Entrevista:Mohamed el Baradei | Director del Organismo Internacional de la Energía Atómica

"Irán no es una amenaza nuclear inminente"

A sus 62 años, Mohamed el Baradei, abogado experto en derecho internacional nacido en El Cairo, Egipto, aspira a un tercer mandato de cuatro años en el puesto de director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), una organización de las Naciones Unidas, cuando finalice, en diciembre de 2005, su actual periodo. Al frente de esta entidad desde el 1 de diciembre de 1997, nunca vivió una situación tan dramática como la guerra de Irak.

El Baradei solicitó en marzo de 2003, días antes de la invasión norteamericana, más tiempo para terminar sus inspecciones y denunció que un presunto contrato de Irak con Níger para adquirir uranio enriquecido, a fin de fabricar armas nucleares, era falso. Lamenta que la guerra haya servido para verificar que estaba en lo cierto. Ahora propone "una moratoria de armas nucleares" en Oriente Próximo y en todo el mundo, estima que Irán "no representa una amenaza nuclear inminente" y advierte de que, si no se controla más el mercado negro, las empresas podrían llegar a fabricar una "bomba nuclear privada". He aquí el diálogo que mantuvo con EL PAÍS el jueves 9 de diciembre en su despacho, en Viena.

"Hay que pactar una moratoria nuclear global en Oriente Próximo, incluido Israel, y en todo el mundo"
"De momento, el Gobierno iraní no ha bloqueado el acceso de nuestros inspectores a ningún edificio o instalación militar"
"No tenemos información en el sentido de que Al Qaeda posea material nuclear o acceso a fuentes radiactivas"
"Corea del Norte es el país que más ha avanzado en conseguir la capacidad para fabricar armas nucleares. Es el desafío más serio que tenemos"

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"Lo que está pasando con Kofi Annan es una vergüenza. Que en EE UU se haya empezado una campaña contra él me parece increíble"

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Pregunta. ¿Cómo va su particular eje del mal?

Respuesta. No tengo duda de que estamos, por varias razones, ante un creciente desafío en el intento de controlar la proliferación de armas nucleares. Es un desafío que no hemos visto en los últimos veinte o treinta años, después de la firma del Tratado de No Proliferación nuclear. Uno de los motivos más simples es que la tecnología se ha extendido. Nuestra forma tradicional de combatir la proliferación, el control de las exportaciones, ya no es suficiente. Segundo, nos enfrentamos a un peligro diferente. A la proliferación por parte de Estados se une la de grupos extremistas dispuestos a adquirir armas nucleares o como mínimo materiales radiactivos. Tercero, tenemos un número creciente de países que se sienten inseguros y tratan de encontrar los medios para defenderse o practicar la disuasión de sus presuntos agresores. Esto ha ocurrido sobre todo tras la guerra fría, cuando algunos de esos países se sitúan bajo el paraguas de alguna de las dos superpotencias, es decir, bajo su protección. Con la disolución de la Unión Soviética, muchos de esos países están ahora buscando cómo pueden reforzar su seguridad. La sensación de inseguridad, sea genuina o producto de un malentendido, es creciente. Estamos instalados en un cuadro de situación cuya lógica es ésta: si quieres protegerte de manera eficaz, si deseas llegar a ser invencible, debes tratar de unirte a los big boys [chicos grandes], los países que poseen armas nucleares. Y a esto se añade el hecho de que hay ciertas regiones del mundo en las cuales la tensión, lejos de disminuir, continúa en aumento. Y éste es el caso de Oriente Próximo.

P. Los peligros que usted advierte sobre el terrorismo nuclear, ¿se basan en pruebas concretas o se trata de un riesgo potencial?

R. Me refiero únicamente al peligro potencial. Ahora bien, tenemos indicios de que algunos grupos terroristas han querido adquirir material nuclear o fuentes radiactivas. Nuestras bases de datos registran tráfico ilícito. En los últimos diez años ha habido 600 casos. La mayoría de ellos no son serios, es decir, adquisiciones que pudieran ser destinadas a armas nucleares. Pero hemos detectado esa demanda. Si no, sería incomprensible tener 600 casos de gentes que, por ejemplo, han realizado operaciones de contrabando de material nuclear o sustancias radiactivas. Es un hecho, además, que aún carecemos del mejor sistema de protección física del material nuclear. Particularmente en la antigua Unión Soviética, donde se ha pasado de la noche a la mañana de un sistema centralizado de control a la descentralización total. Y hay mucho material descontrolado. Si usted intenta construir una ecuación y pone en un lado la inadecuada protección física y en el otro el interés de los grupos terroristas por adquirir material y conocimiento, lo que sale es preocupante. Se podría fabricar lo que podríamos definir como una bomba cruda. Una bomba que usted puede trasladar, por ejemplo, en una camioneta. Esto no es nada difícil de conseguir. No tratamos de asustar con estas advertencias. En este terreno necesitamos, pues, acciones de prevención. Definitivamente, el riesgo mayor es el de una bomba sucia [el principal tipo de bombas sucias o Mecanismo de Dispersión Radiológico es el que combina un explosivo convencional, como dinamita, con material radiactivo]. Esto no es una bomba nuclear. En términos de muertes, el efecto sería limitado, pero se dispersaría radiactividad en el aire y habría un gran trauma social y económico. La gente quedaría aterrorizada. Es exactamente lo que los grupos extremistas buscan. Éste, pues, sería el escenario más verosímil.

