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AL VOLANTE | PRUEBA

Conducción agradable

El Modus es un utilitario pequeño vestido con una práctica carrocería monovolumen. Este diseño permite aprovechar mejor el espacio y facilita el uso diario, pero casi siempre a costa de sacrificar el dinamismo: aumenta el balanceo en las curvas. Sin embargo, Renault ha resuelto bien el problema en este coche, que ofrece unas reacciones ágiles y cómodas, y unas prestaciones superiores a las de otros rivales.

Manejable y sólido

La altura interior permite ir sentado en una posición más alta de lo normal, y, aparte de mejorar el confort, aporta una visión panorámica que se agradece tanto en ciudad como en carretera. Además, la instrumentación, situada en el centro, se ve muy bien y los mandos quedan siempre a mano.

Una de las claves en el buen comportamiento dinámico es la dirección, que, aparte de ofrecer unos ángulos de giro muy buenos para maniobrar, tiene un tacto suave y preciso que da confianza al conductor en todos los trazados: entra en las curvas dócilmente y redondea los virajes sin desequilibrios. Aparte de balancear menos que otros competidores, absorbe bien los baches y ofrece una estabilidad similar a la de un buen utilitario sin penalizar el confort.

El Modus se desenvuelve con mucha agilidad en el tráfico urbano, tiene aplomo en carreteras rápidas y viaja con una soltura y sensación de solidez poco habitual en su tamaño. En cambio, la insonorización es mediocre: se oyen demasiado los ruidos aerodinámicos y el motor no está bien aislado.

Por lo demás, los frenos y el ABS, de serie, responden con potencia y rapidez, incluso si se les solicita al máximo. Y aunque el control de estabilidad ESP es opcional y caro (600 euros), permite hacer viajes largos con seguridad.

Un motor económico y con fuerza

El equilibrio de conjunto se completa con una mecánica brillante. A pesar de su baja cilindrada, el motor 1.5 dCi turbodiésel de 80 CV ofrece un rendimiento muy correcto, en parte también por el buen escalonamiento del cambio de cinco marchas, que tiene las tres primeras velocidades cortas para darle más nervio. Esta combinación es ideal para la ciudad, porque el motor tiene fuerza casi desde el ralentí y permite circular con mucha agilidad sin tener que cambiar a menudo. Además sube de vueltas con rapidez y se estira por encima de 4.000 revoluciones sin problemas, lo que permite llanear con soltura y disfrutar unas prestaciones aceptables para viajar. Aunque es uno de los monovolúmenes de su tamaño con mejores aceleraciones, le falta algo de potencia al adelantar, y, sobre todo, se echa de menos un funcionamiento más silencioso, porque hace más ruido del deseable y llega a cansar en desplazamientos largos.

En contrapartida, los consumos son muy bajos: poco más de cinco litros en conducción tranquila y menos de ocho en ciudad y cuando se apuran las marchas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de octubre de 2004