no había manera de conectar con otra circunstancia alejada. No se podía hacer funcionar la radio; tampoco hay televisión, ni luz, ni cobertura telefónica. Al cabo de un par de días llegó un guía con noticias, y después, de regreso, conocí el relato de la catástrofe".

Después de ver la magnitud de la tragedia por televisión, Miquel Barceló hizo su análisis: "Me parece que se están banalizando las imágenes de una catástrofe realmente dantesca, un inmenso horror. Ahora que se cumplen los 60 años del descubrimiento del campo de exterminio de Auschwitz, alrededor de aquella monstruosa maquinaria de exterminio de Hitler, en Europa se acentúa todavía el morbo; pretenden captar o recrear las muertes de judíos famélicos en las cámaras de gas, reconstruyendo con un morbo inaudito su último día. Ejecutan la manipulación de la historia".

"La barbarie, el terror, se procesó con la basura en una gran manipulación", considera Barceló. "Porque se tiende a la pornografía en la representación de la aparente realidad. Estos días pensé en la guerra de Irak, en las torturas realizadas por los soldados de Estados Unidos sobre sus adversarios, presos o rehenes, y en las fotografías también de torturas de los soldados británicos. Son de una indignidad absoluta; pero parece que no pasa nada, las denuncias se han solventado casi sin consecuencias. Una condena, sí, pero la experiencia habrá servido para mejorar las técnicas de tortura y el método para ocultarlas".

El pintor observa también "una aplicación universal y general del gran hermano, el ojo escrutador de la superioridad, que se ha extendido, sin matices, a toda la aldea global". "En la actualidad, con la brutal tragedia intercontinental del maremoto, se han rebuscado cámaras en los cadáveres para ver qué captaron hasta su muerte agónica; rastrean ruinas, morgues, playas. Quieren más fotos y vídeos. Después, las cadenas de televisión reiteran y trituran las imágenes, con más cuerpos hinchados. En este extremismo de manipulación, la teleporquería colma ya tantos espacios sociales que la basura nos sale por la ventana, nos excede, lo invade todo. La mierda rebosa y revienta. La precipitada saturación documental, reiterada y mórbida, del maremoto es como la ilustración frontal de todo ello".

Barceló habla, comenta, desgrana pensamientos por teléfono en una conversación que le hace rememorar escenas. "En la habitación de un hotel africano conecté el canal internacional de TVE para obtener alguna noticia. Emitían un programa alucinante, sobre cambios de personas o algo así -no veo estos espacios-, en el que gente en apariencia corriente debía salir al campo a sanar cerdos, y la obligaban a retos humillantes, tontos; una persona gay se exhibía, permutando su rol con otra homófoba. ¡Baf! Pero la telebasura, la extensión del sistema, no es un fenómeno estrictamente español; los programas infectos afloran en muchas cadenas y países de Europa. Más allá de la mezcolanza de política, negocios y espectáculos baratos de Berlusconi en Italia, que es un caso aparte". Y añade: "Parece que la moda y el tiempo radican en estos abusos, en la pornografía banal y en la explotación de imágenes dolorosas de la violenta marea de muerte del maremoto, con sus secuelas sin fin televisivas. Éste es un cartel de síntesis del momento, un esquema fatal de usos de la época".

06 En la Mallorca profunda. un encinar raro a la vista

Mallorca, 13 de diciembre de 2004.

"Suelo fijarme en este encinar, oscuro y frondoso", señaló Miquel Barceló a primera hora de una tarde clara y corta de un lunes, en su isla natal. "Aprendo observando el proceso de transformación de la naturaleza". Los ojos del artista detallan la potencia radical de un breve bosque metálico oscuro, que aflora raro en el secano. La mancha del quercus corresponde a una propiedad antigua de nombre con resonancia poética cuyo laberinto conoce.

"Si construyen la autopista desde Inca hasta Manacor será un desastre, y todo esto y lo demás se habrá acabado", afirmó Barceló ante el escenario rural ordenado y deshabitado que cruzó en diciembre pasado en coche. Era un llano pálido y casi desnudo, campos y horizontes agrícolas que aún resisten los ataques político-urbanísticos.

El barcelonismo plástico viaja del mar al desierto, entre la ciudad y el taller, alrededor de la cultura hasta su origen en la naturaleza. A finales de los años ochenta, el pintor plasmó estos y otros espacios mallorquines, ocres y verdes, cercanos a Ferrutx, y los enmarcó entre gigantescas cebollas y puerros. Ante la mesura del paisaje expresa la angustia que le generan los macroproyectos de infraestructuras y el desarrollismo residencial. "La codicia y la estupidez están en la base de esta catástrofe", afirma.

