Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La policía rusa mantiene abiertas todas las hipótesis sobre la caída de dos aviones

Negligencia o atentado, posibles causas de un doble siniestro en el que murieron 89 personas

La versión oficial principal sobre las dos tragedias aéreas ocurridas en Rusia la noche del martes, en las que perecieron los 89 pasajeros y tripulantes -y no 94 como se informó en un principio- apunta a negligencia en el mantenimiento de los aviones. Serguéi Ignatenko, portavoz del Servicio Federal de Seguridad (antiguo KGB), afirmó ayer que en el lugar donde cayeron los restos de los aviones no se han encontrado evidencias de que hubiera explosiones a bordo, ni de que las naves cayeran a causa de un atentado. Sin embargo, como han advertido los responsables de las investigaciones, todas las hipótesis permanecen abiertas y muchos observadores hacen notar una serie de coincidencias que apuntan a la posibilidad de atentados.

Entre las coincidencias cabe destacar que, tanto el Tupólev-134 que volaba de Moscú a Volgogrado, como el Tupólev-154 que iba de la capital a Sochi, despegaron de un mismo aeropuerto, Domodédovo, y que se precipitaron a tierra con sólo tres minutos de diferencia.

Los expertos coinciden en que es sumamente improbable que sucedan dos accidentes aéreos con tan poca diferencia de tiempo sin que los siniestros estén relacionados entre sí. Si los presuntos terroristas lograron poner bombas en los aviones, pudieron haberlas preparado para que estallaran a una misma hora. A esto hay que agregar que, según la compañía aérea Sibir, dueña del Tu-154, la torre de control recibió una señal de alarma, poco antes de que el avión se estrellara, indicando que había sido secuestrado. Sin embargo, los responsables de seguridad afirman no tener ninguna prueba de que a bordo hubiera piratas aéreos y otras fuentes dicen que la señal era un SOS, es decir, que los pilotos podían estar informando de un fallo técnico a bordo.

A favor de la versión de presuntos atentados también habla la circunstancia de que algunos testigos aseguran haber visto u oído explosiones antes de que los aviones se precipitaran a tierra, aunque las declaraciones de ese tipo -que por lo demás, siempre surgen cuando ocurre un accidente aéreo en Rusia- resultan poco fiables.

Los partidarios de la pista chechena recuerdan que los guerrilleros siempre tratan de desestabilizar la situación en vísperas de elecciones. Y este domingo se celebrarán comicios extraordinarios para elegir presidente del régimen prorruso de Chechenia. El anterior líder promoscovita, Ajmad Kadírov, murió en un atentado con bomba en mayo pasado durante los festejos en Grozni, la capital chechena, del aniversario de la victoria de la antigua URSS sobre la Alemania nazi. Resulta sospechoso, por otra parte, que varios pasajeros no se embarcaran en el avión que volaba a Sochi, una ciudad a orillas del mar Negro, por lo que el vuelo se retrasó un poco. Ahora los servicios secretos estarían interrogando a esos afortunados.

Aún así, Ahmed Zakáyev, considerado el ministro de Información del Gobierno separatista checheno, refugiado en Reino Unido, afirmó ayer que la guerrilla separatista chechena y, en concreto, su líder, Aslán Masjádov, no tienen nada que ver con los siniestros.

Las labores de rescate en la provincia de Tula, donde se estrelló el Tu-134 de la compañía Volga-Aviaexpress que volaba a Volgogrado, concluyeron ayer después de ser hallados los cuerpos de todos los que iban a bordo: 35 pasajeros y ocho tripulantes. En la provincia de Rostov, en cambio, los socorristas continúan buscando cuerpos y anoche habían recuperado sólo 22 cadáveres de las 46 personas a bordo del Tu-154.

Por la tarde, el fiscal general, Vladímir Ustínov, subrayó que se están estudiando varias versiones sobre lo ocurrido, incluida la de "atentados terroristas, factor humano y fallos técnicos". Las cajas negras ya están siendo descifradas, pero mientras los especialistas no terminen ese trabajo, no se podrá llegar a una conclusión definitiva.

Combustible en mal estado

Si se confirma la versión de que los accidentes se debieron a fallos técnicos, significaría que se comienza a cumplir el pronóstico que periódicamente aparece en los medios rusos: que en cualquier momento los aviones comenzarán a caerse uno tras otro. Estas deficiencias técnicas en la seguridad aérea se debería a que no se reemplazan los aparatos, la mayoría de los aviones son viejos y su mantenimiento deja mucho que desear.

Otra de las hipótesis que barajan los investigadores no excluye que los accidentes del pasado martes por la noche se debieran al uso de combustible de mala calidad. Esta circunstancia explicaría que dos aviones de diferentes modelos, pero que despegaron de un mismo aeropuerto, se hubieran estrellado casi al mismo tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de agosto de 2004