P. Han pasado más de tres años desde el 11-S y muchos militantes de Al Qaeda han sido detenidos. ¿No existe, pues, información alguna sobre posesión de armas nucleares por parte de dicha organización?

R. No tenemos información en el sentido de que la organización terrorista posea material nuclear o acceso a fuentes radiactivas. Si los servicios de inteligencia occidentales tienen ese dato, no lo han compartido con nosotros.

P. El eje del mal, definido por el presidente Bush en 2002, estaba formado por Irak, Irán y Corea del Norte. En Irán, ¿se están reproduciendo escenas que evocan las primeras fases del conflicto con Irak y que perfilan una repetición de la historia?

R. (Largo silencio) Creo que es una situación muy diferente desde la perspectiva del OIEA. Lo que está ocurriendo tiene lugar en Oriente Próximo, una región extremadamente inestable. Hay una percepción de ausencia total de seguridad a largo plazo. Tiene usted la cuestión palestina, la cual arroja sombra sobre toda la región. No hay allí un gobierno que pueda uno definir como totalmente democrático. Hay una sensación de cisma creciente entre la cultura musulmana y la occidental. Es un lío total. Y tenemos que evitar que, en estas situaciones caóticas, algunos países traten de desarrollar armas de destrucción masiva, si no armas nucleares. Y por eso nos preocupa Irán. Sin embargo, es muy diferente de Irak. Supimos, después de la primera guerra del Golfo de 1991, que Irak comenzó a trabajar muy seriamente para hacerse con armas nucleares. Tenía un programa de armas nucleares. Lo que sabemos hasta el momento en el caso de Irán es que intenta desarrollar la tecnología para enriquecer uranio. Y la llave para acceder a un programa de armas nucleares, si decides ir por ese camino, es la tecnología para obtener el material de fisión [materiales compuestos por átomos que pueden escindirse mediante neutrones en una cadena de reacción para generar grandes cantidades de energía], es decir, enriquecer uranio o plutonio. Vemos en Irán que tienen el conocimiento o que están en un proceso avanzado para obtenerlo; hemos visto que están construyendo la planta para convertir la tecnología adquirida en un proceso concreto. La pregunta, ahora, es: ¿van a usar esta capacidad para producir armas nucleares? Ésta es una cuestión de intenciones. No tenemos pruebas concretas de que estén canalizando su programa nuclear hacia la fabricación de armas nucleares. Ahora, si desarrollas la tecnología ya no estás muy lejos del arma nuclear una vez que te decidas a fabricarlo. Irán y otros serían lo que yo llamaría países latentes en materia de armas nucleares. Porque el proceso de obtener armas nucleares para un país que cuenta con una razonable infraestructura industrial podría durar un año. Y esto ocurre en Irán, que se encuentra en una región de gran inseguridad. Tenemos un país en esta región que es Israel, que es un caso aparte. La gente tiene la percepción de que existe un desequilibrio de seguridad en Oriente Próximo porque cree que Israel posee armas nucleares. Tener otro país con un interrogante abierto sobre sus futuras intenciones respecto a las armas nucleares, como Irán, añade sin duda complicaciones para abrir un nuevo camino que garantice la seguridad en la región...

P. ¿Cuál debería ser, entonces, el plan de acción?

R. Nuestra acción debe orientarse claramente a declarar en el contexto de un proceso de paz que la región de Oriente Próximo debe ser una zona libre de todo tipo de armas de destrucción masiva, incluyendo las nucleares. Pero si estamos viendo que cada vez más países obtienen armas nucleares o la tecnología, veo en curso un mayor peligro tanto en Oriente Próximo como en el resto del mundo. Si se continúa diciendo que cada país tiene derecho a desarrollar el ciclo de combustible nuclear [procesamiento del uranio para su uso en la generación de electricidad]

, estamos hablando de que otros diez o veinte países en los próximos diez o veinte años desarrollarán armas nucleares o tendrán capacidad para fabricarlas. La posibilidad de que como mínimo las armas nucleares se usen de modo accidental o por error de cálculo será, pues, más elevada. Irán no es... Irak, en el sentido de que haya admitido, como fue el caso de Irak bajo Sadam Husein, o recientemente Libia, que están desarrollando un programa de armas nucleares. Pero, por otro lado, están mucho más avanzados que probablemente Irak o Libia en la adquisición de la tecnología para obtener uranio enriquecido.

