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¿Tocando fondos?

El déficit comercial estadounidense ha batido este verano un nuevo récord histórico, casi 56.000 millones de dólares en junio. Lo que se traduce en unas elevadas necesidades de financiación externa por parte de la economía estadounidense y lo que explica el seguimiento que los mercados financieros están haciendo de los flujos de fondos. Una situación en la que no sólo importa la cantidad de fondos que se reciben, sino también su calidad.

En este sentido, hay que destacar dos hechos de la composición de las entradas de fondos en EE UU. En primer lugar, aumentan las adquisiciones de activos por parte de inversores oficiales, especialmente sus compras de bonos del Tesoro. Desde 1996, las compras de activos por parte de estos inversores fueron cada año menores, de manera que su participación en el total de los flujos que recibía esta economía cayó del 27% a apenas un 3% en 2001. Desde entonces el ritmo de adquisiciones se ha multiplicado, recuperando en sólo dos años el camino perdido. Hoy vuelven a ser los inversores oficiales los que adquieren un tercio del total de los activos estadounidenses en el exterior.

Una reactivación de la inversión directa hacia EE UU revelaría una mayor confianza en las perspectivas a medio plazo de esa economía

Pero conviene prestar atención a un segundo elemento que se observa al analizar la composición de los flujos de fondos que llegan a EE UU y que tiene que ver con el cambio en el tipo de activos que demandan los inversores privados. Lo que se conoce como inversión directa, esto es, las participaciones o fusiones de empresas, han perdido el protagonismo que tuvieron en la segunda mitad de los años noventa. Durante ese periodo, los inversores privados fueron vendedores de bonos del Tesoro norteamericano, un activo cuya demanda ha aumentado en los dos últimos años, a la vez que EE UU incurría en un creciente déficit público. Este cambio es muy relevante. No hay que olvidar que los flujos de inversión directa suelen ser más estables, ya que están ligados a unas perspectivas macroeconómicas favorables en el medio plazo. En la situación actual, a pesar de la recuperación cíclica de la economía norteamericana, no hay indicios de reactivación de este tipo de operaciones. Dicha reactivación sería un indicio de confianza en la sostenibilidad del modelo de crecimiento estadounidense, eliminaría algunas incertidumbres en los mercados y, en particular, sería un soporte para el dólar.

Mayte Ledo es economista jefe de escenarios financieros en el Servicio de Estudios del BBVA.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0004, 04 de septiembre de 2004.