Román Gubern reflexiona sobre las imágenes heterodoxas

La exhibición en la Tate Gallery de Liverpool de una escultura de madera que representaba a la Virgen María con el rostro de la princesa Diana de Gales, obra del italiano Luiggi Baggi, provocó hace cinco años un sonado escándalo. Éste es sólo un episodio banal de la perplejidad que ejercen ciertas osadías iconográficas en algunas personas partidarias de la tradición. El catedrático de comunicación audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona, Román Gubern, reflexiona en su último ensayo, Patologías de la imagen (Anagrama), sobre el concepto y los contornos de las imágenes beligerantes u ofensivas. "En el libro hablo de la imagen como un espacio de confrontación, conflicto o agresión. Me intereso por aquellas imágenes que son juzgadas polémicas, incómodas o heterodoxas. Este análisis repasa distintos territorios iconográficos, como el del cristianismo o el de los regímenes totalitarios del pasado siglo", explica el autor de Máscaras de la ficción.

Los poderes mágicos atribuidos a los ídolos por los devotos de las religiones animistas, el uso militante de las imágenes en la estética de los sistemas antidemocráticos, la turbación causada por el fetichismo y la carnalidad de algunas representaciones eróticas, el sensacionalismo violento de los videojuegos o las consecuencias conceptuales de las falsificaciones son sólo algunos de los temas tratados por Gubern en su obra, pertinentemente ilustrada.

Pornografía

En su exhaustivo repaso, que cubre épocas dispares -desde la prehistoria a la posmodernidad-, el catedrático no deja de lado aspectos aparentemente frívolos como la obsesión genital en el mundo de la pornografía: "El cine porno es un género documental fisiológico sobre la felación, el cunnilingus, el coito, la sodomización y la eyaculación. Desde hace 20 años, el cine comercial ha vivido una contaminación de la cultura hardcore. Antes, en el cine comercial había vida sin sexo y en el cine porno, sexo sin vida. Ahora se está produciendo una aproximación entre ambos".

"Las imágenes no son inocentes, no son espejos. En realidad, son sólo puntos de vista, tanto ópticos, como morales e ideológicos. Las imágenes o bien reflejan la realidad social o plasman los deseos, las aspiraciones o los sueños de sus autores. No existe un único imaginario colectivo. Uno de los que más triunfan últimamente es el de la televisión excremental", dice el ensayista. Y añade: "Las controversias provocadas por las imágenes siguen vivas en la actualidad".

Aparte de las disquisiciones teóricas, Patologías de la imagen ofrece una amena enumeración de anécdotas y curiosidades históricas fruto de una exhaustiva documentación.

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