Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OPINIÓN DEL LECTOR

Boicots y boicots

El boicot al cava catalán por las desafortunadas afirmaciones de Carod Rovira sobre la candidatura Madrid 2012 ha surtido efecto. Se cuentan por miles las anulaciones de pedidos, por lo que empresarios y políticos catalanes, espantados, han hecho oír su voz. Por ello, Maragall realizó una visita relámpago a Gallardón, y hasta el mismo Carod tuvo que rectificar. Bueno es que los ciudadanos tomemos conciencia de que algo podemos cambiar con nuestras actuaciones, en claro contraste con la cómoda y aburguesada actitud de la democracia pasiva, tan generalizada actualmente. Hemos despertado del letargo, y eso es positivo. Aprovechando las mismas leyes de la oferta y la demanda hemos descubierto que podemos elevar y hacer cumplir nuestras reivindicaciones. Pero las posibilidades que se nos abren no dejan de albergar peligros si dejamos que irresponsables y mezquinos sean quienes abanderen este tipo de iniciativas. Así, si bien podríamos aplicar este tipo de medidas a determinadas superpotencias que se niegan a firmar protocolos encaminados al freno del efecto invernadero, a países con feroces dictadores anuladores de todo derecho y dignidad humana o a determinadas multinacionales que no dudan en explotar rastreramente a trabajadores de países en vías de desarrollo, imaginemos lo que ocurriría con algunos otros boicots nacidos desde intereses no tan loables.

A mí se me ocurren unos cuantos. Aragón podría decidir no comprar juguetes ni turrones valencianos a causa el conflicto del Plan Hidrológico. Valencia podría no apoyar la Expo Zaragoza 2008 por su provocador lema "agua y desarrollo sostenible". Navarra boicotearía los productos vascos a causa de las ansias anexionistas de éstos últimos. León podría dejar de adquirir productos del resto de Castilla reivindicando sus ansias independetistas. Los andaluces no sevillanos -en especial los malagueños- dejarían de comprar los productos de su capital como justa revancha al excesivo protagonismo de ésta. Los españoles no madrileños dejan de adquirir productos de la capital para protestar contra su centralismo. Y los madrileños se abstendrían de comprar todo lo proveniente del resto de las regiones, hartos de que éstas se manifiesten en sus calles. Como en casi todo, queda en manos y en las mentes de cada uno de nosotros discernir las movilizaciones realmente espontáneas de las urdidas desde oscuros intereses de la confrontación buscada. Preguntas: ¿A quién beneficia y perjudica tanta confrontación? ¿En qué grupo de boicots clasificaríamos al del cava catalán? Felices fiestas, y que brindemos tranquilos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de diciembre de 2004