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Editorial:

Talante regional

José Luis Rodríguez Zapatero ha transmitido buen talante a las comunidades autónomas. De momento no le ha ido mal a juzgar por el espíritu imperante en la ronda individual con los 17 presidentes regionales que acaba de terminar. Naturalmente, las buenas palabras y la escenografía de estos contactos deberán tener mayor concreción. Para hacer posible el espíritu que predica el presidente de una "España plural, diversa y cohesionada" habrá que abandonar egoísmos e insolidaridades.

Resulta muy importante que Juan José Ibarretxe haya anunciado que participará en la conferencia de presidentes autonómicos. Y más todavía, que el lehendakari se haya comprometido a negociar un proyecto común de Estado, aunque sin renunciar a su plan soberanista, que quiere someter al voto del Parlamento vasco entre diciembre y febrero. También es destacable que acepte colaborar en el proyecto de reformas constitucionales y estatutarias propuesto por Zapatero. Este proyecto ha encontrado el apoyo de todos los presidentes, independientemente de su filiación política, si bien es cierto que las reformas constitucionales (Senado, sucesión al trono, referencia a la UE y nominación de las comunidades autónomas) pueden ser relativamente menos conflictivas que lo que concierne a los estatutos de autonomía, cuyos cambios tendrán que arrancar desde los propios Parlamentos regionales sin que rebasen los límites de la Constitución.

La idea de descentralizar órganos estatales es positiva. Ha sido bien acogida, así como la incorporación de los presidentes autonómicos a determinados viajes del jefe del Gobierno central y la oferta de que las autonomías tengan representación en algunos Consejos de Ministros de la UE. Existen ya acuerdos concretos, como el de trasladar la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones a Barcelona, que, sin embargo, ha encontrado fuerte resistencia entre sus empleados.

Zapatero tendrá que acometer la reforma de la financiación autonómica, en particular de la sanidad, para lo cual la presidenta de Madrid le ha propuesto un pacto nacional. La petición de más dinero en inversiones estatales y menos discriminación solicitado por las comunidades menos ricas no será fácil de lograr si no hay una mayor solidaridad. Lo difícil está aún por llegar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de julio de 2004