Reportaje:

La fortaleza expoliada

Cultura estudia por primera vez la expropiación del Castillo de Vélez Blanco tras un siglo de abandono por sus dueños

El año pasado se cumplían 100 años de un expolio que supuso uno de los capítulos más tristes para el patrimonio cultural de España y que tuvo como desdichado protagonista al Castillo de Vélez Blanco (Almería).

Esta joya del Renacimiento español edificada por los marqueses de los Vélez en las primeras décadas del siglo XVI sufrió, durante 1903 y 1904, un despojo sin precedentes. Su flamante patio renacentista fue vendido, pieza a pieza, a un anticuario francés por el entonces dueño del castillo, José Álvarez de Toledo; al igual que sus tapices, su mobiliario, sus esculturas, sus frisos en madera con los Ciclos de Hércules y los Triunfos de Julio César.

Si uno visita el imponente fortín que se recorta en el horizonte sobre el pueblo de Vélez Blanco comprueba, una vez dentro, que es una suerte de cascarón majestuoso pero hueco por dentro, sin ningún valor artístico en su interior. Quien quiera ver su patio renacentista no tendrá más remedio que cruzar el Atlántico y visitar el Museo Metropolitano de Nueva York. Si la curiosidad radica en ver los bajorrelieves de madera, el viaje tendrá que ser al Museo de Artes Decorativas de París. Un coleccionista mexicano tiene la puerta de bronce que daba paso al castillo. Quienes simplemente quieran ver de cerca armas y pertrechos sólo tienen que coger el coche y visitar el Museo del Ejército de Madrid.

El actual propietario pide 3,6 millones de euros por la venta del monumento

A pesar de ser de titularidad privada, ya en la segunda mitad del siglo XX la Administración estatal y después la autonómica realizaron inversiones millonarias para su mantenimiento sin que el actual propietario, Salvador Ferrándiz Álvarez de Toledo, pusiera una sola peseta. A mediados de los años sesenta se hizo la primera intervención por valor de 500.000 pesetas: el camino de acceso y el desescombro. En los setenta el Ministerio de Cultura construyó la rampa de acceso. A principios de los ochenta se hicieron unas forjadas en su interior y, ya con el traspaso a la Junta de Andalucía, el Gobierno andaluz ha invertido casi tres millones de euros en proyectos consecutivos que han dado a la fortaleza su aspecto actual: consolidación de la torre del homenaje, construcción de cubiertas, recuperación de los salones y parte del mirador. "Salvador Ferrándiz no se ha gastado ni un solo euro y ha tenido una despreocupación total y absoluta con el castillo que vendió su abuelo a trozos", explica el portavoz del Colectivo en Defensa del Castillo de Vélez Blanco, José Domingo Lentisco.

La sorpresa surgió días atrás cuando, por vez primera, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía reconoció, por boca de su director general de Bienes Culturales, Jesús Romero, que estudia la posibilidad de iniciar el proceso de expropiación del Castillo de Vélez Blanco. Romero comprobó en su visita a Almería "el estado de cierto abandono" que padece la fortaleza por parte de la propiedad privada. "La ley marca que la responsabilidad de la conservación responde a la propiedad y la propiedad no está actuando. Vimos cómo las cubiertas de las distintas salas, que son de material de plomo, se encuentran en este momento completamente levantadas algunas de ellas, con lo que supone de filtración", explicó Romero.

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La Delegación Provincial de Cultura enviará un escrito a Salvador Ferrándiz Álvarez de Toledo para que proceda de inmediato a esas reparaciones. "La Junta está totalmente legitimada incluso para iniciar un proceso de expropiación del castillo. Es algo que en este momento se está estudiando muy seriamente puesto que creemos que ha llegado el momento para un monumento de primerísimo orden en un ranking nacional y europeo", remachó Romero.

El próximo 1 de octubre se celebrará una reunión entre el propietario, miembros del Ayuntamiento de Vélez Blanco y varios observadores de la Delegación de Cultura para tratar de llegar a un acuerdo de compra. Las pretensiones del dueño, que al parecer no bajan de los 3,6 millones de euros, hacen impensable el pacto de compra de un monumento que todavía tiene pendientes obras muy costosas: construcción de una réplica del patio y salones, salas expositivas, centro de interpretación e infraestructura básica como calefacción, agua y electricidad.

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