Como he dicho, hay una cuestión de intenciones. Hay países que tienen el know how

, construyen las plantas, pero eso no lleva a la conclusión de que van a fabricar armas nucleares. Es una situación muy problemática. Con la ley en la mano, esos países, como Irán, pueden adquirir esas tecnologías para generar electricidad, y hay naciones que han alcanzado ese estadio hace tiempo. De modo que, ¿cómo le dices a Irán que frene su programa si no hemos alcanzado algún tipo de pacto que sea aplicado de manera global? Ésta es una de las razones por las que insisto: debemos, cara al futuro, limitar este llamado derecho a enriquecer uranio o plutonio a unos pocos centros regionales o multinacionales de modo que ningún país pueda usufructuarlo para sí mismo.

P. Irán está de acuerdo en suspender su tecnología en capacidad concreta para uso nuclear. ¿Esto le tranquiliza?

R. Es muy positivo. Y sigue en un proceso de negociación con Francia, Reino Unido y Alemania sobre temas más amplios, de los cuales el nuclear es muy relevante, que han alimentado la tensión entre Irán y el resto del mundo. El programa nuclear iraní es, para mí, la punta del iceberg. Y hay que abordar las implicaciones económicas y de seguridad. Porque cuando tienes la capacidad en sí misma, que Irán puede haber alcanzado, ya tienes el arma disuasoria. No se necesita desarrollar el arma nuclear. Y debo reconocer que estoy muy feliz porque los europeos se hayan metido de por medio en este diálogo con Irán. Y espero que sea exitoso. No es fácil. El punto más complicado es si Irán está dispuesto a renunciar definitivamente al programa de enriquecimiento de uranio y a qué precio. Mi idea es: ni Irán ni nadie más.

P. ¿Cómo lograrlo?

R. Lo que yo pido ahora es que, como mínimo, deberíamos acordar una moratoria en el número de países que hayan desarrollado el ciclo de combustible nuclear. Tenemos ahora mismo en el mundo suficiente oferta. Cualquier país que quiera abastecerse de fuel, como, por caso, España, no necesita desarrollar su propio proceso de enriquecimiento de uranio o capacidad de reprocesamiento. Tenemos, pues, que garantizar a todos los países seguridad en los abastecimientos. Esto supone no decirle a Irán, de aquí a cinco años, por ejemplo: 'Miren, no nos gusta su régimen político y no le vamos a vender el fuel'. Por eso necesitamos garantías internacionales.

P. La Administración Bush acusó a los inspectores del OIEA de haber sido engañados por Sadam. Usted reveló, días antes de la invasión, en marzo de 2003, que un presunto contrato de Irak con Níger para adquirir uranio enriquecido era una falsedad y que Sadam no tenía capacidad para producir armas nucleares. ¿Su acierto permite abrigar esperanza de evitar que se precipite una guerra preventiva contra Irán?

R. Hay muchas lecciones de la experiencia de Irak. Me siento muy aliviado por el hecho de comprobar que teníamos razón, esto es, de que Irak no poseía capacidad para fabricar armas nucleares. Una lección importante es que debemos dejar que una inspección pueda llegar a su conclusión natural y que no hay que apretar el gatillo de la pistola. Debemos aceptar que pueda haber verificaciones de buena fe. No circunvalar el proceso de inspección. Se trata de agotar todas las posibilidades de resolver el proceso por la vía pacífica o diplomática. Hasta que eso no ocurra, no veo razón para desencadenar una situación en la cual se desemboque en una guerra preventiva para saber si las sospechas eran correctas o no.

P. Usted dijo antes que en Oriente Próximo la gente tiene la percepción de que existe un desequilibrio porque cree que Israel posee armas nucleares, ¿es una mera percepción?

R. Los israelíes mantienen una política de ambigüedad. La gente actúa en el entendimiento de que las tienen. No estoy en condiciones de afirmarlo. Yo, es decir el OIEA, no verifica los programas nucleares en Israel. Lo que sé es que todo el mundo en Oriente Próximo asume como un hecho que tienen armas nucleares o como mínimo capacidad para fabricarlas. Espero algún día poder verificar la situación en Israel, pero dudo de que lo pueda conseguir en el año que me queda del mandato actual.

