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Necrológica:

Frederick Cheney LaRue, implicado en el 'caso Watergate'

Frederick Cheney LaRue, el colaborador de Nixon en la Casa Blanca que pagó más de 300.000 dólares en sobornos a los conspiradores de Watergate, murió de una enfermedad coronaria en el motel de Biloxi, Misisipí, en el que vivía. Tenía 75 años.

Considerado como uno de los hombres más misteriosos de la Administración de Nixon, LaRue sirvió de ayudante presidencial sin puesto reconocido, sueldo, ni mención en el directorio de la Casa Blanca. Sin embargo, estaba tan próximo al centro del poder que fue uno de los pocos que estuvieron presentes en una reunión del 30 de marzo de 1972 en la residencia veraniega de Nixon en Key Biscayne, Florida, en la que el antiguo fiscal general John Mitchell habló de la planeada implantación de micrófonos ocultos en las oficinas centrales del Comité Nacional del Partido Demócrata en el edificio Watergate.

El dinero para la operación provino de los fondos para la campaña de reelección de Nixon, como también los sobornos pagados a los hombres que se introdujeron en Watergate y sus abogados, según testificó LaRue al comité investigador del Senado. Fue el primer empleado de la Administración en declararse culpable en el caso Watergate y fue el último en ser sentenciado. Se declaró culpable de un cargo de conspiración para obstruir a la justicia y recibió una sentencia de uno a tres años, de la que se suspendía todo menos seis meses. Cumplió 136 días.

LaRue llegó a Washington en 1969 como ayudante político de experiencia y fue descrito en un retrato de The Washington Post de 1972 como un hombre que bizqueaba y mascullaba las palabras, "un personaje de Faulkner, un hombre de aspecto insignificante que buscó febrilmente el anonimato en toda su etapa de trapicheos". Se le consideraba el enlace entre Mitchell y el senador James Eastland, de Misisipí, que pertenecía al Comité Judicial del Senado y que apoyaba los nombramientos judiciales de Nixon. El papel de LaRue durante la campaña de elección de Nixon de 1968 fue la de cortejar el voto sureño para el Partido Republicano y alejarlo del candidato independiente George Wallace.

Nacido en Athens, Tejas, LaRue se licenció en Geología en la Universidad de Oklahoma en 1951. Su padre, Ike Parsons LaRue, fue a la cárcel por delitos relacionados con la legislación bancaria, y cuando fue puesto en libertad se hizo rico con el negocio del petróleo y el gas natural. El hijo vendió uno de sus campos de petróleo de Misisipí por unos 30 millones de dólares en 1957, utilizando la nueva riqueza de su familia para invertir en la política. Ese mismo año, LaRue mató a su padre de un disparo en un accidente de caza de patos en Canadá.

Perteneció al Comité Nacional Republicano desde 1963 a 1968. Hizo donaciones para la campaña presidencial de Barry Goldwater en 1964 y fue uno de los primeros donantes para la campaña de Nixon de 1968. Cercano a Mitchell, cuando el fiscal general dimitió en 1972 para dirigir el comité para la campaña de reelección del presidente, LaRue se fue con él. LaRue y otro ayudante, Robert Mardian, quedaron a cargo de la maniobra de encubrimiento de Watergate, supervisando la destrucción de documentos y registros financieros.

Hugh W. Sloan Jr, antiguo tesorero del Comité de Finanzas CREEP, dijo bajo juramento que LaRue y el vicedirector de la campaña, Jeb Stuart Magruder, le dijeron que quizá tendría que cometer perjurio para proteger la conspiración de Watergate. Intentaron que testificara que le había dado a Gordon Liddy, uno de los que se habían introducido en Watergate, menos de lo que mostraban los registros financieros de la campaña. Después de que LaRue se declarase culpable y cumpliera su condena en 1973, volvió a Misisipí, donde trabajó en el negocio familiar del petróleo y la propiedad inmobiliaria.

Fue una de las muchas figuras de la era Nixon de las que se rumoreó a largo de los años que era Garganta Profunda, la fuente secreta de los reporteros de The Washington Post Bob Woodward y Carl Bernstein. LaRue lo negó, y Woodward dijo que no revelaría el nombre de su fuente hasta que ésta no muriera.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de julio de 2004