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El Gobierno iraquí ofrece perdón a los rebeldes

El primer ministro anuncia una amnistía que excluye a quien haya matado a soldados de la coalición

El primer ministro iraquí, Ayad Alaui, anunció ayer una amnistía para los delitos menores, pero de la que no se beneficiarán quienes hayan matado a soldados de la coalición. Alaui lanzó además un mensaje de apoyo al clérigo radical chií Múqtada al Sáder, al que desvinculó de los ataques que consideró "se producen en su nombre" y a quien animó a participar en los comicios previstos para 2005. Mientras, intensos combates entre tropas de la Fuerza Multilateral y milicianos leales a Al Sáder se reprodujeron por tercer día consecutivo en Nayaf y en el populoso barrio bagdadí de Ciudad Sáder. Bagdad decidió ayer clausurar durante un mes la oficina en Bagdad de la cadena de televisión árabe Al Yazira.

Los combates más cruentos de los últimos cuatro meses en Irak continuaron ayer en Nayaf, donde han muerto cientos de hombres del Ejército del Mahdi, la milicia del clérigo radical Múqtada al Sáder, al tiempo que el primer ministro iraquí, Ayad Alaui, anunció una amnistía para quienes posean armas o explosivos, aunque se excluye a los que hayan matado a soldados de las fuerzas de la coalición.

Por tercera jornada consecutiva, los rebeldes se enfrentaron con lanzagranadas, fusiles ametralladoras y armas ligeras a los marines de EE UU en la primera ciudad santa del chiísmo. Pero no sólo en Nayaf. En el populoso barrio de Ciudad Sáder, en Bagdad, decenas de insurgentes han perecido en la batalla con las tropas norteamericanas. El Ministerio de Salud iraquí informó ayer de que al menos 49 personas murieron entre la mañana del viernes y la del sábado en diferentes ciudades del país, sin contar las víctimas de Nayaf. Al mismo tiempo que el Ejército del Mahdi recibe otro duro castigo, el primer ministro, Alaui, lanzó un guiño a Al Sáder, al que animó a participar en las elecciones previstas para enero de 2005. Alaui rechazó declarar el estado de emergencia, y sugirió su disposición a reincorporar a la Administración y al Ejército a los miembros del disuelto Partido Baaz que no se hayan implicado en la resistencia.

La batalla de Nayaf se reanudó a primera hora de la mañana de ayer. No trascendieron datos de víctimas mortales, pero la refriega fue intensa hasta el mediodía, en los alrededores del mausoleo de Alí, fundador del chiísmo. Los comercios permanecieron cerrados y en las calles estaban casi solos los rebeldes leales a Al Sáder. En el enorme barrio bagdadí de Ciudad Sáder, una docena de carros de combate norteamericanos se enfrentaron a los insurgentes chiíes. Tampoco se facilitaron cifras de bajas, ni de heridos.

Sin información

Incluso Alaui declinó ayer contestar a las preguntas sobre la cifra de muertos en Nayaf. Alegó no disponer de información. Sí informó el mando militar estadounidense sobre la muerte de un soldado en Bagdad, cuando su patrulla fue atacada con lanzagranadas. Son ya 687 los uniformados estadounidenses que han fallecido en combate desde que comenzó la invasión de Irak, el 20 de marzo de 2003. Y también en Bagdad, a primera hora de la mañana, los insurgentes lanzaron cuatro proyectiles de mortero contra hoteles del centro de la ciudad y contra la denominada zona verde, donde se encuentran edificios del Gobierno y las Embajadas de EE UU y Reino Unido. Nadie murió ni resultó con heridas graves. Anoche, tuvo lugar otro ataque contra la zona verde.

El jefe del Gobierno interino trató ayer por todos los medios de calmar los ánimos de los grupos rebeldes ante la Conferencia Nacional que comenzará el día 15 para elegir una Asamblea de 100 miembros que controlará al Gobierno de Alaui. La amnistía anunciada se acomoda a las exigencias expresadas días atrás por el nuevo embajador norteamericano, John Negroponte. El primer ministro aseguró que la medida de gracia beneficiará a quienes hayan cometido delitos menores, como la posesión de armas y explosivos o la tentativa de participar en los ataques, quedando excluidos aquellos que hayan matado a soldados de la coalición, los autores de actos terroristas, saqueadores y violadores. "La amnistía no es para las personas que han cometido crímenes, quienes han matado. Esta gente será llevada ante la justicia", enfatizó Alaui. Tienen los beneficiarios 30 días para presentarse y entregar sus armas.

El Ejecutivo intentó defender a Al Sáder: "He recibido mensajes positivos de Múqtada al Sáder. Por eso no creemos que las personas que están cometiendo crímenes en Nayaf sean de los suyos. Creemos que hay gente que está utilizando su nombre. Invitamos a Al Sáder a participar en las elecciones del año próximo... El proceso político está abierto a todo el mundo, todo el mundo que se someta al imperio de la ley". Alaui aseguró que la inmensa mayoría de los 1.200 detenidos anteayer en Nayaf son delincuentes liberados por Sadam y extranjeros.

"La orden ha sido establecida para permitir que nuestros ciudadanos se reincorporen a la sociedad civil y participen en la reconstrucción de su país y la mejora de sus vidas, en vez de echar a perder sus vidas por una causa perdida", destacó. Alaui seguramente aludía a los rebeldes chiíes, pero también a los baazistas que fueron expulsados de la Administración y de los Cuerpos de Seguridad, algo a lo que siempre se opuso el jefe del Gobierno interino. La amnistía ha sufrido un parto difícil. Pocos días después de tomar posesión, el 28 de junio, el Gobierno expresó su intención de decretar una amnistía. Ante la falta de precisión inicial, Negroponte mostró su rechazo a que la medida se aplicara a los insurgentes que han matado a soldados de la coalición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 2004