Reportaje:

Los cuerpos del Estrecho son suyos

El funerario Martín Zamora repatría el 80% de los marroquíes que mueren en España gracias a su trabajo con los inmigrantes

Martín Zamora es el que apaga la luz. El que cuando una patera deja un reguero de muerte en el Estrecho, recoge los cadáveres, los acicala, busca a sus familias en Marruecos y les lleva los cuerpos aunque los focos ya no sigan el caso. Martín Zamora es el dueño de la funeraria de Los Barrios, Cádiz, y esta semana enterró a 12 de los últimos 13 cadáveres del naufragio de la patera de Rota, en el que murieron 37 inmigrantes un 25 de octubre de 2003. Ha sido, dice, su trabajo más duro.

Un fin de semana de 1999 Martín Zamora recibe una llamada. Una patera con 16 inmigrantes a bordo ha naufragado. Su funeraria está de guardia (hoy ya no se hacen guardias) y él se tiene que hacer cargo de los cuerpos. "Pregunté a otros funerarios qué se hacía con los cuerpos. Me dijeron que se esperaba unos días y luego se les enterraba sin nombre", relata Martín Zamora, nacido en Murcia en 1960 y afincado en Los Barrios desde 1998.

"Nadie repatriaba los cadáveres del Estrecho hasta que empezamos a hacerlo casi gratis"

"En la funeraria apareció un marroquí reclamando el cadáver de su cuñado. Me dijo que los inmigrantes eran de la zona de Beni Mellal. Le pedí que me diera su teléfono y una forma de contacto", narra Zamora. El tanatopractor (ése es su oficio) Fuma sin parar, tiene una figura generosa, un reloj de marca y un pelo rebelde moreno y canoso a la vez.

Con el contacto en la zona y el permiso del juez, Zamora organizó una excursión al centro de Marruecos con aire de feria. "Íbamos por los pueblos con los objetos de los muertos. Llamábamos a la comisaría de la zona y montábamos un tenderete en la puerta. Al principio no sacamos nada porque la gente no se fiaba y no nos hablaba, pero fuimos dejando tarjetas con el teléfono y poco a poco nos fueron llamando los familiares. Estuvimos más de 20 días por Marruecos, pero al final repatriamos a la mayoría de los cadáveres".

Cuando regresó, tenía la fama ganada. Los jueces de la zona comenzaron a enviarle todos los cadáveres del Estrecho. El precio de la repatriación oscila entre los 2.500 y los 3.000 euros. "Hemos repatriado a muchos inmigrantes por menos, porque ves a las familias destrozadas y sin dinero y no puede evitarlo. Al principio casi quebramos", relata Martín, que no había estado en Marruecos hasta las primeras repatriaciones.

Ahora la cosa ha cambiado. Martín se casó con una marroquí en uno de los viajes, se convirtió al islam y en la funeraria casi todo el personal habla árabe. De los muertos en el Estrecho consigue localizar a casi todos los familiares. La voz se ha corrido y cuando hay una desgracia los marroquíes le llaman a él directamente. Cuatro veces le han llamado directamente desde la patera cuando tenían un problema en la navegación. Del naufragio de rota repatrió a 24 de los 37 cadáveres; 12 han sido enterrados sin nombre y uno espera nuevas pruebas de identificación.

De sus primeros trabajos casi sin cobrar ha pasado a acuerdos con las principales compañías de seguros y el suyo es un negocio prospero. Zamora repatría 400 marroquíes al año entre ilegales y legales, lo que supone un 80% de los marroquíes que son repatriados y tienen un chófer en Tánger. "Vivimos de los marroquíes. Los Barrios es un pueblo joven donde hay uno o dos velatorios al mes, lo que no nos cubre ni el recibo de la luz". Zamora resume su papel: "Cuando das acabas recibiendo. Nosotros dimos al principio cuando repatriamos gratis y ahora gracias a eso hemos recibido mucho. Ahora nos llama desde el jeque que muere en Marbella al ilegal de torre Pacheco".

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