En 1977, Barceló fue un pionero ecologista, un artista en acción que participó en la ocupación de la isla de Sa Dragonera, y fue el último robinsón en resistir a la expulsión. El islote se salvó y hoy es un parque natural. Desde entonces, Barceló coopera con los grupos proteccionistas. "Salvemos…", "Peligro de muerte…", son leyendas que escribe en carteles, y que razona sin trabas ni guantes en sus discursos y declaraciones. "Las destrucciones tienen que ver absolutamente todo con mi arte", dice categórico.

Esta Mallorca interior, vicaria del orden minifundista, oculta arcillas y tejares. Aquel día de diciembre, el pintor ceramista confesó que el primer polvo que buscó en la isla para sus terracotas fue arcilla de su pueblo, de las tierras de la familia de Son Menu. "Por fetichismo", decía.

07 Navegar y pescar en Sicilia

20 de agosto de 2004.

"Acabo de bajar buceando hasta casi treinta metros de profundidad. Con botellas, nadando cerca de los acantilados formados por las cortinas de lava volcánica que caen hasta el fondo. Es muy azul, en contraste con los negros y amarillos del azufre; en algunos puntos hay emanaciones de vapores del magma y ebullición. Es un paraje impactante con la luz que se filtra y lo tenebroso que sobreviene". El pintor Barceló hablaba así, en agosto del año pasado, desde alta mar, en ruta por las islas Salina, Lipari, Vulcano, Panarea, Stromboli… "Recogí muestras de lava negra y azufrosa". La cerámica la melló con fragmentos volcánicos. Los temblores de su pintura y su universo afloran entre metáforas y representación. El mar es soledad, riesgo, tormenta, libertad y sereno silencio de los parajes invisibles y en calma. Desde niño, Barceló ama la aventura en el agua, penetra en sus paisajes sin muros donde los colores se forman o mueren.

El pasado verano, Barceló vivió y pintó durante un mes en el Mediterráneo, a bordo de un velero mercante antiguo restaurado, el Thopaga. "Entre Sicilia y Mallorca, con el curricán, pescamos un atún rojo de 12 kilos. Luchó mucho, y en cubierta lo arreglamos de inmediato para degustar su carne y cocinarla", cuenta. Un atavismo de pescadores -y de los sioux que cazaban búfalos- invita a comerse crudo el corazón palpitante de la presa para vivificarse. "Lo partimos en dos, con un machete, y me lo comí entero, crudo, al momento", dice.

Sus orígenes -"muy marineros, muy anfibios y muy agrestes"- afloran en su iconografía. Su tendencia nómada le sirve para descubrirse y reconocerse, viajar, descansar y tomar fuerzas. En Stromboli, el espectáculo de la geología en rebeldía le resultó fascinante. El capitán del barco, Gèrald, anotó en su cuaderno de navegación: "Navegamos casi al pie de la lava, observando las constantes erupciones del cráter a 930 metros, con piedras rebotando hasta el agua. De noche nos acercamos para ver la lluvia de fuego del volcán".

Barceló dispuso su estudio-camarote en cubierta del austero Thopaga, en la boca de la bodega abierta. La nave de madera, de 1924, semeja un cuchillo que abre el mar impulsado por el viento que recogen sus 1.000 metros cuadrados de vela.

"El mar tiene ritmo, y navegar así tranquilamente, a vela, es fantástico. En el barco leo, y también dibujo y escribo. Pinto, pero no demasiado, porque no se puede esperar que un velero no se balancee, que esté quieto, inmóvil. Observo, pesco y buceo mucho", dice Miquel Barceló. El pintor retrata en telas y papeles la evolución de las olas que caen y se enervan, marinas de rompientes casi realistas. Sus telas de fondos son mosaicos de cientos de pequeñas obras.

En la travesía, el barco recaló este pasado verano en la pequeña isla que habita el arquitecto-diseñador Ettore Sottsass (1917), amigo de Miquel y que tiene en gran estima al pintor y a sus obras. Al cabo de 1.600 millas, la ruta terminó en Portocolom (Mallorca), patria chica del artista, donde su abuelo Toni Artigues, Randa, fue armador. Era la época del contrabando de tabaco, una cultura secreta. Un barco de Randa, como el Thopaga de ahora, cubría en 1930 una línea directa entre Portocolom y Barcelona.

Otro ritual: cinco siglos atrás, su paisano el maestro de la Lonja de Palma y el Castelnouvo de Nápoles, Guillem Sagrera, trasladó -en veleros- piedras de la costa de Portocolom para labrar las esculturas y las murallas de la fortaleza italiana. Barceló hizo este verano el mismo recorrido en barco y se trajo sus cerámicas napolitanas, que están actualmente en la Seu de Mallorca junto a obras de Sagrera, y de Gaudí y Jujol.

08 Contra la carrera del Dakar

París, 18 de enero de 2005.

