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Sergio Pitol destaca el enigma y la parodia como claves de su literatura

Pombo, Vila-Matas y Villoro participan en un ciclo sobre el autor de 'El arte de la fuga'

"Todas mis novelas y cada uno de mis relatos giran alrededor de un enigma que los personajes intuyen, entrevén, pero al que no se acercan, quizá por temor", definió ayer Sergio Pitol (Puebla, México, 1933), un trotamundos para quien "la literatura lo ha sido todo". Traductor en Barcelona y Pekín, diplomático en destinos mágicos como Praga o París y escritor en todas partes, Pitol protagoniza desde hoy una Semana de Autor en la Casa de América. Álvaro Pombo, Enrique Vila-Matas y Juan Villoro, entre otros, analizarán la obra del autor de Tríptico del carnaval

A una malaria que lo ató a la cama a los seis años asegura Sergio Pitol que le debe sus primeros viajes: "No podía salir ni ir a la escuela, pero leía, leía de sol a sol. Con Julio Verne conocí el Himalaya, el Amazonas, África, la estratosfera y el centro de la Tierra. Después fueron Stevenson y Dickens... Creo que tuve una infancia maravillosa", afirma el premio Juan Rulfo 1999.

Pitol viste como un dandy (ayer, engamado en azules, grises y verdes) y no deja de sonreír, a pesar de que el frío de Madrid ya le ha jugado una mala pasada ("tengo la garganta a la miseria", se disculpa a poco de comenzar la entrevista, pero no renuncia al pitillo).

El ciclo homenaje que le dedica hasta el jueves la Casa de América, afirma, le tomó por sorpresa: "Cuando recibí la invitación creí que era una broma". Pero no es ése el único asombro de estos tiempos. "Hace poco", cuenta, "descubrí que siempre fui budista sin saberlo". Y enumera su amor por la naturaleza, los animales, el silencio y "el aplastamiento del ego" como rasgos de ese orientalismo natural.

La sed de sorpresas que acompañó sus primeras lecturas ha dejado huellas en la escritura de Pitol, caracterizada por la "gozosa confusión" de los géneros tradicionales. "A veces el género puede ser un corsé y yo veía en la novela una ocasión de libertad", explica. "Disminuir la frontera entre ellos fue una ambición muy temprana en mi literatura". De ese impulso son hijos, por ejemplo, El arte de la fuga y El viaje (ambos en Anagrama), textos en los que ciudades, lecturas, sueños y vagabundeos se unen en una intensa bitácora existencial".

La opción por ese mestizaje, cree Pitol, es hija también de las lecturas: "Herman Broch y su trilogía Los sonámbulos, o las novelas de Thomas Mann como La montaña mágica y sobre todo Doctor Faustus", enumera, son ejemplos de novelas en las que la trama incluye "teoría, ensayo, autobiografía".

Caricaturas del mundo

Amante de la literatura rusa (Chéjov, Gógol y Tólstoi), deudor confeso de Faulkner y de Borges ("son completamente diferentes, pero me fascinar0on por igual: del primero me hechizó la trama; del segundo, la melodía verbal"), Pitol reconoce que sus años de traductor también fueron una escuela de escritura.

"Traduje sólo lo que me gustaba: Gombrowicz, James, Conrad... Además de permitirme vivir y viajar, me enseñó la carpintería de ciertas obras. Pude distinguir simetrías y asimetrías en la trama, aprenderel peso de los personajes secundarios...".

Pasados los 70 años y tras haber releído toda su ficción para la edición de Obra reunida (Alfaguara), Pitol tiene dos conclusiones que no teme compartir: "El protagonista de mis relatos soy siempre yo, y Tólstoi está en todas partes, desde que leí a los 12 años Guerra y paz". ¿Por qué? "No lo sé... Hay en él, en los personajes que crea, algunos momentos de felicidad increíbles. Eso es muy difícil de hallar, un escritor capaz de crear felicidad. Virginia Woolf, en ocasiones... ".

Viajes y libros siempre han ido de la mano para Pitol ("conocer un país siempre fue conocer su literatura"), pero tras 28 años de viajero eligió Jalapa (México) para vivir. "Necesitaba volver", dice, "por el ritmo, por el lenguaje, me urgía recuperar mi música". La literatura latinoamericana goza, a su entender, de buena salud: "Desde hace 10 años ha habido un renacimiento extraordinario", afirma Pitol. Autores como César Aira, Roberto Bolaño, Juan Villoro, Mario Bellatin y Rodrigo Rey Rosa "han venido a cubrir el vacío que vivimos tras el boom", sostiene, con una literatura que se distingue por "el engarce de imaginación y realidad".

¿Está escribiendo? "Sí, siempre de noche". Embarcado en "una novela decimonónica", de la que sólo revela el título, El triunfo de las mujeres, y en la que la parodia, "una vieja compañera", vuelve a reinar. Pitol resume las razones para elegir una vez más ese tono: "A cierta edad, supongo que no puedo dejar de ver el mundo y sus miserias como una caricatura".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 2004