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Reportaje:

Una calle para un viejo falsificador

Parla rinde homenaje a Domingo Malagón, el comunista que facilitó documentos ficticios a luchadores antifranquistas

Hubo una época en la que Domingo Malagón, que hoy cuenta 88 años, fue considerado por la policía un hábil delincuente, un experto falsificador que, desde el exilio, reproducía con material muy rudimentario cientos de documentos de identidad, pasaportes y salvoconductos para los colaboradores comunistas tras la Guerra Civil española. Jamás cometió el más mínimo fallo. Ninguna de las personas que, entre 1941 y 1977, utilizaron sus papeles falsos fue descubierta por la policía. Durante todo ese tiempo, Domingo permaneció en la clandestinidad: tan sólo Santiago Carrillo y dos dirigentes más del PCE conocían su identidad. Trabajó sin descanso y sin cobrar durante más de 30 años.

Sus prodigiosas manos -su carrera como pintor se vio frustrada por su dedicación a la política- se servían de pinceles, tinta china y lupa para hacer las falsificaciones. Imitaba a la perfección la letra de imprenta. Para los tampones, Domingo utilizaba gomas y hojas de afeitar.

Su nombre ha pasado de ser uno de los secretos mejor guardados de la dictadura franquista a denominar una de las calles del municipio de Parla. El pleno del Ayuntamiento de Parla aprobó (con los votos a favor de PSOE e IU y la abstención del PP) en octubre de 2002 que una de las calles de la localidad se llamase Domingo Malagón.

El homenaje, promovido por la Agrupación Comunista de Parla, ha tardado casi dos años en materializarse. Ayer, por fin, cientos de personas entre amigos, familiares y simpatizantes rodearon a Domingo y a su esposa, Escolástica, Esco, en el momento de descorrer la cortinilla roja que tapaba el nombre de la vía, sita en un barrio nuevo de Parla, junto a la Casa de la Cultura.

Domingo llegó al lugar con pasos lentos y apoyándose en el brazo de su hijo Rafael. Suele cubrir su cabeza con una boina desde que tenía 13 años. Cuando era un niño, Domingo vivía en el asilo de La Paloma, en la Dehesa de la Villa. Las autoridades sanitarias decidieron utilizarle junto a otros 200 chavales como conejillo de Indias con la excusa de que había que acabar con una epidemia de tiña. La sobredosis de radiación les provocó una alopecia crónica de la que nunca se recuperaron. Con 13 años, Domingo llevaba boina por complejo; ayer, para protegerse del fuerte sol que caía sobre Parla, su municipio de residencia desde 1977.

"¡Viva Domingo y viva la República!". Cuando la placa de la calle fue descubierta por el homenajeado, la comitiva rompió en aplausos, las banderas republicanas fueron agitadas y un grupo de simpatizantes rompió a cantar la Internacional: "Arriba parias de la tierra, en pie famélica legión...". Malagón, con el puño en alto, se unió al coro. Los presentes soportaban el sol con abanicos y con periódicos sobre la cabeza colocados en forma de tejado. Al lado de Malagón, su esposa se secaba las lágrimas con un pañuelo de papel sacado de su bolso. Hubo muchos aplausos y muchos gritos de "¡Viva el camarada Malagón!". De momento, el nombre del pendolista luce en un rudimentario azulejo que próximamente será sustituido por una placa oficial.

El acto no duró más de 10 minutos porque más de uno de los asistentes corría peligro de sufrir una insolación: "Vámonos a otro lado, que aquí no se puede aguantar el calor", dijo alguien, y todos se trasladaron entonces a la Casa de la Cultura, donde, ya con aire acondicionado, prosiguió el homenaje. Entre los presentes se encontraban históricos dirigentes del PCE como Armando López Salinas y Víctor Díaz Cardiel; el secretario de Comunicación de IU regional, Luis Cabo; Juan Ramón Sanz, secretario general del PCE de Madrid, y la primera teniente del alcalde de Parla, Rosa María Alcalá. El alcalde de la localidad, Tomás Gómez (PSOE), también se acercó a saludar al octogenario comunista, que expone en la Casa de la Cultura algunas de sus falsificaciones y sus pinturas.

El pasaporte de Grimau

En una mesa flanqueada por la bandera del PCE y la republicana en sendas esquinas, Malagón y su mujer rompieron a llorar cuando él recordó a "los camaradas caídos". "Recuerdo a muchos compañeros que terminaron en prisión...". El octogenario no pudo terminar la frase. El falsificador rememoró entre sollozos "al camarada Julián Grimau", responsable del servicio de pasos de los comunistas y fusilado por antifranquista el 20 de abril de 1963. Malagón le hizo un pasaporte falso con el nombre de Emilio Fernández Gil.

También hubo hueco para la autocrítica sobre las horas bajas que vive el comunismo en España y la debacle de IU en las pasadas elecciones europeas. Malagón zanjó la cuestión con sus palabras: "Mientras haya lucha de clases y explotación del hombre por el hombre, habrá comunistas". La sala rompió en aplausos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de junio de 2004