P. Al analizar la situación de Irán, el consejo del OIEA decidió no elevar informe al Consejo de Seguridad. ¿Irán no representa, pues, una amenaza nuclear inminente?

R. Así es. Irán no representa una amenaza nuclear inminente. Lo que queremos es que Irán no desarrolle armas nucleares. Los países miembros del OIEA, al considerar que se avanza en esa dirección, han dicho que no es necesario pedir el apoyo del Consejo de Seguridad. Los norteamericanos y un par de países más hubieran preferido que el asunto fuera informado al Consejo de Seguridad, pero la mayoría opina que lo mejor es mantenerse en la línea actual. Yo no entro en esa discusión, soy agnóstico en este punto. Me limito a ofrecer los datos. Creo que se ha evitado así dar un giro de confrontación con Irán y favorece alcanzar los objetivos. De momento, el Gobierno iraní no ha bloqueado el acceso de nuestros inspectores a ningún edificio o instalación militar. Hasta 2003, los iraníes intentaron ocultar cosas. Pero ahora la colaboración es buena. Hemos entrado en todos aquellos lugares que solicitamos. Queda pendiente de inspeccionar una gran instalación militar. Espero que muy pronto tengamos acceso a ella, pero no ha habido prohibición o negativa. A diferencia de Irak, la autoridad en Irán está poco centralizada.

P. Si se sigue con el eje del mal, queda Corea del Norte. ¿Cuál es la amenaza procedente de este país?

R. Corea de Norte es, a mi modo de ver, el país que más ha avanzado en conseguir la capacidad para fabricar armas nucleares. No sólo tienen una planta de reprocesamiento que puede separar plutonio sino que tienen el acceso al ciclo de combustible nuclear. Estamos seguros de que Corea del Norte tiene acceso al material de fisión que necesitan para desarrollar armas nucleares. Y está mucho más avanzado que los demás países. Nuestro puente con Corea del Norte está completamente roto desde 2002. El desafío es el más serio que tenemos. El precedente de este país será decisivo.

P. Aparte de los países, existe otro gran problema: el mercado negro de armas nucleares. El descubrimiento de la red del científico paquistaní Abdul Qader Jan tuvo mucha repercusión mediática, pero usted no pudo interrogarle. ¿Cuál es la importancia de este mercado?

R. El Gobierno de Pakistán no nos permitió interrogar a Jan, pero ha facilitado información al OIEA. Es un asunto muy desconcertante. La tecnología nuclear se ha convertido en una mercancía privada. Si esta red hubiera continuado adelante, se habría logrado desarrollar una bomba nuclear privada y un mercado negro para comercializarla. En otros términos: vender equipos y material a algunos grupos extremistas en países donde hay gobiernos sin autoridad para controlar la situación. Éste pudo ser el escenario. Por lo que sabemos, ha sido una operación muy compleja. Treinta compañías en treinta países en todo el mundo, operando durante dos décadas. En la mayoría de los casos, las compañías no conocían que estaban siendo un eslabón de la cadena de un programa nuclear. No tenían ni idea de que sus equipos podían terminar sirviendo para enriquecer uranio en Irán o Libia, dos de sus clientes. Seguimos investigando. Pero le confieso que no tenemos la película completa.

P. Usted está en frecuente contacto con el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, ¿cómo está él? ¿cómo vive usted los ataques contra él en EE UU?

R. No es difícil imaginar cómo sufre esta situación. Lo que está pasando con Kofi Annan es una vergüenza. Que en un país democrático donde se ha establecido una comisión de investigación independiente se haya empezado una campaña contra Annan me parece increíble. Esta comisión la preside una personalidad norteamericana, Paul Volcker, y el mes próximo hará público sus conclusiones. ¿Por qué declarar a Kofi Annan presunto culpable? Si lo que se quiere es conocer la verdad del programa de petróleo por alimentos, habría que esperar antes de condenarle.

P. ¿No será que quizá lo que interese más que el programa y la presunta corrupción en la ONU es la dura crítica de Annan a la guerra ilegal de Irak?

R. Es lo que estaba diciendo...

Mohamed el Baradei, en la sede del Organismo Internacional de la Energía Atómica, en Viena.
Mohamed el Baradei, en la sede del Organismo Internacional de la Energía Atómica, en Viena.REUTERS
Hans Blix, ex jefe de los inspectores de armas de la ONU, junto a El Baradei en 2003.
Hans Blix, ex jefe de los inspectores de armas de la ONU, junto a El Baradei en 2003.AP

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 11 de diciembre de 2004.

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