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Editorial:

Nueva vía

Cuando una vía de negociación no funciona, por diversas razones, hay que explorar otras que no signifiquen una renuncia de derechos y mermen un ápice una reivindicación histórica muy justa. En esa línea debe entenderse, y trabajar por que así sea, el acuerdo entre España y el Reino Unido de impulsar un foro a tres bandas sobre Gibraltar en el que participen también las autoridades de la colonia. Es un cambio de estrategia, que sobre el papel no está exento de riesgos -la posibilidad de los gibraltareños de vetar propuestas contrarias a sus intereses-, pero que en la práctica se ciñe a una voluntad de pragmatismo.

En el clima de crispación que vive la política nacional no sorprende que la creación de esta plataforma haya despertado irritación en el principal partido de la oposición. Sin embargo, un litigio que arrastra ya tres siglos de existencia exige de quien más quiere resolverlo (España) fórmulas alternativas para acabar con un anacronismo meridiano como el de Gibraltar, el único caso de colonialismo que se da en Europa. Y, además, tener bien presente que Londres no hará nada sin el consentimiento de los 30.000 habitantes de la Roca.

Lo deseable sería que nadie en España perdiera la visión de que el contencioso debe ser abordado como una cuestión de Estado y que, por tanto, el Gobierno y los partidos se esforzaran para consensuar un plan. De momento, no es posible. La fórmula de cosoberanía propuesta por el anterior Gobierno no cristalizó por discrepancias en los plazos, las exigencias militares británicas y la oposición de los gibraltareños en un referéndum -éste sí un veto efectivo-. ¿Qué hacer: apostar por una línea dura o buscar alternativas de diálogo incorporando a los llanitos? A la luz de los hechos, y después de dos años de suspensión de negociaciones, quizás sea más práctico decantarse por lo segundo siempre que no suponga ceder en la reivindicación de soberanía. El presidente Zapatero afirmó ayer que ese principio es irrenunciable.

Es muy importante que Madrid lo deje siempre muy claro a Londres en este diálogo tripartito de carácter ministerial, que se reunirá una vez al año para abordar problemas de cooperación tales como el uso conjunto del aeropuerto o la solución de las pensiones de los españoles que perdieron el trabajo en el Peñón por el cierre de la Verja hasta su reapertura en 1985. Y en ese nuevo clima, España debe exigir al Reino Unido que acabe con el paraíso fiscal y de contrabando de su colonia, en cumplimiento de las resoluciones comunitarias europeas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de diciembre de 2004