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PANTALLA INTERNACIONAL

El regreso de Mitterrand

Robert Guédiguian hace una película sobre los últimos años del desaparecido presidente

El presidente François Mitterrand decidió la puesta en escena de su muerte, eligió lugar y hora y, dentro de un escaso margen, incluso la fecha, el 8 de enero de 1996. Fue un hombre preocupado por su imagen que, a finales de los cincuenta, decía de sí mismo: "Si he conseguido ser el hombre más odiado de Francia, también puedo lograr ser el más amado". Una vez muerto, a los 79 años, se publicaron decenas de libros sobre él, varios muy críticos, pero ninguna información, y mucho menos su sucesor, Jacques Chirac, ha logrado que los franceses hayan dejado de pensar que Mitterrand fue el último político de raza que ha dado su país.

Robert Guédiguian, de profesión cineasta social, hasta ahora radicado en Marsella y pintor de un universo de trabajadores en paro, problemas de integración y droga, nostálgico de la utopía comunista, acaba de rodar Le promeneur du Champ-de-Mars, su primera película de encargo -la idea es del productor Frank Le Wita- en la que pone en escena, en París, al presidente ya muy enfermo. El actor que da vida a Mitterrand es el gran Michel Bouquet, de 79 años, formidable actor hoy de teatro, en el papel protagonista de El rey se muere, de Ionesco. Bouquet no se parece a Mitterrand, pero no tiene ninguna dificultad para hacernos creer que es él. "Nunca le voté. Sólo me ha gustado a medida que he ido interpretándole", dice el actor, para quien lo importante "era recrear la que yo imagino su aura. Cuando se interpreta es importante hacerlo de acuerdo con la que crees que es la verdad del personaje".

Para Mazarine Pingeot, la hija ilegítima del presidente francés, Michel Charasse, antiguo ministro, y Roger Hanin, actor y yerno de Mitterrand, hay un elemento nefasto en el proyecto de Guédiguian. Pingeot dice que pidió "leer el guión en cuanto supe que se basaba en ese libro difamatorio y odioso de Georges-Marc Benamou". Hanin y Charasse han exigido que su nombre no aparezca en "una película cuyo guión lo ha escrito ese Benamou que considero un necrófago", afirma indignado el ex ministro.

El director ha suprimido algunos de los pasajes más conflictivos del libro de Benamou y ha reclamado la ayuda de un guionista profesional, Gilles Taurand, colaborador desde hace años de André Techiné. " Me interesaba la relación del personaje con la política, claro, pero también con la muerte", dice Guédiguian. Buena parte de los diálogos proceden de los múltiples testimonios orales, escritos y filmados que existen de los dos últimos años de vida de Mitterrand. Durante ese periodo, Benamou consiguió infiltrarse en el círculo de amigos del presidente de la mano de Pierre Bergé, propietario de la revista Globe -que dirigía Benamou-, propietario también de Yves Saint Laurent, de una importante colección de arte, director de la ópera de París y gran pontífice en el mundillo gay parisino. Posteriormente, Bergé dijo "arrepentirse" de haber abierto puertas a Benamou, pero éste, con su juventud y disponibilidad, se ganó la confianza del presidente, que le habló de lo que quería dejar como recuerdo, de su miedo al dolor, de sus convicciones, de la amistad, de literatura y de la tierra, de su tierra en la Charente, cerca del Atlántico.

La grandeza política de Mitterrand -en buena parte fruto de su paradójica coherencia, hecha de fidelidades sucesivas, a la derecha nacionalista en su juventud, al antigaullismo luego, más tarde a un socialismo de ruptura, para acabar sustituyendo todos esos discursos por una profunda voluntad europeísta- es evocada en la película, aunque siempre en función del retrato humano, de intentar conciliar un perfil de emperador romano con la nostalgia del pequeño propietario rural de provincias. El estreno de Le promeneur du Champ-de-Mars está previsto para el mes de febrero del 2005.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de octubre de 2004