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Crítica:CRÍTICAS

Una contundente sorpresa

Nada de la, por otra parte, desconocida trayectoria anterior de los jóvenes realizadores Térmens y Torras, firmantes de esta ópera prima; ni siquiera el primero de los tres grandes segmentos en que se divide esta Jóvenes autorizaban a priori a esperar el imparable torrente de sensaciones que, a partir del final del primer tercio del filme, se le viene encima al espectador de esta contundente, ejemplarmente dura película de exordio.

La primera sorpresa tiene que ver con su estructura: una historia que es en realidad tres, pero en la que participan personajes que circulan de uno a otro, haciendo como de provisionales puentes que intercomunican con nuevos personajes.

La segunda sorpresa es el cambio abrupto, más que de registro, de escenarios y personajes que se opera entre la primera parte, en la que un voraz aprendiz de broker (Roger Coma) que no está dispuesto a esperar para labrarse una carrera en la empresa que lo contrata como joven promesa recién salida de la universidad, se dedica, sencillamente, a especular con los dineros de su abuelo, y el resto. Tiene esa primera historia, aparte de un ritmo hábil, poco más: suena un poco a impostura, a estar hablando de lo que no se conoce.

JÓVENES

Directores: Ramon Térmens y Carles Torras. Intérpretes: Roger Coma, Aina Clotet, Pau Roca, Oriol Vila, Jordi Dauder, Vicky Peña. Género: drama. España, 2004. Duración: 105 minutos.

Y sin embargo, las otras dos partes, que transcurren en el arco temporal de una noche de sábado y el domingo siguiente, entre la gran ciudad (Barcelona) y un pueblo de Tarragona, respiran verdad, fuerza, deseos de discurso. Ahí, Térmens y Torras están en terreno conocido: hablan de veinteañeros, de noches locas de alcohol y drogas, del insoportable aburrimiento de un domingo de finales de verano; del absurdo de la muerte rondando entre el tedio. Ahí la cosa se endereza, y cómo: la película gana en credibilidad, firmemente asentada en unos actores jóvenes (atención a Aina Clotet, más que convincente) y en unas situaciones muy bien retratadas.

Pero más allá de aspectos técnicos (ritmo, buen montaje, un guión bien resuelto que capta magníficamente en sus diálogos la vacuidad del lenguaje al uso), lo que importa de esta sorprendente película es su apuesta por una mirada de la condición joven hecha no desde la comodidad de la edad adulta. Es una película hecha como a uno le gustaría que fueran siempre las primeras obras: con ganas, sin remilgos, con talento. Y además, duele como un puñetazo en el hígado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de enero de 2005