Meditación de vuelta del país Dogón. "Trabajé y leí en mi casa, en el exterior y además en las cuevas refugio del acantilado. Tuve que parapetarme durante varios días porque hacía un viento arrasador. Quizá era la misma tempestad que entorpeció el Rally Barcelona-Dakar. Esta historia de la carrera ha degenerado en un verdadero desastre; por allí donde pasa deja un rastro catastrófico, y se han dado bastantes atropellos, con heridos graves entre nativos. En esta edición del rally ha salido a la luz el caso de una niña atropellada por los participantes, pero cuentan que han ocurrido accidentes dramáticos como éste en otras ediciones. ¿Por qué no organizan una carrera-regata de pateras hasta París? Hay miles de africanos que cada día quieren migrar hacia al norte. Que los organizadores y patrocinadores compitan en expediciones de barcazas", concluye indignado el pintor.

Crítico siempre con las parafernalias programadas, acciones que dicen benéficas o beaterías salvadoras, el pintor de Felanitx opina que "el evento del Dakar resulta insultante mientras ocurren tantos dramas alrededor". "La huella de la carrera invasora", continúa, "se evidencia en la enorme cantidad de basura, detritus, hierros, ruedas abandonadas… En aquellas tierras, la gente sobrevive porque son expertos en reciclarlo todo y sacan provecho de cualquiera de los restos tirados. Pero es alucinante el despilfarro entre la miseria, el exhibicionismo tecnológico y tanto escándalo en la naturaleza salvaje. Es una afrenta".

"Si se quiere mantener la cita", concluye, "que el rally retorne a sus inicios, en plan aventurero, con solitarios. Que los pilotos se espabilen; sin técnica puntera, sin público ni embalajes publicitarios, sin navegación por satélite. Se causa un impacto negativo con tanta exhibición y la masa de gente que se moviliza. Es una invasión en el desierto seguida por aviones y helicópteros, campamentos de lujo cerca de poblados; contaminando, alzando nubes de polvo descomunales… ¡Baf!".

09 Las caras del cerdo y las anatomías descuartizadas

Ferrutx (Mallorca), 27 de noviembre de 2004.

Al salir el sol, Miquel Barceló, alegre y abrigado, quema las cerdas del cadáver caliente del cerdo negro de 200 kilos que han matado y desangrado a cuchillo, a la mallorquina. De los ritos de su tierra, Barceló cumple con el oficio de subsistencia y bulla íntima que es la matanza de payeses. Cada 20 de noviembre, o en su novena, mata el cerdo y celebra en familia y amigos la costumbre folclórica de consumo. El animal se ha cebado en los campos de su finca de Sa Devesa del tótem de Ferrutx, el antiguo coto real medieval. El rey Jaume II, en el siglo XIV, marcó una diagonal de acceso entre Palma, Sineu y Ferrutx. En una punta de la isla, bajo un torreón, el pintor tiene su casa y taller desde el año 1986.

Barry Flanagan, el escultor galés que reside entre Ibiza y el Reino Unido, uno de los creadores internacionales con los que simpatiza Barceló desde hace años, es uno de los asistentes al rito de la matanza. En la víspera, Barry visitó la catedral de Mallorca, y uno de los testigos narró la emoción que sintió al descubrir la fuerza y la magia del barceló de 300 metros, la gran ola de cerámica que ilustra la liturgia y el milagro de los panes y los peces en la capilla gótica.

El canónigo de la catedral Pere Llabrés -que ofició el funeral del padre del artista, Miquel- y el arquitecto diocesano Sebastián Gamundí acudieron al ritual folclórico-chacinero. En medio del trajín, tres platos para comer al mediodía: frito de sangre con patata y cebollino; hígado de cerdo con salsa, y frito de cerdo con lomo, con ventresca y patatas. Por la noche, otros dos platos soberbios: arroz con aves de caza y setas, y escaldums con albóndigas del cerdo.

Las formas del cerdo aniquilado, su anatomía frontal, se expresan con eco estético en esculturas, terracotas, telas y dibujos en muchos rasgos de tres décadas de pinturas y dibujos hechos por Barceló. Su plástica aborda cuerpos sin tabúes, con cráneos, atributos, rajas y esfínteres explícitos o alusivos, como en el arte clásico.

La celebración culinaria atávica la organiza la mujer del pintor, Cécile, y vigila la madre, Francisca. Los matanceros son camaradas de toda la vida de Miquel Barceló: alguno atiza el fuego o pone las manos en la masa roja de la sobrasada; el poeta Picamosques, el pintor Rafel y la ceramista Margalida usan las agujas y embuten tripas; Miquel Àngel de Àn cuidó del vino, y para los guisos está su amigo Toni, de Sa Sinia. Viejos amigos como el músico Pere Pla y la dibujante Aina charlan y disfrutan del ritual junto a los amigos más recientes: Kees, Paolo, Mercedes, Maria, Nicole… Toni Seu ejerce de joven payés y secretario de la matanza.

El 'stand' de EL PAÍS en Arco mostrará las obras creadas por Barceló para este diario. Arco se celebra del 10 al 14 de este mes en el Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 06 de febrero de 2005.

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50